Dos caras de Chile se asoman a tres días del sismo

Mientras en Santiago, la capital chilena, la vida regresa a la normalidad, en Concepción la gente carece de agua y comida
efe-sismo-chile  Ciudadanos de Talcahuano, otra de las regiones afectadas, temen actos de vandalismo
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| Otra fuente: CNN
CONCEPCIÓN (Reuters) -

Una historia con dos diferentes caras de Chile comenzó el lunes, cuando la vida empezó a regresar a la normalidad en Santiago —la capital— y en algunas partes del norte del país, mientras otras áreas luchan con la falta de comida y agua y con saqueos en las calles.

Casi tres días después del gran sismo, los rescatistas en las zonas más dañadas —entre ellas la ciudad de Concepción y las regiones de Maule y Bío Bío— escarban para encontrar a posibles sobrevivientes. El saqueo se ha desatado; miles de desesperados residentes del sur y centro de Chile permanecen sin alimentos, agua, electricidad, gas u otros servicios básicos.

“La situación ahí es precaria”, dijo el embajador de Estados Unidos en Chile, Paul Simons, durante una teleconferencia desde Santiago. Describió el daño como “una devastación mayor”.

Más de 700 cuerpos han sido hallados y las autoridades explican que la cifra podría aumentar. Edificios quedaron en ruinas y algunos caminos están intransitables debido a fisuras en el concreto.

Aparte de ello está la tensión social. Tiendas han sido saqueadas y una fue incendiada este lunes en Concepción. Militares que patrullaban la ciudad, la segunda más importante y densamente poblada de Chile, dijeron que un toque de queda ha sido decretado desde las 20:00 horas (hora local) hasta el medio día del martes.

Las autoridades registran actos de saqueo y vandalismo, y muchos habitantes bloquearon calles y la entrada de algunos vecindarios. Hay residentes armados con palos de madera y cuchillos.

“No queremos pasar una noche más en la oscuridad y el miedo”, dijo Jacquelin Van Rysselberge. “Ya no tentemos hambre, tenemos mucho miedo”.

Las autoridades anunciaron que enviarán más soldados a Concepción, donde, sin embargo, no ha ocurrido el mayor número de fallecimientos. La muerte se ha concentrado en Maule. Según cifras oficiales, 544 de las 723 muertes se presentaron ahí, donde la gente también carece de agua y otros servicios básicos.

Al contrario, en Santiago la electricidad y el agua fueron restauradas en la mayor parte de la ciudad y muchos habitantes podían utilizar sus teléfonos y otros aparatos electrónicos. Cerca de 90% de las tiendas estaban abiertas, señaló el embajador Simons.

En este contexto, el Ministerio de Defensa de Chile culpó a la Marina por no emitir una alerta de tsunami después del sismo de 8.8 grados, una precaución que pudo haber permitido que los habitantes de la costa se alejaran a terrenos elevados.

Grandes olas golpearon las islas chilenas de Juan Fernández, un fenómeno natural que mató al menos a ocho personas, dejó desaparecidas a otras ocho y también provocó daños en el territorio continental.

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, declaró que el estado de catástrofe en las regiones más dañadas continuará, para ayudar a la restauración del orden y la rápida distribución de la ayuda.

El gobierno espera normalizar las actividades de aerolíneas comerciales pronto y trabaja para prevenir posibles brotes epidémicos, agregó Bachelet.

Mientras los saqueos en Concepción llevaron a que la policía utilizara gas lacrimógeno y agua para replegar a la gente, la mandataria dijo que el gobierno llegó a un acuerdo con los mayores supermercados del país para que éstos entreguen los alimentos básicos disponibles a las personas afectadas por el sismo.

El sismo del sábado, del que se han registrado más de 90 réplicas, empató con el quinto más fuerte desde 1900, de acuerdo con autoridades geológicas de Estados Unidos. Otro temblor de 8.8 grados pegó en la costa de Ecuador en 1906.

De acuerdo con datos oficiales, dos millones de personas resultaron afectadas de alguna manera, en tanto que la Cruz Roja de Chile reportó que 500,000 viviendas fueron dañadas sustancialmente.

El presidente electo, Sebastián Piñera, que asume el cargo el 11 de marzo, buscó subir el ánimo nacional al anunciar la noche del domingo un plan de reconstrucción para Chile.

“Levantaremos a Chile —dijo—. No será una tarea corta. No sera fácil. Requerirá mucho esfuerzo, recursos y tiempo”.

 

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