Las fosas comunes reemplazan los funerales tradicionales en Japón

El entierro ceremonial de los japoneses fue sustituido por funerales colectivos y fosas comunes en un intento por evitar enfermedades
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Autor: Kyung Lah
(CNN) -

Ikuo Fujiwara se detiene frente a los restos de un templo budista, junta sus manos y empieza a orar.

El monje se suelta a llorar, un acto involuntario, mientras le pregunta al cielo qué puede hacer para reconfortar a su ciudad natal destruida y empezar a reconstruir su santuario espiritual.

Fujiwara necesita que el cielo le hable, pues él debe presidir el primer entierro masivo en Kamaishi. Atrás de su templo, resuena el sonido de maquinaria pesada escarbando zanjas gigantes para ataúdes a través de los restos del edificio de 300 años.

"No tenemos suficientes lugares para cremar los cuerpos", dice Fujiwara. "Así que estamos enterrando los cuerpos aquí temporalmente".

Las zanjas están a 50 metros de los lotes del cementerio budista, en donde están restos cremados bajo lápidas grises. Esta es una práctica sagrada que todo japonés espera a su muerte, explica Fujiwara. Un funeral japonés es elaborado, formal y ritualizado en la fe budista.

Así que las amplias zanjas y ataúdes, que eventualmente estarán ahí juntos, son un insulto insoportable en las mentes de los ciudadanos comunes japoneses.

Pero las expectativas ordinarias fueron abandonas en la zona del tsunami en Japón, en donde pueblos enteros fueron diezmados por una ola gigante que llegó provocada por el temblor de 9 grados el 11 de marzo.

"Estoy muy triste por esto", dijo Fujiwara, añadiendo que los entierros masivos son uno de los componentes del dolor abrumador que se sintió en Kamaishi. "Mis amigos y los miembros del templo, todavía no sé a cuántos de ellos perdí. Estoy preocupado por si podremos reconstruir".

Fujiwara no parece un monje del templo, usa botas de pescador y un abrigo de invierno. El tsunami destruyó todas sus batas. Como muchas de las víctimas en luto por el tsunami, no puede usar ropa adecuada para un funeral.

Fujiwara dice que intentará llevar a cabo el servicio más respetuoso que pueda ofrecerle a los sobrevivientes que estarán formados frente a las zanjas. Pero sabe que en la mente de muchos de esos familiares, nunca sustituirá una ceremonia budista japonesa.

Sin embargo, los líderes de salud de la ciudad dicen que no tienen otra opción que enterrar los cuerpos en fosas comunes. Miles de cuerpos rescatados de los escombros los guardan en gimnasios de escuelas convertidos en morgues.

Cerca de 17,000 personas siguen perdidas, así que oficiales creen que encontrarán más cuerpos. Aún si son identificados, los crematorios de la costa norte de Japón están dañados por el tsunami o llenos. Una escasez de gas natural ha significado que no se puedan llevar cuerpos a otras partes del país.

Haciendo hincapié en que los entierros serán temporales, las ciudades han comenzado el proceso de colocar los cuerpos en fosas comunes para evitar brotes de enfermedades.

Tadaharu Kinoshita busca en las morgues de Kamaishi a su hermano. Dice que le duele el corazón de pensar que su hermano quede en una fosa común.

Pero hay una indignación más grande, dice.

"Mi esperanza es encontrar su cuerpo", dice Kinoshita. "Si sigue perdido, nunca sabremos. Aun si está en una fosa común, al menos así, sabremos".

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