La inversión en el futuro, se hace ahora

Con la edad cambian las prioridades. Aquí verás algunos consejos para poner a trabajar tu diner lo importante es diversificar tus activos, y hoy incluso hay fondos protegidos contra la inflac
Los hijos necesitarán cada vez más recursos para educación y
Roberto Morán

Roberto Rodríguez quiere crear un buen futuro para su hija de un año, Arantza, y para eso juntó parte de sus ahorros para empezar una huerta de mangos que, espera, le asegurará un patrimonio. “Los mangos son para Arantza”, dice. Al fruto de ese huerto, Rodríguez podría añadir otros activos, que también le servirían para garantizar un retiro cómodo, pero no se ha decidido por invertirlos, porque las muchas crisis le han hecho desconfiar de los bancos y otras instituciones.

Con un buen puesto en una empresa paraestatal, Rodríguez, de 45 años, tiene garantizada una pensión de, cuando menos, 80% de su sueldo si espera 10 años más antes de jubilarse. Después de lo que desembolsa en el mantenimiento de su familia –él, su esposa Isela y Arantza– y en la inversión inicial en el huerto, Rodríguez todavía cuenta con 40,000 pesos mensuales, que le podrían servir para mejorar sus ingresos una vez retirado, y un ahorro de 500,000 pesos, que tiene prácticamente bajo el colchón.

Lo que él ha hecho es guardar una parte en el banco y el resto prestarlo a amigos. “En el banco, el dinero va lentamente carcomiéndose, mejor echarle la mano a un cuate a que se vaya devaluando”, opina. Rodríguez no era tan desconfiado de la banca hace unos 15 años. Alguna vez compró acciones del Banco Unión, que se volvieron polvo con la crisis de 1995. Y no es que sea desconfiado para invertir: además de su huerta de mangos, ha buscado diversos negocios a lo largo de su vida, para completar sus ingresos como asalariado.

Esa disposición a buscarle usos productivos a su dinero ya le da ventajas para analizar otros instrumentos de inversión, que han surgido en los últimos cuatro años en el mercado mexicano. “Tú no eres una persona promedio, no cualquiera se lanza a comprar un rancho y tener mangos”, le comenta Juan Carlos Pelayo, director de Fóndika, distribuidora de fondos de inversión, en un encuentro organizado por Expansión para analizar las posibilidades de invertir de Roberto Rodríguez. Después de una conversación de más de una hora para conocer los objetivos y las posibilidades de Rodríguez, Pelayo le preparó un diagnóstico y algunos ejemplos de portafolio que pueden ajustarse a sus necesidades.

Algo parecido hicieron tres operadoras de fondos que conocieron el caso de Rodríguez. Compass Group da algunas recomendaciones generales, que debe tener en cuenta, antes de lanzarse a hacer alguna inversión concreta; Stanford Fondos le presentó un cuestionario que le ayudará a determinar sus metas y el tamaño de su patrimonio, y BBVA-Bancomer le ofreció uno de sus portafolios modelo, con la advertencia de que no se trata de un esquema unitalla, sino sólo un ejemplo de lo que podría hacer si se decide a buscar instrumentos de inversión más seguros que... prestarle a los amigos.

“Mucho cuidado con eso de prestarle a los amigos”, advierte Pelayo. “Si el deudor se muere y no hay nada firmado, el dinero pasa automáticamente a su viuda”. 

Los enemigos invisibles

Al igual que Pelayo, José Ignacio Armendáriz, director de Compass Group, advierte que antes de recomendar cualquier instrumento de inversión, las instituciones financieras tienen la responsabilidad de conocer mejor a su cliente. Armendáriz dice que las operadoras son como un médico al que acude un paciente. Tal vez éste quiere que el médico lo haga jugar tenis, cuando no tiene la condición física o la edad para lograrlo. El médico debe ajustar las metas con las posibilidades.

