Dilma Rousseff tendrá que encontrar un equilibrio en Brasil

Tendrá que asegurar a los inversionistas que no será más izquierdista que su antecesor y a la vez seguir con sus políticas sociales
20/02/2010.- El presidente brasileño, Luis Inácio Lula da Silva (d), y la actual ministra de la Presidencia, Dilma Rousseff (i), participan
EFE- lula en campaña  20/02/2010.- El presidente brasileño, Luis Inácio Lula da Silva (d), y la actual ministra de la Presidencia, Dilma Rousseff (i), participan  (Foto: )
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SAO PAULO (Reuters) -

Dilma Rousseff enfrenta un difícil acto de equilibrismo en política económica cuando se convierta en presidenta de Brasil el sábado: mostrar que está a cargo, pero sin asustar a los escépticos a los que les preocupa que expanda demasiado el rol del Estado.

La economía de Brasil sigue rindiendo mejor que la de la mayor parte del mundo, pero también supone una lista de desafíos que requerirán de la atención inmediata de Rousseff, desde una inflación en alza a un tipo de cambio sobrevalorado y cuentas fiscales que se deterioraron mucho en el 2010.

Rousseff, una economista que antes de este año nunca había postulado a un cargo de elección popular, aún debe probar a muchos inversores de Wall Street y a sus propios compatriotas que posee la habilidad técnica y política para lidiar con esos problemas.

Pero si es vista tomando un rol muy activo en áreas como política monetaria y la asignación de crédito de bancos estatales, se arriesga a alimentar la opinión de que gobernará más a la izquierda que su predecesor, el enormemente popular presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

El resultado: tiene que verse fuerte. Pero no tan fuerte.

"Es una línea fina", dijo Oliver Leyland, administrador de cartera bursátil de Mirae Asset, en Sao Paulo.

"Está bajo presión para ser favorable hacia la comunidad de inversores y mostrar que la pesada mano del gobierno no es tan pesada. De otro modo, existe el riesgo de retroceder al punto en que Brasil realmente necesite un montón de inversiones por varias razones", sostuvo.

Esas razones varían, desde el gran déficit de la cuenta corriente de Brasil a su necesidad de financiar grandes inversiones en infraestructura en la medida en que su economía crece y se prepara para organizar el Mundial de Fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos 2016.

Rousseff, ex jefa de gabinete de Lula, ha acumulado un cierto grado de buena voluntad de los inversores al rodearse de un equipo económico de respetados tecnócratas, incluyendo el ex ministro de Hacienda Antonio Palocci, un arquitecto de la prosperidad bajo el gobierno de Lula, quien será el nuevo jefe de gabinete. 

Prueba temprana

Gracias en su mayor parte a una administración macroeconómica estable y una bonanza del crédito al consumidor, se espera que la economía de Brasil crezca más de un 7% en el 2010.

Eso sería una continuación de una tendencia reciente que ha levantado a más de 20 millones de brasileños desde la pobreza extrema en la última década y que otorgó a Brasil un lugar entre la élite de mercados emergentes que también incluye a Rusia, India y China.

El ministro de Hacienda, Guido Mantega -que mantendrá su cargo en el nuevo Gobierno-, ha dicho reiteradamente en meses recientes que la inflación subyacente está bajo control y que próximos recortes fiscales deberían reducir la necesidad de aumentos de la tasa de interés.

Esos mensajes han creado la percepción entre algunos inversores de que el Ministerio de Hacienda y el Banco Central no están en la misma página, y que Rousseff podría necesitar intervenir silenciosamente.

"La relación (entre el Ministerio de Hacienda y el Banco Central) tendrá que ser mediada y sólo la presidenta puede hacer eso (...) Pero, por supuesto, debe ser sutil, porque también debe evitar la percepción de que está influenciando la política monetaria", dijo André Guilherme Pereira Perfeito, economista de Gradual Investimentos, en Sao Paulo.

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