Adiós MBA, hola dinero

Más jóvenes de EU eligen los fondos de cobertura y descartan las escuelas de negocios; con todo un MBA todavía puede ser una inversión valiosa para los que quieren cambiar de carrera
Cada vez más estadounidenses descartan estudiar en las escue
Louise Story

Quienes conocieron a Gabriel Hammond en la Universidad Johns Hopkins, a fines de los 90, pudieron imaginar que escalaría a paso veloz en Wall Street. Ya desde el primer año en la universidad comerciaba con las acciones de sus compañeros de dormitorio. Poco después, abandonó su sueño de infancia de convertirse en abogado y, en cuanto se graduó, se unió a Goldman Sachs como analista de Bolsa.

A los tres años de trabajar, Hammond se percató de algo. Muy pocos de sus colegas jóvenes estaban haciendo una pausa en sus labores en Wall Street para irse a la escuela de negocios, considerada por mucho tiempo paso clave para escalar en el mundo corporativo.

De manera que él también decidió renunciar a un MBA. En lugar de eso, reunió 5 millones de dólares y en 2004 fundó Alerian Capital Management, su propio fondo de cobertura o hedge fund.

Fondos como éste son empresas privadas desreguladas, que atienden a pequeños grupos de grandes inversionistas (1 mdd mínimo) y que hacen operaciones de alto riesgo y especulan a corto plazo con bonos, divisas, opciones y derivados. El fondo ahora maneja 300 mdd desde las oficinas que posee en Nueva York y Dallas. Y Hammond, que ahora tiene 28 años de edad, disfruta como pocas cosas recibir cheques de siete dígitos.

Como otros jóvenes, Hammond hizo números y ahora cree que el MBA es un derroche de tiempo y dinero. Dinero que podría estar aprovechando para hacer más dinero. “No hay manera de que yo lo tome en cuenta”, dice.

Ahora que más estadounidenses están volviéndose muy ricos, los jóvenes están repensando las viejas ideas acerca del éxito. En la última década, los fondos de cobertura volvieron millonarios a gente como Kenneth Griffin, de 38 años y CEO de Cidatel Investment Group, y Eddie Lampert, de 45, el ‘rey de los fondos’, que compró Sears y KMart.

Estos hombres son iconos en esta escena del dinero rápido. Particularmente de ese grupo de estrellas superdotadas en las matemáticas que en el medio reciben el mote de los ‘quants’ (como llaman a los expertos en análisis cuantitativo).

Muchos recién graduados de universidad son tan brillantes que podrían llegar a ser muy buenos científicos o investigadores, pero, en vez de eso, están convirtiéndose en corredores. Estos jóvenes miden su estatus en dólares, en lugar de en títulos.

Muchos de los más brillantes no codician tener una oficina en Goldman Sachs o Morgan Stanley. Están felices de trabajar en su propio fondo desconocido, desde una oficina de dos cuartos en Greenwich, Connecticut, mientras ganan cantidades enormes.

La competencia de firmas de inversión alternativas –fondos de capital privado y los hedge funds, sobre todo– está provocando un alza en los salarios de los analistas de reciente ingreso en los grandes bancos.

Y los más experimentados están ganando tanto dinero que no pensarían ni por un minuto tomarse dos años para estudiar negocios aunque fueran admitidos en escuelas tan prestigiadas como Wharton o Harvard.

Nueva ola

Estas filas de corredores y de analistas de Wall Street son una camada aparte de los inversionistas como Warren E. Buffett y gurús de la banca de inversión, como Felix G. Rohatyn.

Se distinguen de ellos por su avidez y su sed de hacerse de fortuna rápido. “Con el crecimiento de estos fondos de cobertura, están llegando muchas personas realmente inteligentes que están ganando mucho dinero, siendo aún muy jóvenes”, comenta Arjuna Rajasingham, de 29 años, analista y corredor en un hedge fund en Londres. “Sé que de alguna manera éste es un enfoque muy de corto plazo, pero es difícil darle la espalda a algo que está marchando tan bien”, refiere.

El cambio no ha pasado inadvertido a los directivos de algunas escuelas de negocios. Richard Schmalensee, hasta junio pasado rector de la escuela Sloan de Management del MIT, lo atribuye a los cambios en la manera de hacer dinero. En muchos bancos y boutiques de inversión, los corredores con formación en matemáticas están haciendo más negocio que los banqueros de inversión, que por tanto tiempo mandaron en Wall Street.

Y es menos probable que los corredores asistan a clases a una escuela de negocios. “No creo que vaya a haber menos MBA en las suites ejecutivas, pero es probable que veamos a menos MBA en los listados de la gente más rica del mundo”, considera Richard Schmalensee.

Ruta alterna

Con todo, las escuelas de negocios no han caído de la gracia de los estudiantes en general. En todo caso, el título ha perdido prestigio entre estos recién egresados que ganan tanto dinero, por lo popular que se volvió tenerlo.Y los eventos recientes en los mercados no harán que estos jóvenes, o sus jefes, cambien de opinión. Es improbable que los directivos de los fondos vayan a castigar a sus colaboradores más jóvenes por una caída en las ganancias del año, dice Adam Zoia, socio director de Glocap, una firma buscadora de talentos de Nueva York.

