¿Cómo perpetuar la riqueza familiar?

Para los padres que tienen hijos que nacen siendo ricos, el reto es enseñarlos a mantenerse así se recomienda una preparación financiera, modelos a seguir y enseñar las consecuencias de sus a
Los jóvenes acomodados pueden sufrir después de no saber que  (Foto: )
Julie Blick
The New York Times -

Algunos adolescentes con padres ultrarricos son conocidos por ir a París a comprar su ropa para el baile de graduación, manejar una Range Rover de 80,000 dólares para llegar al colegio y dejar su ropa para que la lave la servidumbre. Suena como una vida idílica, pero también tiene sus peligros: ¿qué tal si estos chicos pierden la capacidad de hastiarse o toman malas decisiones y terminan dilapidando las grandes cantidades de dinero que sus padres les dan?

Con 41 billones de dólares en riqueza privada que será transferida de padres a hijos en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XXI, tanto los nuevos como los viejos ricos se preguntan cómo preparar a sus hijos para la riqueza.

Tom Rogerson, director nacional de Servicios para Patrimonio Familiar en BNY Mellon Wealth Management de Boston, da seminarios en todo Estados Unidos y dice que los multimillonarios con frecuencia le preguntan: “¿Cuánto debo dar a mis hijos ahora que se están convirtiendo en adultos?” y “¿cuándo debo darles el dinero?”.

“Ésas son las preguntas erróneas”, contesta. “La pregunta importante es: ‘¿Cómo construir la confianza y la capacidad en la siguiente generación, para que puedan manejar cualquier herencia que se les deje?” Los padres tendrían que hacer que sus hijos demostraran que pueden vivir con un presupuesto, manejar un portafolio, empezar una carrera o tener una variedad de habilidades, antes de recibir grandes cantidades de dinero, dice Rogerson.

Esta preparación financiera, agrega, viene de padres que actúan como modelos a seguir cuando se trata de valores, de la definición de los límites y de las consecuencias de los actos, y de la manera de encontrar entrenamiento práctico y continuo en finanzas.

Mientras que algunas familias minimizan la importancia de la riqueza y la historia familiares, otras incorporan su legado como un aspecto importante de la educación. Herbert Growen, de 52 años, es parte de una familia cuya fortuna empezó con los barcos de vapor en el siglo XIX. A pesar de que ahora tiene más de 90 miembros y está dispersa por todo Estados Unidos, la familia aún quiere mantener los valores de “ser conservadora y prudente en lo financiero, además de tener creatividad emprendedora y ser filantrópica”, explica Growen. Dice que sus hermanos y primos han impartido esos valores a sus hijos, quinta generación de la familia.

Este año, la familia de Growen pidió a Joline Godfrey, autora de Raising Financially Fit Kids, que en su reunión familiar anual enseñara a la nueva generación sobre el ahorro, el gasto y a compartir la fortuna. Los preadolescentes hicieron carteles en los que mostraban cómo les gustaría gastar el dinero y a qué causas donarían. Los adolescentes aprendieron acerca de la cultura del consumo. Los veinteañeros recibieron cursos sobre cómo empezar un pequeño negocio y las habilidades financieras apropiadas una vez graduados de la universidad. Sus padres recibieron consejos sobre cómo continuar las lecciones a lo largo del tiempo. 

“Nuestros hijos tienen padres profesores, pastores, abogados, no magnates de negocios que hablan de comercio durante la cena, como lo hicieron nuestros bisabuelos”, comenta Growen. “Heredarán una considerable cantidad de dinero, pero las familias crecen más rápido que sus fortunas, queremos asegurarnos de que nuestros hijos sean duchos en finanzas y que harán buenas cosas con su herencia”.

La mayoría de los padres acomodados aspiran a que sus hijos tengan valores de clase media pero con una hoja de balance de clase alta, señala Kristi Kuechler, director del Institute for Private Investors, basado en Nueva York. 

El reto, dice, es cómo transmitir los valores tradicionales de trabajo fuerte, logros e independencia a los jóvenes cuya fortuna les permitiría que no les interesaran esas cosas.

Una fundación de caridad familiar o un negocio pueden ser un puente entre generaciones, una manera de compartir tanto los valores familiares como la perspicacia financiera. Algunos manejadores de patrimonio aconsejan traer a las nuevas generaciones, desde los años de la adolescencia, a trabajar junto con sus mayores. Otros, como Sharna Goldseker, directora de las obras filantrópicas de Andrea y Charles Bronfman, aconsejan a los padres que ayuden a sus hijos a encontrar compañeros, mentores externos, internados y prácticas para que puedan aportar a la empresa o la obra filantrópica familiar su propio conjunto de experiencias.

Kuechler también recomienda a los padres que se aseguren de que los herederos recibirán educación formal para invertir, de manera que puedan interactuar con sus asesores financieros y hacer las preguntas correctas.

Algunos padres se hacen cargo personalmente. Un padre en Silicon Valley, que no quiso dar su nombre porque sus hijos no saben que heredarán millones, le dio a su hija de 13 años un gran regalo en dinero. En lugar de pedirle que lo pusiera en un fondo para la educación, o que lo donara a filantropía la ayudó a invertir en fondos. Cada seis meses, juntos verán las tendencias del mercado y harán cambios en el portafolio si es necesario. “Es el método de aprendizaje por goteo, un poco cada vez”, explica, “en lugar de decírselo todo cuando llegue a los 21 años”.

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