La crisis en EU terminó; el miedo sigue

Pese a las señales de recuperación, los estadounidenses admiten sentir incertidumbre financiera; el desempleo es un factor que contribuye a que las familias gasten menos y ahorren más.
inversión  (Foto: Archivo)
Cybele Weisser

Aunque fueron ampliamente difundidos los efectos de la crisis financiera de Estados Unidos en su economía y empresas, pocas veces se habla de las familias que la padecieron. Los aprendizajes de los estadounidenses respecto a la crisis y al estado actual de sus finanzas pueden ser una referencia para los mexicanos.

A primera vista, la familia Brough de Dallas parece haber salido ilesa de los tumultuosos acontecimientos económicos de los últimos seis años.

La única fuente de ingresos de la familia, Richard, de 44 años, gerente de proyectos de consultoría de software, trabajó constantemente durante la crisis financiera; incluso consiguió un nuevo empleo que paga 45,000 dólares más al año que su antiguo empleo, lo cual ha impulsado su salario cómodamente hacia el territorio de las seis cifras. El valor de la casa que comparte con su esposa Kelley, de 46 años, y dos de sus cuatro hijos (con edades de entre 15 y 27 años) se ha recuperado a los niveles previos a 2007, y así también su fondo para el retiro 401(k).

Sin embargo, cinco años después del fin oficial de la recesión, Brough se siente todo menos confiado acerca de sus finanzas.

“Estoy más obsesionado con la seguridad y con el futuro de lo que estaba durante la recesión”, dice. “A pesar de que ganaba menos entonces, nuestro dinero parecía ir más allá. Estoy preocupado por ser capaz de pagar por todo lo que necesitamos, preocupado por nuestros ahorros, preocupado por mantenernos fuera de las deudas”.

Los resultados de la nueva encuesta nacional de Money realizada a más de 1,000 estadounidenses mayores de 18 años revela que la mayoría de la gente comparte las preocupaciones de Brough: la Gran Recesión puede haber terminado, pero una Gran Inseguridad parece haber surgido a raíz de ella.

Es cierto que la mayoría de los encuestados reconocen que sus finanzas están mejor ahora que lo que habían estado en algún tiempo. Alrededor de tres cuartas partes reconocieron que su situación se ha estabilizado o mejorado en comparación con hace un año; menos de la mitad se sentía así cuando Money planteó esta pregunta en 2009.

De hecho, en esa encuesta anterior, sólo el 10% dijo que estaban ganando mejor que el año anterior, frente a 30% actualmente. Y muchos menos gente sentía que estaba tambaleándose al borde de un abismo financiero: sólo 24% dijo que sus circunstancias empeoraron en el último año, frente a 51% en 2009.

Mientras tanto, las personas son incluso más optimistas sobre el año en curso: Casi nueve de cada 10 esperan que sus finanzas permanezcan igual o mejoren en los 12 meses a partir de ahora.

Sin embargo, aunque las perspectivas para hoy y mañana se hayan iluminado, pasado mañana parece decididamente más grises. Seis de cada 10 encuestados aceptaron estar preocupados por la seguridad económica de su familia a largo plazo, e incluso cifras más grandes registraron ansiedad al referirse a lo específico; realmente están preocupados por tener suficiente dinero para su jubilación.

Además, ese trasfondo de ansiedad se extiende a través de prácticamente todos los grupos: jóvenes y viejos, hombres y mujeres, parejas casadas y solteros, incluso entre los adinerados; todos compartieron las mismas preocupaciones.

Parte de la preocupación puede ser el resultado de una resaca persistente generada por la crisis financiera. “La gente está influenciada por lo que es más reciente y más vívido, y eso sigue siendo la recesión”, dice el experto en finanzas conductuales, Meir Statman, profesor de la Universidad de Santa Clara en California. “Tenemos miedo de que lo que sucedió en 2008 vaya a suceder de nuevo”.

El estado actual de la economía, también es causa de una preocupación constante. “La tasa de desempleo sigue siendo muy alta, y hay muchas preguntas sobre lo que el gobierno va a hacer”, dice Olivia S. Mitchell, una profesora de Economía de Wharton que ha estudiado el impacto de la crisis financiera en los hogares estadounidenses. “Estamos en un entorno de incertidumbre generalizada que no va a desaparecer durante años”.

¿Qué está causando la mayor agitación acerca de nuestro futuro financiero, y por qué? ¿Cómo ha afectado la manera en que manejamos el dinero? ¿Y cuáles son las mejores medidas para aliviar nuestra ansiedad y seguir adelante? Las respuestas, a continuación, junto con otros puntos de vista de la encuesta Americans and Their Money de 2014.

Hemos recuperado la estabilidad, y la fe

Cuando Money encuestó a los estadounidenses acerca de sus finanzas en 2011 y 2009, la nación estaba agachada y luchando contra el pánico posterior a la recesión. Las familias habían recortado el gasto drásticamente, habían pospuesto vacaciones y compras importantes, e incluso redujeron sus donaciones a la caridad. La gente estaba muy preocupada por perder sus empleos o por sufrir un recorte de sueldo, Preocupada por el mermado valor de sus casas, y ansiosa por las grandes pérdidas en los mercados financieros.

