Ciudadanos naturalizados explican por qué son estadounidenses por elección

Miles de personas de otros países se convierten cada año en ciudadanos de EU por distintos motivos
No nacieron en EU, pero festejan el 4 de julio
Autor: Rachel Rodriguez
(Reuters) -

El ambiente es silencioso y tranquilo mientras unas 150 personas toman sus asientos. Cada una agarra una carpeta y una pequeña bandera estadounidense. Unos cuantos cuchichean que están nerviosos, pero no pueden explicar las razones. Son las ubicuas mariposas en el estómago que parecen presentarse ante cualquier gran día, cualquier decisión importante.

Entre los grandes días, este es uno de los más grandes. Todas estas personas están a punto de convertirse en ciudadanos de Estados Unidos. Conseguirán el derecho a votar, a trabajar en determinados empleos, ser parte de un jurado y postularse para un cargo. En aproximadamente una hora, cuando finalice su ceremonia por la ciudadanía en Atlanta, oficialmente serán estadounidense por elección.

Jutka Emoke Barabas recuerda también esa sensación de nerviosismo. Se naturalizó en el 2000 en Honolulu, donde aún vive, y es una de los varios iReporters de CNN que hablaron acerca de por qué decidieron convertirse en ciudadanos estadounidenses. “Todos llegamos muy temprano y nos quedamos parados y esperando, apenas pudiendo contener nuestra emoción”, dijo. “Todos parecían hablar al mismo tiempo, compartiendo sus historias con los demás”. Había un soldado de Camboya, y la propia Emoke Barabas, refugiada política de Hungría.

Escritora con posturas discrepantes, Emoke Barabas dijo que había sido mandada a una prisión rumana en la era de exdictador Nicolae Ceausescu. Su padre le mostró una foto de la Estatua de la Libertad, diciéndole: “Este es el lugar donde vive la libertad”. Tras su liberación, dijo que llegó a Suiza y, finalmente, a Estados Unidos, en 1990. Diez años después se convirtió en ciudadana estadounidense.

“Para mí, la ciudadanía estadounidense significa libertad de expresión y de vivir y trabajar en un país libre... y no tener el temor de ser arrestada o acosada por el hecho de poseer ciertos libros o fotografías ordinarias”, dijo Emoke Barabas. También siente un sentido de responsabilidad hacia su país de adopción. “Ser estadounidense no es solamente un gran honor, sino también una obligación de hacer más y llegar más alto”.

Esta mañana ha habido una larga espera en el caluroso clima de Atlanta para los inmigrantes en espera de su naturalización. El primero en la fila llegó cerca de las 08:00 horas para una ceremonia que empieza a las 09:30. Pero esto es sólo el último tramo de un maratón que dura años y por el que la mayoría de ellos ha pasado para convertirse en estadounidenses.

Para la mayoría de las personas, son necesarios al menos cinco años para convertirse en ciudadano, y eso es después de que ya se tiene una tarjeta verde —el estatus de residencia permanente— proceso que por sí solo puede tardar años.

Muchas personas de las que están en la ceremonia han estado en Estados Unidos durante 10 años o más. Una mujer se mudó aquí en 1978.

Mario Imania sabe cómo se siente. Le tomó 17 años convertirse en un ciudadano. Llegó para estudiar a Estados Unidos procedente de Bolivia en 1988, y no recibió la naturalización sino hasta 2005.

“Estoy agradecido por la oportunidad de quedarme, estudiar y trabajar (en EU), pero de ningún modo fue gratuito”, dijo Imania. “El proceso fue una pesadilla que nunca terminó: miles de dólares y muchos años de miedo y sentirse desesperanzado”.

¿Lo volvería a hacer? Sí, dijo. A pesar de que Estados Unidos no cumplió con todas sus expectativas —siente que la sociedad le juzga con base en su “raza, color, origen, apariencia y, sí, por estado civil” (Imania es gay)— aun así dijo, “me encantas Estados Unidos. Al final eres mi casa”.