En Compass Group utilizan una especie de pizarrón para ubicar al ‘paciente’ o potencial inversionista, que determina desde las necesidades básicas hasta las no tan urgentes, a lo largo del tiempo. Las prioridades cambian según la edad del inversionista, porque lo que puede ser indispensable ahora, a los 45 años, un auto, por ejemplo, no es tan urgente a los 65, cuando ocupa un lugar más importante la atención médica.

Pelayo propone empezar por lo básico. “¿Tienes un presupuesto?”, ésa es la primera pregunta que deben hacerse los inversionistas potenciales. “El peor enemigo es el que no ves” y puede ser que el dinero se vaya sin que se note. 

Después de hacer un presupuesto, en el que ‘no se vale’ dejar fuera las vacaciones o las salidas con la familia para divertirse, la siguiente tarea para Rodríguez es definir metas. 

“Siento que me he aletargado para buscar inversiones en los últimos años, hasta el dólar ha caído frente al peso”, confiesa Rodríguez. Ésa es la primera meta de este inversionista: proteger su dinero de la inflación.

La siguiente es crear una reserva para la educación de la hija. Los seguros para la educación no lo convencen, porque considera que no dan buenos rendimientos a lo largo del tiempo. Considera que Arantza necesitará una buena licenciatura, que en una universidad privada puede costar entre 50,000 y 55,000 dólares (entre 540,000 y 594,000 pesos). Si quisiera meterla a una preparatoria privada requeriría otros 20,000 dólares (unos 216,000 pesos).

Además necesitaría un fondo para el retiro, para cuando deje su empleo en la empresa paraestatal.

Las recomendaciones

De acuerdo con Pelayo, es muy fácil encontrar un fondo de inversión que proteja contra la inflación. Basta con poner una cantidad de dinero en renta fija (con rendimientos similares a los de cetes) y diversificar con deuda de otros países.

Lo que recomiendan Pelayo, Armendáriz y David Nanes –este último, presidente de Stanford Fondos en el país– es que Rodríguez analice de qué otros ingresos dispone. Por ejemplo, tiene una casa desocupada que no está rentando y que podría alquilar en 8,000 pesos mensuales, con lo que pagaría la vivienda que ahora ocupa. “Tendemos a aferrarnos a las posesiones materiales”, advierte Nanes, de manera que se conservan bienes que tendrían mejores rendimientos invertidos en otros instrumentos.

Todos coinciden en que es importante diversificar las inversiones. Por eso Compass Group pide un mínimo de patrimonio invertible de 1 mdd y Stanford, de 1 millón de pesos. Es difícil diversificar con menos recursos, dicen. Fóndika trata de atender a inversionistas de menor peso.

En BBVA-Bancomer, que pide un mínimo de 500,000 pesos, recomiendan a Rodríguez empezar a invertir en un portafolio que tenga poca renta variable, “ya que puede ser susceptible a las fuertes variaciones en el rendimiento, aparte de que, en su historia financiera, no ha estado bien asesorado”.

El portafolio de Bancomer le ofrece un rendimiento de cuando menos 7% anualmente (no garantizado). Si mantiene la disciplina de ahorrar 40,000 pesos mensuales, al cabo de 10 años tendrá un patrimonio de 7,848,302 pesos, gracias a inversiones en fondos de deuda y de renta variable.

Pelayo dice que, para empezar, puede hacer un portafolio con tan sólo 200,000 pesos, del cual 10% puede estar completamente líquido, para hacer frente a los gastos de emergencia. Otro 30% estaría invertido en Bolsa y el resto, en renta fija.

En Stanford recomiendan dedicar los primeros 10 años de la inversión a generar rendimientos altos, y los siguientes 30, cuando ya esté jubilado, a generar flujo de efectivo. 

En Compass Group proponen un portafolio más diversificado, con 40% en renta variable y 60% en renta fija. Siempre con la recomendación de ‘rebalancear’ periódicamente para aprovechar las oportunidades del mercado.

Después de presentar su caso entre las distintas operadoras de fondos, a Rodríguez le quedan dos tareas: terminar de conocerse a sí mismo, contestando los cuestionarios que le ofrecen las instituciones, y definir qué portafolio prefiere. En todo caso, está a tiempo para empezar.

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