Ali Agca no pidió perdón al Papa por dispararle: ex vocero del Vaticano

Quien por 22 años fue vocero de Juan Pablo II dijo que el terrorista turco sólo le preguntó al Papa por el tercer secreto de Fátima
Juan Pablo II - atentado en San Pedro - 1981
Juan Pablo II - atentado en San Pedro - 1981  Juan Pablo II - atentado en San Pedro - 1981
(Reuters) -

El terrorista turco Mohamed Ali Agca, quien disparó contra Juan Pablo II en 1981 en El Vaticano, no pidió perdón al Papa cuando éste le visitó dos años después en una cárcel italiana y sólo le preguntó por el Secreto de Fátima, "dejándole muy sorprendido", recordó el que fuera su portavoz, Joaquín Navarro Valls.

Con motivo de la beatificación de Juan Pablo II, quien durante 22 años fue su portavoz, el español Navarro Valls, recordó en un programa de la televisión italiana RAI, que se emitió el domingo, algunos momentos del pontificado, entre ellos el atentado de la plaza de San Pedro el 13 de mayo de 1981.

El papa polaco estuvo a punto de morir al ser alcanzado por los tiros que le disparó Agca. Juan Pablo II le perdonó en varias ocasiones, una sólo cuatro días después del atentado y en 1983, cuando visitó al turco en la cárcel romana de Rebbibia.

Navarro recuerda que Juan Pablo II quedó muy sorprendido porque durante esa visita Agca no le pidió perdón y lo único que le dijo fue: "me tienes que decir cuál es el secreto de la Virgen de Fátima".

"Ninguna palabra de perdón. Estaba (Agca) obsesionado con lo que había leído en los diarios", señaló Navarro.

Agca mantenía -sobre todo después de que se desvelase que el llamado tercer secreto de Fátima se refería al atentado al Papa de 1981- que se sentía "como un instrumento inconsciente de un plan misterioso".

Ali Agca ya contó en el año 2000 que cuando le visitó Juan Pablo II en 1983 le preguntó "directamente" por el secreto de Fátima, pero que el Papa no le hizo ninguna consideración.

"El Papa -subrayó en aquella ocasión- mantuvo un silencio absoluto, lo que me causó una profunda desilusión, junto a la gran alegría de haberme encontrado con él".

Juan Pablo II siempre mantuvo que "una mano disparó (la de Agca) y otra mano (la de la Virgen) guió la trayectoria de la bala y el Papa agonizante se detuvo en el umbral de la muerte".

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