¿Qué aprendió tu hijo con la crisis?

La recesión enseñó a muchos adolescentes y jóvenes el valor del dinero y del trabajo; como padre puedes reforzar estos conocimientos, impulsándolos a invertir y gastar responsablemente.
joven hijo dinero.jpg  (Foto: Photos to go)
Dan Kadlec

Recientemente, pregunté a mi hija de 20 años de edad qué había aprendido sobre dinero durante la Gran Recesión. Yo esperaba que me respondiera que nada y que quisiera cambiar de tema; después de todo, su mundo sigue siendo seguro porque mamá y papá le pagan todos los gastos universitarios. La única supresión financiera que experimentó (hasta donde yo sé) fue que nos negáramos a comprarle un teléfono nuevo.

Pero Lexie me sorprendió con su respuesta. El recorte de maestros provocó que tuviera menos clases, dijo, así que el semestre pasado no pudo inscribirse a una clase que necesita para titularse. Eso le hizo saber que no estaba tan aislada de los cambios en la economía, y que debía aprender a habituarse a los eventos que ella no podía controlar.

También me contó de sus amigos que no pudieron encontrar trabajo en el verano, aunque el campamento en el que ella trabajó los últimos dos años la contrató de inmediato. Eso le mostró el valor de tener un buen desempeño laboral y crear un currículum.

¿Qué más aprendieron los adolescentes y los adultos jóvenes con la crisis financiera? Se acerca el segundo aniversario de la caída de Lehman Brothers, que marcó el inicio de la crisis, y parece ser un buen momento para plantear la pregunta y contemplar lo que los padres pueden hacer para reforzar la sabiduría que nuestros hijos han obtenido.

La lección: el dinero no es sólo para gastarlo

Mi hija no es la única que resintió los tensos efectos de la economía. El 95% de los estudiantes universitarios encuestados por la Fundación Nacional de Educación Financiera señaló que la crisis afectó su forma de administrar su dinero y las finanzas de su familia.

Como resultado, parecen estar adoptando hábitos financieros más responsables. Desde que comenzó la crisis, más de la mitad de los jóvenes entre 18 y 29 años de edad recortaron sus gastos, una cuarta parte acrecentó sus ahorros, según un sondeo del Pew Research Center. El 58% pretende ahorrar aún más cuando la economía se recupere. Fellowes indicó que más estudiantes universitarios recurren a su sitio para buscar la forma de pagar las tarjetas de crédito y crear un fondo de emergencia. "Los chicos están pensando en cómo crear un colchón económico", dijo.

Cómo los puedes ayudar

Habla de dinero. Los universitarios cuyos padres discuten asuntos económicos con ellos suelen evitar más los gastos impulsivos y no saturan sus balances de crédito, según un estudio del Diario de Psicología Económica. Hablen de presupuestos, ahorros, préstamos e inversión cada vez que puedan.

Crea incentivos. Puedes crear una versión casera de un fondo para el retiro, ofreciéndole a tu hijo igualar cualquier cantidad que él coloque en una cuenta de ahorros a largo plazo. Quizás tengas que igualar su ingreso entero de un trabajo de verano y depositar el dinero en una cuenta de retiro individual para ayudarlo a que comience a ahorrar para su vejez, sugirió Laura Levine, presidenta de JumpStart Coalition, que fomenta la educación financiera entre adolescentes. También puede emplear ese dinero para pagar una maestría o una casa.

La lección: no sólo los viejos deben ser precavidos

La caída de 37% en el precio de las acciones durante los 6 meses posteriores al colapso de Lehman Brothers, junto con la volatilidad que invadió al mercado desde entonces, podría estar volviendo a los jóvenes en personas "anticuadas" cuando de invertir se trata. El 40% de los veinteañeros encuestados por Pew dijeron que se habían vuelto inversionistas más conservadores desde que comenzó la recesión. Lo bueno es que quizás esto significa que no se atiborrarán de acciones tecnológicas como lo hicieron sus padres, y quizás no se dejarán engañar con expectativas poco realistas de los rendimientos de sus acciones o de los bienes raíces.

Pero ser demasiado precavidos tampoco será de ayuda, pues 10,000 dólares invertidos en acciones hace 30 años hoy valdrían 180,000 dólares (aún con la década perdida que recién terminó) en comparación con los 120,000 dólares en bonos gubernamentales y sólo 50,000 dólares en certificados de depósito bancarios.

