El caos en Haití amenaza el tratamiento de una joven

Se sometió a numerosas cirugías para revertir un daño genético y ahora no puede continuar con su curación
EFe niña deforme  8/09/06.- El doctor Jesús Gómez explica los procedimientos de cirugía a la cara de la niña haitiana, Marlie Casseus, de 14 años, durante la
Alexandra Willingham
Autor: Alexandra Willingham | Otra fuente: 1
CNN -

El pequeño pueblo de Petite Riviere de L'Artibonite está a sólo dos horas de la capital haitiana.

En la ladera hay frágiles refugios construidos con ramas y cocos; las lluvias torrenciales pudren todo y a veces arrastran cadáveres, víctimas del sismo del pasado 12 de enero. No es la primera vez que Marlie Casseus, de 18 años, ha visto el infierno.

Hace algunos años, la adolescente haitiana construía un nuevo futuro luego de que los doctores le operaran un tumor que había deformado su rostro por completo y la había obligada a vivir en aislamiento y discriminada por su entorno.

Marlie volvió a sonreírle al mundo y estaba lista para enfrentarlo.

Hoy aquél futuro, como el de miles de niños haitianos con enfermedades crónicas, es amenazado por el caos y un sistema de salud en ruinas.

El nombre de Marlie es familiar porque su historia fue transmitida por el canal de televisión Discovery Health en 2004. Cinco años después hicieron un especial sobre el tratamiento que recibía y su progreso. La joven padecía displasia fibrosa poliostotica, un mal genético que degenera el tejido óseo y forma una masa parecida a un tumor.

La enfermedad había consumido su vida lentamente y su familia se puso en contacto con el Fondo Internacional para los Niños en Miami.

El Fondo, afiliado al Hospital "Jackson Memorial" patrocina el tratamiento de miles de niños en América latina y el Caribe. Tomaron el caso de Marlie y reconstruyeron su nariz, sus labios y la mandíbula.

Después de varias cirugías finalmente obtuvo un rostro familiar y sonriente.

“Cuando estaba enferma estuvimos muy preocupados”, relata su hermana mayor Stellecie, “se hizo grande y grande. Estábamos trastornados, pero después de la cirugía se ve mejor y se siente mejor; ya no quiere suicidarse”.

Seis años después, con la muerte rondando las calles haitianas, Marlie enfrenta lo peor otra vez.

“Todos los niños estaban en la escuela cuando pasó”, dice Stellecie, “Marlie estaba conmigo, se cayó y gritaba mucho. Recuerdo que no paraba de gritar”.

La familia se reunió en el patio delantero de su casa mientras la tierra se desquebrajaba. Una tía que dormía durante el temblor murió. Aunque la historia de Marlie parece ser una historia de sobrevivencia, su familia enfrenta ahora una realidad sofocante donde no hay electricidad y los alimentos escasean.

“Ha sido muy malo para los haitianos, lo hemos perdido todo, no hay casa, no hay calles, no hay ciudad”, dice la madre de Marlie, Maleine.

Los piquetes de mosquitos y abejas, el olor a podredumbre y los cadáveres que regresan con la lluvia, les recuerdan que el fatal futuro de Marlie en realidad no ha cambiado mucho.

Gina Eugene, una enfermera del Hospital "Jackson Memorial", relata que muchas jóvenes son abandonadas y se convierten en vagabundas y víctimas de violaciones sexuales.

“Es un infierno. Es todo lo que puedo decir, esto no es vida. Ningún ser humano desea vivir así”, dijo.

Además, los esfuerzos del fondo para llevar a Marlie a Miami para continuar su tratamiento, han fracasado. Los documentos más importantes se perdieron entre las ruinas de su casa y sin ellos no puede abandonar el país. Entre el caos que vive Haití, tramitar unos nuevos resulta imposible.

La directora del fondo, Jinelle Prieto, dice que la reciente detención de misioneros estadounidenses que viajaban con menores encendió las alarmas y nadie quiere meterse en problemas.

“No hay respuestas para nadie”, explica la funcionaria, “tengo personal que puede ir por ella, pero todos temen ser arrestados. Vemos a los niños morir todos los días, pero nadie puede trasladarlos”.

La cruda realidad es que Marlie es sólo una de muchos niños que dejan de recibir tratamiento necesario porque las organizaciones internacionales ya no pueden ayudarlos.

Prieto detalla que al menos 30 niños beneficiados por el Fondo están varados en Haití, y un menor de cuatro años al que ayudaban perdió la vida.

“Nadie sabe qué hacer. Todas estas organizaciones han dado el dinero, tienen las instalaciones y nada pueden hacer”, agregó Prieto.

Pese a que el sismo en Chile ahora acapara la atención, la emergencia en Haití no es menor.

La madre y la hermana de Marlie dicen que es difícil encontrar esperanza entre las ruinas.

“Eestamos en problemas”, dice Stellecie, “No sabes qué hacer, necesitamos ayuda. Marlie está bien, pero muy triste por tantas cosas”.

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Al preguntársele sobre sus expectativas a futuro dijo tajante:

“Yo perdí todo, lo único que espero es que dios ayude a mi familia”.

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