Los dueños de licorerías en Bagdad temen por sus vidas

Al menos 25 licorerías han sido bombardeadas en la capital de Iraq sin que nadie sepa quién está detrás de los ataques
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Autor: Mohammed Tawfeeq y Chelsea J. Carter
(Reuters) -

Cada día que Abu Yaqoub abre su licorería en Bagdad, cree que puede ser la última vez.

Es un miedo que Yaqoub tiene desde hace meses, cuando los insurgentes comenzaron a bombardear licorerías propiedad de las minorías en la capital iraquí, después de que las autoridades rescindieron la ley que prohibía la venta de alcohol.

Pero en las últimas semanas, los ataques aumentaron tanto en la radio como en ferocidad, al igual que el miedo de Yaqoub.

No está claro quién está atacando las tiendas, aunque las explicaciones de los dueños, autoridades y legisladores son variadas, así como los problemas que enfrenta Iraq: tanto políticos y sociales como religiosos y seculares.

“Tener una licorería en Bagdad es el negocio más peligroso porque hay muchos grupos que están en contra de este tipo de negocio, tanto dentro como fuera del gobierno”, dijo Yaqoub, de una minoría Yazidi que ha sido blanco de los insurgentes en los últimos años.

Ashur Essa conoce el miedo de Yaqoub. Él también tiene una licorería en el centro de Bagdad que está ubicada cerca de un punto de revisión policiaco.

“Es doloroso ver lo que está pasando en nuestro país”, dijo Essa, un cristiano de 46 años.

“Todos los iraquíes solían vivir juntos, unidos, no importaba quién era suní o chiita, musulmán o cristiano”.

Essa cree que los ataques no son tanto por ser licorerías sino por una lucha para equilibrar una inexperta democracia con la tradición religiosa conservadora.

“Es por la democracia que los estadounidenses nos prometieron”, afirmó.

Bajo la tradición islámica, los musulmanes no toman alcohol. Pero en muchas partes de Bagdad, no es raro ver a personas bebiendo alcohol en cafeterías y restaurantes.

A los pocos meses de la invasión liderada por Estados Unidos en el 2003 que sacó a Saddam Hussein del poder, las licorerías de Bagdad y en otras partes fueron bombardeadas o baleadas.

Los dueños culparon a al-Qaeda y a los militares chiitas (como el ejército mahdi del clérigo radical Muqtada al-Sadr) por los ataques.

A pesar de los ataques, el número de licorerías y clubes nocturnos florecieron en Bagdad.

Pero en todos los demás lugares, las firmes prohibiciones y leyes enfocadas a mermar la disponibilidad de alcohol fueron aplicadas en comunidades primordialmente chiitas.

El año pasado, con un gobierno con mayoría chiita, las autoridades de Bagdad reintrodujeron la ley de los tiempos de Saddam Hussein que prohibía a los musulmanes vender alcohol y requería que cualquiera que quisiera hacerlo tuviera una licencia para ello.

Las autoridades dijeron que la implementación de esta ley buscaba regular las ventas de alcohol, de manera similar a como ocurre en otros países.

Pero en enero, el líder del Consejo Provincial de Bagdad, Kamil al-Zaidi le dijo al New York Times: “Somos un país musulmán y todos deben respetar eso”.

Durante el mismo período, al-Sadr –un aliado del gobierno chiita del Primer Ministro Nuri al-Maliki– arremetió contra las licorerías y los clubes nocturnos, incluso emitiendo una fatwa, una opinión religiosa que insta a sus seguidores a apoyar la prohibición y oponerse contra aquellos que quieren ser “inmorales como Occidente”.

Pero cuando decenas de miles de manifestantes, inspirados por los levantamientos en Egipto y Túnez, tomaron las calles de Iraq para protestar por la corrupción y la falta de libertades individuales, las autoridades retiraron la ley.

A las pocas semanas, los ataques contra las licorerías comenzaron.

Desde marzo, al menos 25 licorerías han sido bombardeadas en Bagdad, comentó a CNN un funcionario del ministerio del Interior. El funcionario habló en el anonimato ya que no está autorizado para informar a los medios.

La mayoría de las licorerías que fueron atacadas pertenecían a cristianos y yazidis, según el funcionario. Las minorías religiosas como los cristianos y yazidis, conforman menos del 5 % de la población de Iraq, según el Alto Comisionado para Refugiados de la ONU, (ACNUR).

Desde el 2033, los ataques de insurgentes y extremistas religiosos contra estas minorías han provocado la salida del país de más de la mitad de estas minorías, según las estadísticas de la ACNUR.

Los yazidis, una de las minorías más pequeñas de Iraq, son descendientes de los kurdos y su religión es considerada una secta preislámica que proviene del cristianismo, judaísmo y zoroastrismo.  

En días recientes, el dueño de una licorería tuvo que barrer los escombros después de que estallara una bomba plantada afuera de su tienda. El dueño, que se identificó como Khalil, dijo que tenía esperanzas cuando el Ministerio de Turismo de Iraq le concedió una licencia que le permitió reabrir su tienda después de que la ley fuera eliminada.

Pero dos semanas después su tienda fue bombardeada durante el toque de queda nocturno de Bagdad. Son momentos, dice Khalil, en que sólo las fuerzas de seguridad deberían estar en las calles.

“Si el ejército y la policía iraquí no pueden detener ataques tan simples, ¿cuál es el punto de un toque de queda?”, comentó Khalil, un yazidi de 28 años.

Asimismo, Khalil dijo que estaba considerando cerrar su tienda y dejar Bagdad para irse al norte kurdo, una región considerada más segura que la capital iraquí.

“No hay ningún lugar a salvo en Bagdad. Creo que tendré que irme”.

Dejó de barrer y se quedó mirando fijamente a los autos que pasaban por su tienda. Luego, regresó a continuar limpiando.

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