Cómo los puedes ayudar

Comparte tus historias trágicas. Puedes explicarles cómo te viste afectado durante la crisis, pero que te recuperaste de la mayoría de tus pérdidas gracias a que permaneciste diversificado. Cuéntales historias de otras personas que pudieron retirarse cómodamente con su portafolio de acciones. "Los ejemplos negativos, como los de la gente que sigue luchando porque fue demasiado precavida en su juventud, son incluso más memorables", dijo el profesor Lewis Mandell, de la Universidad de Washington, quien estudia información financiera para adolescentes.  

Comienza con lo familiar. Para que tu hijo se emocione con invertir, anímalo a comprar acciones de una compañía con buenos prospectos y cuyos productos sean de su agrado (como Nike o McDonalds), dijo Vince Shorb, presidente del Consejo Nacional de Educadores Financieros. Enséñalo a encontrar esas acciones buscando dominancia en el mercado y crecimiento proyectado de ganancias. Otra opción es el Monetta Young Investor Fund, que permite un mínimo bajo (100 dólares con inversiones automáticas de 25 dólares o más) y está lleno de nombres conocidos, como Apple, Google y Starbucks. El año pasado, el fondo creció 26%, superando al mercado con 11 puntos porcentuales. Advierte a tu hijo que no puede esperar que el buen desempeño sea eterno.

La lección: administrar tu trabajo es otro trabajo

Con la tasa de desempleo en 25% para los adolescentes y en 15% para los jóvenes entre 20 y 24 años en Estados Unidos, los jóvenes reconocen la dificultad que implica encontrar un buen trabajo, pues su mayor reto es trabajar en un mercado reducido, dijo Joline Godfrey, presidenta ejecutiva de Independent Means, una organización de educación financiera. Pero cada vez más jóvenes se enfrentan al reto, creando experiencia y firmando contratos aún cuando siguen estudiando, tomando pasantías y actividades extracurriculares. 

Cómo los puedes ayudar

Conviértete en el entrenador de su carrera. Convéncelo para que tome una clase para volverse más hábil en economía o para que aprenda mandarín. Las pasantías sí rinden frutos: tres cuartas partes de las compañías recientemente encuestadas por la Asociación Nacional de Universidades y Empleadores dijo que prefieren candidatos laborales con experiencia como pasantes. Incluso puedes convencerlos diciéndoles que tú les pagarás la diferencia del sueldo que ganarán como becarios, con el sueldo que ganarían trabajando de meseros o salvavidas.

Preséntalos a alguien. Los jóvenes tienen más posibilidades de encontrar trabajo por medio de contactos, al igual que todos. Pero no insistas, sólo ofrece tu ayuda invitándolos a acompañarte a una conferencia, donde puedes presentarles a gente que podría convertirse en su empleador. O sugiere a alguna amistad tuya que realice a tu hijo una entrevista informativa.

La lección: tú eres responsable de ti mismo

"La idea de que alguien más se hará cargo de ti se ha desvanecido", dijo Levine, de JumpStart. "En los últimos años, los adolescentes han aceptado cierto nivel de responsabilidad que antes no aceptaban".

Cómo los puedes ayudar

Coloca a tu adolescente en un presupuesto. Da a tu hijo una suma semanal para que pague sus gastos personales, y no lo rescates si se le acaba antes de la siguiente semana. Sugiérele formas para que ahorre más. "Decir ‘no' aumenta la creatividad de los adolescentes", dijo Sharon Lechter, fundadora de payyourfamilyfirst.com.

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Ofrece tu ayuda. Casi una cuarta parte de los adultos menores de 30 años han regresado a casa de sus padres desde que comenzó la recesión. Ofréceles tu ayuda cuando la necesiten, pero no te vuelvas su sostén permanente. Si tu hijo fue despedido, aclárale que esperas que comience a buscar trabajo de forma entusiasta; si está trabajando, Godfrey sugiere que le cobres una renta y coloques ese dinero en una cuenta que después podrás regresarle para que le ayude a costear su propia casa.

Sé un modelo a seguir. La mejor forma de reforzar hábitos financieros sólidos es con el ejemplo. Por eso me negué a comprarle un teléfono celular nuevo a mi hija hasta que cumpliera dos años con el viejo, que funciona perfectamente bien. Y eso es lo mismo que yo hago con el mío.

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