Seis meses después, ¿qué aprendió EU del desastre petrolero en el Golfo?

Estados Unidos endureció las leyes para garantizar la seguridad en las plataformas de perforación, pero mantiene su dependencia al petróleo
derrame  mancha de derrame en el golfo de mexico
John D. Sutter
Autor: John D. Sutter
(Reuters) -

Era el mes de mayo cuando Ed Overton y otros científicos viajaban en un bote pesquero hacia lo que se convertiría en el mayor derrame petrolero en la historia de Estados Unidos. El agua del mar lucía café y espesa. El aire olía a gas. El petróleo podía verse desde un extremo del horizonte al otro. Overton, sentado al fondo del bote, se sentía molesto.

"Simplemente irrita que no estábamos preparados para una situación como esa y que no teníamos estudios al respecto", considera el profesor de la Universidad Estatal de Louisiana.

Seis meses después de que la plataforma de perforación administrada por BP explotó (el 20 de abril) y provocó un derrame a 1,500 metros de profundidad en el Golfo de México, persiste un debate acerca de lo que Estados Unidos aprendió o no de este desastre.

Hay acusaciones de que el país cerró los ojos antes los continuos problemas que causaron el derrame. Sin embargo, es cierto que ha habido algunos cambios en los últimos seis meses.

Prevención de derrames

Tras el derrame, buena parte del enfoque ha sido prevenir otro desastre. El gobierno de Obama emitió una serie de reglamentaciones para ayudar a evitar que las perforaciones en aguas profundas antepongan las ganancias económicas a la seguridad.

El Departamento del Interior, por ejemplo, exige a las compañías realizar auditorías independientes de los dispositivos para prevenir derrames, es decir, pesados artilugios metálicos que se supone contienen el petróleo en caso de una explosión submarina.

En el caso de la plataforma petrolera Deepwater Horizon, donde ocurrió el accidente, fue precisamente ese dispositivo el que falló después de que se registró la primera explosión que causó el resto del desastre.

Las plataformas de perforación también están expuestas a recibir inspecciones sorpresa de parte de técnicos federales, de acuerdo con Reuters.

El gobierno de Obama además reestructuró el Servicio de Gestión de Minerales, la agencia federal que debe garantizar la seguridad en perforaciones.

La misma agencia cambió de nombre —quizá por cuestiones de marca— a Oficina de Gestión de Energía Oceánica, y fue separada en dos áreas: una vigila las perforaciones en agua profundas, lo que refuerza las regulaciones de seguridad e inspecciones, y la otra emite los contratos de perforación.

Esta situación todavía crea un conflicto de intereses en la agencia que es directamente responsable de cuidar los riesgos y garantizar la seguridad en la industria, de acuerdo con Steven Cohen, director ejecutivo del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, en Nueva York. Aún así, asegura, la situación es mejor que antes del derrame.

"Lo que está claro es que no estaban reforzando las regulaciones ni siquiera en el papel, y lo que es particularmente sorprendente acerca de este incidente es que las empresas que administraban esto (la plataforma de perforación) no estaban sujetas a inspecciones y regulaciones significativas", explica.

La Cámara de Representantes aprobó una iniciativa de ley en julio pasado para otorgar fondos para mejorar la seguridad en las perforaciones petroleras, de acuerdo con Cohen, sin embargo, no pasó en el Senado. Los actuales esfuerzos para regular la industria no cuentan con recursos, agregó.

El gobierno de Obama nombró un grupo de trabajo que reevaluará la regulación del país de la perforación en aguas profundas. El reporte será entregado el 12 de enero.

Adicción a la energía

Hay quien asegura que el derrame evidenció que Estados Unidos debe ir a la raíz del problema: su adicción a los combustibles fósiles.

Reducir la cantidad total de energía empleada en el país disminuye automáticamente el riesgo de padecer otro derrame, dice Peter Lehner, director ejecutivo del Consejo de Defensa de Recursos Naturales, un grupo de abogados sobre asuntos medioambientales.

Si se recorta el consumo de energía "no tendremos que esforzarnos tanto para conseguir petróleo, ya sea traerlo del extranjero o perforar en algún lugar", menciona.

Cohen, de la Universidad de Columbia, opina que esta lección es difícil de aprender.

"Somos completamente adictos a los combustibles fósiles. Nuestra economía lo requiere y no tenemos ninguna alternativa convincente en este momento", sostiene. "Básicamente somos junkies. Un junkie con sobredosis no convence a los otros jukies de dejar su adicción".

Pero reconoce que sí hay un aprendizaje: "En general, la gente ha aprendido que (la perforación en aguas profundas para conseguir petróleo) es un riesgo y una estrategia de corto plazo, pero por ahora no hay alternativa".

Ambos, Cohen y Lehner, lamentaron el hecho de que el Congreso de Estados Unidos no aprobara la legislación energética que hacía énfasis en reducir la dependencia a los combustibles fósiles. El derrame de petróleo parece no haber sido suficiente para influenciar la opinión de la gente y los políticos sobre el asunto, dijeron.

La respuesta a la emergencia

Otros esfuerzos se concentran en la respuesta a futuros derrames. Erik Milito, director de operaciones y exploración del Instituto Americano del Petróleo está convencido de que la industria está mejor equipada para manejar otro derrame después de la experiencia del Golfo de México.

"Realmente enfrentamos una situación que no habíamos tenido antes", opinó. Tanto la cantidad de petróleo como el hecho de que se derramara en el fondo del mar eran inéditos. "Creemos que ahora somos capaces de sellar un pozo petrolero mucho más rápido".

Milito recordó que las cuatro mayores compañías de petróleo (Exxon Mobil, Chevron, ConocoPhillips y Royal Dutch Shell) se comprometieron a entregar mil millones de dólares para crear un sistema rápido en caso de un nuevo derrame.

Aunque también asegura que es poco probable que ocurra otro igual. "Este evento fue una aberración. Creemos que eso fue. Fue anormal", aseguró. "Fue trágico, pero creemos que fue un hecho aislado".

Cohen consideró que la presión pública ejercida sobre las compañías de petróleo tras el desastre de BP también creó un incentivo para que operen de forma más segura.

Overton agregó: "Es una cantidad asombrosa de dinero lo que le costará esto a BP (…) así que creo que todo mundo ha aprendido la lección".

"Realmente no tenemos una buena política de energía sustentable para este país. Todo mundo dice que debemos dirigirnos hacia las alternativas renovables, pero ni tu ni yo veremos eso en nuestras vidas", agregó.

"Sin embargo, debemos comenzar ahora. Si no tenemos ideas y esfuerzos razonables, no estaremos aquí en 20, 30 o 40 años".

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