Vivir apretado: ¿vale la pena?

En México cada vez se prefiere más habitar en un departamento pequeño para estar cerca del trab las parejas sin hijos y las personas solteras sacrifican el espacio por una mejor calidad de vi
Rocío Aguirre en su mini-hogar. (Carlos Aranda)  (Foto: )
Emma Albaladejo Poyatos

Sacrificar unos metros de espacio en un departamento por no perder varias horas del día en un habitáculo todavía más reducido y sobre un asiento con cuatro ruedas, con el estrés que ello genera, es cada vez más una decisión por la que se inclinan parejas sin hijos y personas solteras en la Ciudad de México.

Es gente para la cual la calidad de vida empieza por disfrutar del tiempo libre del que dispone, sin necesidad de hacerlo en una gran casa. Hace tan sólo 10 años resultaba impensable que se pudiera habitar en 65 metros cuadrados o menos, pero, como la música o la moda, las tendencias, importadas de Europa y de Asia, también llegan a las formas de vida.  Los departamentos de dimensiones reducidas ya están presentes en casi todas las zonas de la ciudad: en las colonias aledañas a Polanco y Condesa (ahí es más difícil obtener permisos para construir vivienda de menos de 60 metros cuadrados) y en la zona de corporativos de Santa Fe.

Las nuevas parejas renuncian a los jardines propios pero en los nuevos fraccionamientos no siempre cuentan con parques públicos que los sustituyan. En el precio del departamento habrá que contar también el pago por áreas verdes.

Los nuevos conjuntos están concebidos como viviendas para personas que trabajan y pasan por casa sólo a beber algo, descansar, asearse y prepararse algo de comida.

Rocío Aguirre, contadora pública, que se dedica al desarrollo de negocios en una empresa de tecnología agrícola, optó por ese estilo de vida. Desde abril pasado se mudó, desde la colonia Narvarte, a un departamento de 65 metros cuadrados en Santa Fe, ubicado a cinco minutos en coche de su trabajo. Su vida, dice, ha cambiado ‘radicalmente’. Según cuenta, su departamento, que tiene sala, cocina, recámara, vestidor y baño, le acomoda ‘perfecto’ para ella, porque “está muy bien distribuido, tiene luz y es nuevo, con unos acabados modernos y de calidad”. El edificio fue construido hace dos años en la zona de oficinas de Santa Fe y cuenta con lobby, salón de fiestas, gimnasio, lavandería y estacionamiento.

Sus gastos en vivienda han crecido más de 50%, ya que ahora paga 10,000 pesos de renta (14% de su sueldo), frente a los 4,000 que le costaba su anterior departamento. Ahora bien, su cartera resiente menos por la carga de gasolina –sólo 800 pesos al mes, menos de la tercera parte de los 2,500 que gastaba cuando vivía en la Narvarte (a poco más de 10 kilómetros de Santa Fe, pero con frecuentes embotellamientos)–.

Además de los 6,000 pesos adicionales que gasta en su nueva casa, existen otras desventajas y es que vive lejos de su familia, para cualquier cosa tiene que usar el coche, no hay áreas verdes cerca y es una zona ‘muy solitaria’. 

Una vendedora del desarrollo City Santa Fe (de la que se omite su nombre) tomó una decisión similar a la de Rocío Aguirre, para estar cerca del departamento muestra donde atiende a potenciales clientes. Su experiencia en la zona le da elementos para convencerlos, porque puede decirles del poco tiempo que pasa en el coche. Pero cuando se le pregunta sobre algún parque público cerca, contesta que el conjunto cuenta con 12,000 metros cuadrados comunes exclusivos para los condóminos.

Calidad de vida

Rocío Aguirre explica que este departamento no es mucho más pequeño que en el que vivía antes, pero, asegura, “mi calidad de vida ha mejorado muchísimo. Tengo más luz, más orden y mucho menos estrés, porque ya no tengo que manejar tres horas al día para llegar y regresar del trabajo” y eso “lo vale todo”. Sin embargo, afirma que no compraría un departamento tan pequeño por sus proyectos de futuro, que son seguir con su trabajo y tener hijos, aunque confiesa que sí adquiriría uno en la misma zona.

El profesor e investigador del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México Arturo Alvarado, que ha trabajado en temas de participación y seguridad pública en la ciudad, asegura que ha recibido “innumerables quejas de vecinos por las nuevas construcciones” de este tipo. “No entendemos cómo podrán amontonarse tantas personas en palomares”, dice. Incide en su preocupación por “el hacinamiento de las familias dentro de esas celdas, cuartos sin luz, sin espacios de recreación para los niños y falta de privacidad”. 

La generalización de este tipo de viviendas es un hecho. Desde el estudio Serrano Monjaraz Arquitectos, Juan Pablo Serrano afirma que se construyen departamentos “lo más pequeños que permitan los permisos para la zona en donde esté el proyecto... Es más accesible para comprar o rentar, y la sociedad acepta vivir en espacios pequeños, porque se vive solo, con roommate, o en pareja... no como familia”.

Este despacho construye el conjunto Puerta Alameda, en el centro de la ciudad, con departamentos desde 40 metros cuadrados.

Nuevas necesidades

Hace unos 10 años, estos pequeños departamentos sólo eran presentados como viviendas de interés social, pero ahora los hay de mayor precio, con mejores acabados.

“Si hay buenos proyectos y dirigidos al nivel socioeconómico correcto, la gente lo acepta”, dice Serrano. La demanda de los departamentos pequeños ha contribuido a que los precios se disparen. En Serrano Monjaraz Arquitectos señalan que el precio promedio de estos departamentos oscila entre 12,800 y 32,000 pesos por metro cuadrado. Los precios no siempre dependen de la zona. En un conjunto de viviendas en Ejército Nacional, un departamento de 53 metros cuadrados llega a costar 1.16 mdp en etapa de ‘preventa’, es decir, 21,886 pesos por metro cuadrado. En el proyecto Cine México, en la popular colonia Doctores, hay departamentos de 43 metros cuadrados que pueden llegar a costar 970,000 pesos, es decir, 22,500 pesos por metro cuadrado.

Decidir si se compra un departamento pequeño depende de que más gente como Rocío esté dispuesta a ocuparlo.

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