Hace cinco años, cuando se les preguntó si era mejor poner el dinero debajo del colchón o colocarlo en acciones, la mitad de los encuestados eligió la cama.

Ahora que los valores de las casas y los precios de las acciones han subido y el desempleo es modestamente bajo, mucho del miedo ha disminuido. Este año, por ejemplo, el 71% de los encuestados optó por las acciones en lugar del colchón. La gente está cómoda de nuevo al desconectarse de los movimientos diarios del mercado: sólo un tercio de los encuestados dijeron que estaban fuertemente enfocados en las noticias financieras, frente a dos tercios en 2009.

También hay una mayor disposición a buscar el riesgo: en la más reciente encuesta, más de la mitad de los estadounidenses dijo que era más importante mantener seguras las inversiones que apuntar por un mayor rendimiento. Aunque es un número sustancial de empresas, es menor al 64% de hace tres años. En general, la preocupación por perder dinero en el mercado, por la disminución de valor de las viviendas, y por ser despedido se han reducido hasta el punto más bajo en la lista de preocupaciones colectivas.

Otras señales refuerzan la noción de que los estadounidenses están alejándose de la mentalidad de búnker financiero que se extendió por la nación después de la recesión. Un análisis de datos laborales de Challenger, Gray & Christmas, por ejemplo, encontró que más estadounidenses están renunciando a sus trabajos, lo cual refleja la creciente confianza en su capacidad de encontrar un mejor puesto en otro lugar.

Después de años de relativa frugalidad, los estadounidenses están aflojando un poco los cordones de sus bolsos. Las ventas de artículos caros: como automóviles y casas nuevas recientemente tocaron máximos de seis años, y el cuarto trimestre registró el mayor incremento trimestral de préstamos pendientes desde antes de la recesión.

Entre aquellos que se sienten más tranquilos se encuentra Ralph Schmitt, de 69 años, residente de Fortson, Georgia, cuyos ahorros se redujeron en un tercio durante el colapso.

Cuando la recesión llegó, Ralph, quien había planeado retirarse en 2008 decidió aplazar ese paso. Pero él y su esposa, Kathleen, no vendieron ninguna inversión, y para finales de 2009, con su cartera creciendo otra vez, Ralph se sintió lo suficientemente confiado como para renunciar para siempre.

Los buenos hábitos se han mantenido

Es posible que estemos abriendo nuestras carteras de nuevo, pero eso no significa que hayamos abandonado las prácticas fiscalmente prudentes adoptadas después del colapso. Casi tres cuartas partes de los encuestados por Money reportaron que, durante los últimos tres años han estado recortando en compras de lujo y han comido en casa más a menudo; una caída modesta desde 2011, cuando los consumidores estaban todavía en estado de shock por la crisis financiera, pero un gran aumento desde la encuesta de 2009.

Casi seis de cada 10 dijeron que se sienten culpables por comprar algo que no necesitan, dato que permanece prácticamente sin cambios desde hace tres años. Y seis de cada 10 dicen que están tratando de reforzar su colchón de emergencia, un enorme salto desde 2009, cuando menos de una cuarta parte dijo lo mismo. De hecho, la tasa de ahorro nacional, aunque está por debajo de su máximo poscrisis, está ahora 4% arriba de lo que había estado durante gran parte de los últimos tres años y sustancialmente 1% por encima de la tasa de los años de bonanza previos a la crisis.

Es particularmente difícil evaluar las tendencias a largo plazo mientras la recuperación sigue tan desigual, señala Caroline Ratcliffe, investigadora principal del Urban Institute, al señalar que algunos grupos, como los baby boomers y los jubilados cuya riqueza está ligada al mercado de valores, se sienten con más abundancia de dinero que otros, estos días.

Jim Durkis dice que la mejoría de la economía no ha cambiado sus hábitos todavía. El abogado de gobierno y su esposa, Deborah, una maestra de escuela primaria, ambos de 50 años de edad, estaban buscando comprar una casa más grande, cerca de donde ahora viven en Albuquerque, pero decidieron no hacerlo cuando los valores de la vivienda disminuyeron en la zona.

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Desde la recesión, la familia, la cual incluye a Jason, de 22 años, y a Kaja, de 21 años, han cambiado de compañía de seguros, han pospuesto vacaciones y han cancelado el servicio de televisión por cable; aunque se suscribieron de nuevo el verano pasado después de que Deborah, una ex compradora compulsiva convertida en cazadora de ofertas, encontró una buena oferta.

Aunque ambos cónyuges trabajan y él tiene un plan de pensiones sólido, Durkis dice que todavía está enfocado en ahorrar. “No estoy convencido de que haya habido una verdadera recuperación”, dice. "Prefiero tener dinero extra, por si acaso”.

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