De la Bolsa a la construcción

Un operador de acciones usó su experiencia bursátil y contactos para entrar a las bienes raíces Álex Matar decidió convertir su casa de la Ciudad de México en un edificio de siete departament
El éxito de esta aventura inmobiliaria dependió del comporta
Roberto Morán

A sólo una semana de haber puesto en venta su casa, Martha Agundis había recibido ofertas por 400,000 dólares, lo que contrastaba con lo sucedido en 1995 cuando pasaron meses para que alguien le ofreciera comprarle otra propiedad que quería vender. Eso le pareció sospechoso a su hijo, Álex Matar, un ‘casabolsero’, quien consideró que si el mercado ofrecía tanto en poco tiempo era porque la propiedad tenía más posibilidades. Se convirtió en desarrollador inmobiliario.

A finales de 2003, Agundis y su familia consideraban que la casa que tenía, y el barrio en el que estaba (Polanco, en el DF), ya no eran adecuados para su nuevo estilo de vida. “Depende de la vida que lleve cada uno”, dice, “soy una señora que ya no tengo hijos jóvenes, abuela, lo que quiero es seguridad, tranquilidad, ya me parecía que Polanco era un lugar de segunda para vivir”.

Afortunadamente para Matar, una nueva generación de jóvenes no considera ese barrio de segunda, dado que el metro cuadrado alcanza más de 2,000 dólares, en algunas áreas. Si vendían la casa tal como estaba, podían haber recibido 400,000 dólares por 420 metros cuadrados. “Investigué y me di cuenta que estábamos en un lugar privilegiado, en pleno auge”, recuerda Álex.

Según Matar, quien trabaja en una casa de bolsa en EU, había varias señales de que era un buen momento para construir departamentos, en lugar de vender la casa. La primera fue la rapidez de la oferta; la otra fue que ya se podían conseguir permisos para construir departamentos, gracias a un cambio en los usos de suelo de la zona.

Sin experiencia previa, sin capital extra, aparte de la casa, el terreno y unos ahorros por 10% de lo que calculaba le costaría la obra, Álex Matar se convirtió en constructor. Su mayor activo, según cuenta, era “el olfato que he agarrado en la cuestión bursátil”. A ése se le agregan los contactos con amigos arquitectos e inversionistas que pudieran asociarse con él. “Me puse a buscar socios como loco”.

El proceso tuvo que acelerarse, porque un domingo entraron a la casa de su mamá a robar. “Se pegó un susto y me dijo que se salía al día siguiente de ahí. Se fue a vivir a un departamento en las Lomas donde yo tenía que pagar una renta de 17,000 pesos mensuales para que estuviera a gusto”.

El primer socio que encontró lo abandonó a los dos meses, cuando el precio del acero aumentó. Se puso en contacto con Banorte, obtuvo un crédito personal con un interés de 15%, sobre sus recibos de ingresos y con un departamento con colateral. “Era ese crédito caro o nada. Yo tenía 900,000 pesos más otro millón prestado, con el departamento valuado en 1.7 millones. Y ‘papas’, arrancamos con eso que teníamos”.

Con el dinero inicial demolió la casa y empezó la preventa. Dos compradores creyeron en el proyecto y le permitieron tener algo de liquidez. Pero entre la demolición y la obtención de los permisos para construir pasó casi un año. “Tuve que ser colocador de deuda, para seguir adelante”. Volvió a buscar socios. “Entonces, me brincaron muchas personas que antes no me habían hecho caso. Un inversionista se puso en contacto y se convirtió en un excelente socio”. El nuevo socio le pidió regresar el dinero a los compradores, para no tener presión por los compromisos adquiridos con ellos.

La historia parece tener final feliz. Matar construyó siete apartamentos, obtuvo ganancias. “Pude salirme a tiempo”. Pero no volvería a tener esta aventura, porque su olfato le dice que la plusvalía en Polanco no tendrá tanto crecimiento.

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