Ya casi es la hora. Amigos y familiares comienzan a entrar en el salón de actos —tuvieron que esperar hasta que todos los candidatos a la ciudadanía estuvieran sentados— y el ambiente se relaja un poco. Hay saludos y sonrisas, unos cuantos niños emocionados. La sala ya está llena con los candidatos y sus seres queridos. Las cámaras empiezan a salir.

Roland Tadoum es uno de los que hizo clic a su cámara durante toda su ceremonia de naturalización. Se convirtió en ciudadano en 2007, tras haberse mudado a Estados Unidos, procedente de Camerún, hace 13 años.

“Me acababa de graduar de la preparatoria, la situación política en Camerún avanzaba hacia un sistema multipartidista, la moneda del país se había devaluado, los bancos quebraban, el desempleo estaba en su apogeo, los funcionarios y profesores universitarios estaban constantemente en huelga”, dijo. “Fue una decisión fácil”.

Una vez en Estados Unidos, Tadoum hizo la licenciatura en Ciencias de la Computación y continuó para obtener un MBA. Hoy es gerente de proyecto para una gran empresa del rubro de la salud.

“No sé si mi éxito pudiera pasarle a un estadounidense que se vaya a Camerún”, dijo Tadoum.

Tres autoridades se acercan al podio y da inicio la ceremonia. Se baja la intensidad de las luces, y la audiencia se pone de pie cuando el himno nacional se escuchan desde los altavoces.

Las autoridades dicen que están representados 54 países en la ceremonia de naturalización de hoy. Enumeran a cada uno de ellos, pidiéndole a la gente de cada uno de esos países ponerse de pie, y todas las nacionalidades mencionadas son recibidas con aplausos. Brasil, Ghana, Irán y Corea del Sur reciben los aplausos más estridentes. Todos se encuentran ahora de pie, los nombres de todos sus países ya fueron mencionados.

El momento ha llegado. “Señoras y señores, por favor, levanten su mano derecha”.

Los flashes de las cámaras, teléfonos grabando videos. Los amigos y familiares de los candidatos a la naturalización los rodean en la sala, capturando el juramento de ciudadanía. Finalmente terminan el largo juramento y hay aplausos y fanfarrias. Ahora son estadounidenses, ciudadanos de Estados Unidos. Muchos sostienen y agitan sus pequeñas banderas estadounidenses. Ahora es el momento de decir el Juramento de Lealtad. Se ponen de pie con las manos sobre sus corazones y mirando a la bandera.

“Hacer el juramento a la bandera fue uno de los momentos de mayor orgullo de mi vida”, recuerda Stephen Park, quien asistió a su propia ceremonia de naturalización en 2005. Originario de Escocia, se mudó a Estados Unidos para estar con su esposa, quien es de Chicago. La pareja se conoció a través de internet y decidieron construir su nueva vida juntos en Estados Unidos.

Park tenía su tarjeta verde, “pero eso no era suficiente para mí", decidió. “Creo firmemente en la Constitución de este país y el sólo tener derecho a trabajar en este lugar no era suficiente. Quería tener el derecho a votar y quería el derecho a decir que soy estadounidense”.

“Ningún otro país te da el derecho a buscar la felicidad, y ese es el derecho que he tomado firmemente con ambas manos”, dijo Park. “Mucha gente se queja de este país ... pero intenten vivir en otro lugar sin tener todos los derechos que se dan por sentados. En cierto modo, nosotros los inmigrantes somos los afortunados; vemos con más claridad las oportunidades que esta gran nación ofrece a toda su gente”.

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La ceremonia de ciudadanía sólo dura aproximadamente 40 minutos en total. Los nuevos ciudadanos sonríen, mientras a cada uno le entregaban su certificado de naturalización.

La mayoría permanece para tomarse fotos en frente de la gran bandera estadounidense junto al podio, o con un retrato del presidente Obama que está colgado en la pared. Con orgullo muestran sus certificados de naturalización y ondean sus banderas para la cámara. Ahora son estadounidenses, estadounidenses por elección.

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