Los fondos cobran generalmente 2%, sin importar los niveles de retorno de una inversión. Eso les da margen para pagar los grandes salarios de estos jóvenes y más. En aquellos fondos que manejan entre 1,000 millones y 3,000 mdd, personas con unos cuantos años de experiencia en finanzas estarán ganando 337,000 dólares este año, ilustra Zoia. Y aquellos que tienen experiencia de cinco a nueve años recibirán cheques por 830,000 dólares en promedio, 6% más que el año anterior. Estos cálculos son válidos para los analistas, pero no para  los corredores de portafolios, quienes, por si fuera poco, reciben además una parte de las ganancias.

Disparadores

Docenas de jóvenes –la mayoría hombres– que quieren ser, o que ya son, corredores exitosos, dicen que les emocionan los retos de su trabajo, y no sólo los magnánimos cheques.

Pero también hablan del dinero como si el reloj los apurara: muchos dijeron que quieren hacer cuanto más puedan y pronto, para asegurarse una vida cómoda más adelante, haciendo cosas menos lucrativas como administrar una institución de beneficiencia, trabajar para el gobierno o pasar tiempo con su familia. Claro, algunos piensan permanecer en finanzas toda su carrera.

“El discurso de estos fondos de capital privado es: ‘Ven, aquí harás 1 millón de dólares en dos años’”, dice Gregg R. Lemkau, de 38 años, director de Operaciones del banco de inversión de Goldman Sachs, quien renunció a la escuela de negocios para quedarse en Goldman en los años 90, cuando todavía era una elección poco vista.

Y como hoy existen más emprendedores millonarios y billonarios que nunca antes, los corredores veinteañeros son más francos para hablar acerca de sus ambiciones monetarias. “Si quieres lograr la mayor cantidad de dinero en el tiempo más corto, no puedes retirarte del trabajo por dos años”, asegura Vitalu Dukhon, de 30 años, quien hace poco dejó Fortress Investment Group, una firma en Nueva York, para unirse a un fondo de cobertura.

Cuando era un universitario en Harvard, Dukhon tenía previsto estudiar una maestría en negocios. Pero estando ya en su primer empleo en Deutsche Bank, se dio cuenta de otra realidad. “Vi que la gente que había estado trabajando 20 años tenía un MBA, pero no estaban yendo (a cursarlo) aquellos que tenían cinco o seis años más que yo”, comenta. “Ir a la escuela de negocios es algo que la gente hace para abrirse puertas, para entrar a una compañía o un fondo de inversión. Pero si ya estás ahí, no tiene ningún sentido hacerlo”.

Una parte del cambio se debe a que bancos de inversión como Goldman Sachs y Credit Suisse cambiaron su actitud hacia los programas de maestría en negocios. En vez de alentar a que sus empleados se inscriban, están diciéndole a los mejores que se queden en la empresa.

Con todo, de seguro, un MBA todavía puede ser una inversión valiosa. En especial para aquellas personas que quieren cambiar de carrera.

La mayoría de las escuelas enseñan una currícula muy completa que pone a los estudiantes en contacto con una idea bastante precisa acerca de cómo funcionan los negocios. Son sitios formidables para hacer amigos y contactos que pueden ayudar en una carrera. Y las de más alto nivel sirven, además, como un buen filtro para distinguir a candidatos talentosos a empleos.

“Todo en la banca –y los fondos– consiste en saber hacer tratos y en construir relaciones”, argumenta Timothy Butler, director de los programas de desarrollo de carreras de la Escuela de Negocios en Harvard, “y ése siempre será el terreno del MBA”.

Los cazadores de talento que trabajan para los fondos de cobertura y los fondos de capital privado dicen que este tipo de empresas no valoran una maestría en negocios. “Tengo algunos clientes que dicen con franqueza ‘un MBA no significa nada para nosotros’”, menciona Tim Zack, directivo de In-Site Search, una firma de búsqueda de talentos de Westport, Connecticut. Cuando los jóvenes de Wall Street ponen en la balanza los beneficios del MBA, Gabriel Hammond dice que las ventajas ya no superan los salarios no recibidos y los bonos que habrían recibido en un fondo.

Él calcula que el costo que implica pasar dos años en la escuela de negocios alcanza, cuando menos, el medio millón de dólares para un empleado bancario promedio –250,000 dólares o más cada año en salarios perdidos, más 50,000 al año en colegiaturas y gastos de manutención–. Para los empleados de los fondos de cobertura, la cifra sería mucho más alta, asegura.

Hammond cuenta que ha visto a gente salir despedida a seis meses de entrar a un hedge fund “porque no pudieron manejarlo”. Pero el riesgo vale la pena, afirma.

“Si ves a los jefes de los fondos de cobertura realmente exitosos –como Eddie Lampert–, todos están en sus 40 ahora,” dice. “En sus 20 probablemente estuvieron ganando millones pero de un solo dígito. Por eso hacemos esto”, argumenta. “Por eso es tan atractivo: porque el premio para el ganador, el siguiente Eddie Lampert, es muy alto”.

The New York Times Syndicate

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