Indocumentados se podrán quedar en EU, pero sin opción de universidad

El freno a las deportaciones de estudiantes indocumentados no garantiza acceso a estudios universitarios o mejores condiciones de vida
El acuerdo migratorio causa alegría y escepticismo
Wilbert Torre
Autor: Wilbert Torre | Otra fuente: CNNMéxico
(CNNMéxico) -

Luego de que el pasado 15 de junio el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, decidiera suspender la deportación de estudiantes indocumentados, con la que según su gobierno se impedirá la deportación de 800,000 mil ilegales, algunos jóvenes de origen mexicano cuentan cuáles son sus expectativas para su futuro en ese país.

Viridiana tenía un año cuando su madre se la llevó de México a Estados Unidos. Un tío cruzó el Río Bravo con ella en brazos hasta Phoenix, en Arizona, donde aprendió a caminar y hablar inglés y español. Cuando se graduó de preparatoria, un consejero universitario le dijo que su diploma no le serviría de nada.

A los 21 años, Viridiana trabajaba por la noche como telefonista, despachando taxis, asistía a la universidad sin dormir. El patrón le pagaba poco o no le pagaba. No tenía seguro social, licencia de conducir, ni pasaporte estadounidense. Era indocumentada. Cuando un día se hartó y dijo a su patrón que carecía de papeles, la despidió.

A Viridiana le trastornaba la idea de que en cualquier instante podía ser deportada y no volvería a ver a su mamá y a sus tres hermanos, nacidos en Estados Unidos. Evitaba ir al cine y a las fiestas de amigos. Le daba miedo salir a la calle.

Un día de mayo de 2012, se paró en la mitad de una de las principales avenidas de Phoenix y junto con otros cinco jóvenes indocumentados, detuvo el tráfico. Habían decidido desafiar al sheriff de Maricopa, Joe Arpaio, cuestionado por su política antiinmigrante en el condado de Arizona.

El propósito de los jóvenes era exigir al gobierno que detuviera las deportaciones de chicos que habían nacido en otro país, pero que han vivido en Estados Unidos casi toda su vida.

Viridiana asegura que los agentes la encerraron en una prisión “sucia y maloliente”, la llamaban “mexicanita” y la amenazaba con la deportación. Los jóvenes fueron puestos en libertad luego de que unas 30 personas, lideradas por la activista Dulce Matuz, nombrada este año como una de las personas más influyentes por la revista Time, protestaran  frente a la sede la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) en Phoenix el 17 de mayo, de acuerdo con un reporte de la agencia EFE.

El presidente Barack Obama anunció el 15 de junio un alto a las deportaciones de personas menores de 30 años que llegaron a EU antes de cumplir 16, residentes desde hace más de cinco años, que sean estudiantes y que no hayan cometido delitos.

United we Dream, una organización de defensa de los jóvenes nacidos en otro país que los últimos años han peleado para que se abra un camino a la ciudadanía y se reconozca su derecho a educación superior en Estados Unidos, estima que cada año son deportados alrededor de un millón y medio de jóvenes indocumentados, y que la medida anunciada por el gobierno de Obama el viernes 15 de junio beneficiará a 800,000 estudiantes.

En enero de 2011, la cifra de migrantes indocumentados en Estados Unidos llegó a los 11.5 millones, la mayoría procedentes de México ( 6.8 millones), reveló en un informe  el Departamento de Seguridad Interna (DHS, por sus siglas en inglés).

Integrantes de algunos grupos a favor del Dream Act —Ley de Desarrollo, Alivio y Educación de Menores Extranjeros (que en inglés usa el acrónimo DREAM Act por Development, Relief and Education for Alien Minors Act)— recibieron la decisión con alegría, pero pronto la cuestionaron. Han dicho que no se trata de una orden ejecutiva, sino de un memorándum que puede ser revocado por un nuevo presidente.

“Me miraban diferentes”

Santiago García, de 21 años, vivía con su familia en las vías del tren, en Cherán, Michoacán, donde su madre obtenía comida en los desperdicios de los restaurantes.

Cuando Santiago tenía tres años, cruzaron la frontera y llegaron a Carolina del Norte. Al cumplir 11, se mudaron a un vecindario de casas rodantes habitado por blancos. “Fue la primera vez que noté que era diferente y la gente me miraba diferente”, recuerda.

Dos semanas después, los vecinos balearon el tráiler. Santiago tenía mucho miedo, preguntó a sus papás por qué no hacían nada y pensaba que eran unos cobardes. Una noche le explicaron que no pertenecían a ese país donde vivían. “Hay una policía que nos puede detener y regresar a México”, le dijeron sus padres, “es la migra”.

La primera vez que Brian de los Santos, nacido en Veracruz hace 21 años, abordó un avión, tenía 18 años. Iba a viajar a Washington y temblaba, con su pasaporte mexicano en las manos, al pensar que podían deportarlo.

Cuando Viridiana, Brian y Santiago decidieron estudiar en la universidad, se enfrentaron a la misma odisea: pagar tres o cuatro veces más que un estudiante nacido en Estados Unidos. El padre de Brian pidió un préstamo para pagar la colegiatura, pero no tuvo suerte y regresó al campo, donde había comenzado a trabajar a los 12 años cultivando manzanas y tabaco.

Viridiana y un grupo de amigos organizaron ventas de garaje para reunir los 20,000 dólares del costo de la carrera. Santiago fundó un grupo de activistas que protesta por las deportaciones de miles de estudiantes. En junio de 2012, tomaron las oficinas de campaña del presidente Obama en Colorado, Ohio y Michigan. Se preparaban para invadir Georgia y Carolina del Norte, cuando el gobierno anunció la decisión.

“Nuestras acciones presionaron a Obama”, dice Santiago, quien afirma que el memorándum que ordena detener las deportaciones ya existía y que las autoridades no cumplían.

“No estamos celebrando”

“Obama dice que nos va a ayudar, pero sus acciones dicen otra cosa”, dice Santiago, “dio esta orden porque quiere ser reelecto y necesita el voto latino. Es como una persona que miente y a la que le pierdes la confianza. No estamos celebrando. Vamos a ver qué sucede”.

Vive en Ohio, pero con frecuencia regresa a casa de sus padres, también indocumentados, en Carolina del Norte, para trabajar en el campo. Piensa dedicar una buena parte de su tiempo a hacer activismo para presionar al Congreso y al gobierno a comprometerse con la aprobación del Dream Act. Tiene tres hermanos, dos indocumentados, de 26 y 23 años, que viven en EU y una de 28, que regresó a México.

Brian se graduó en Periodismo y se mudó a Washington, donde fue contratado por Hispanic Link, una agencia de noticias latina. Desea estudiar una maestría, pero como no tiene documentos, le costaría “muchísimo dinero”. Su padre, indocumentado, perdió el empleo hace cuatro años y la familia se está recuperando tras perder una casa hipotecada. Tiene un hermano de 17 años que nació en EU y que acaba de graduarse de preparatoria.

Viridiana se graduará en mayo de 2013 en Educación. Vive en Phoenix y le gustaría dedicarse a planear políticas públicas en educación. Para ella, como para Brian y Santiago, no tener documentos siempre será un obstáculo para obtener un buen empleo. Ella es la única indocumentada de cuatro hermanos.

La decisión del gobierno de Obama de poner un alto a las deportaciones no cambiará en gran medida la vida de Viridiana, Santiago y Brian. No les abrirá una camino a la ciudadanía ni a tener papeles. Lo único que asegura, en teoría, es que no serán deportados.

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