México necesita definir qué tipo de relación quiere con EU: Carlos Heredia

El inicio de nuevos gobiernos en ambos países es una "ventana de oportunidad" para replantear cómo encarar retos comunes, dice el académico
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Autor: Mauricio Torres | Otra fuente: 1

Nota del editorEste trabajo pertenece a una serie de entrevistas de CNNMéxico sobre la relación de México y EU, de cara a las elecciones del 6 de noviembre. Consulta la entrevista con Rosario Green y con Enrique Berruga 

CIUDAD DE MÉXICO (CNNMéxico) Los últimos cuatro años, México ha logrado construir una fuerte comunicación con autoridades de EU, aunque no ha producido “resultados concretos específicos” en los principales temas de la relación bilateral —comercio, migración, seguridad, cooperación internacional— en parte porque México carece de “una decisión clara” de qué quiere con Estados Unidos, considera el académico Carlos Heredia.

Ante ese panorama, señaló Heredia, es necesario que, sin importar quién gane la presidencia estadounidense en las elecciones del próximo 6 de noviembre, el demócrata Obama o el republicano Mitt Romney, México defina qué tipo de vínculos quiere tener con su vecino, con el que comparte una frontera de más de 3,000 kilómetros. 

“Más allá de que con frecuencia lo que ocurra entre los dos países sea resultado de la voluntad de Estados Unidos. Hay una ausencia de un planteamiento integral, estratégico”, dijo Heredia, director de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), uno de los más prestigiosos de México. 

Un aspecto que según Heredia debe recibir especial atención es la forma en la que México pueda aliarse con Estados Unidos y Canadá para generar intercambios comerciales con la región de Asia-Pacífico, que se consolida como el “centro de gravedad” de la economía global.

La postura coincide con la prioridad en las relaciones comerciales con EU del próximo gobierno mexicano, según explicó recientemente Emilio Lozoya, vicecoordinador de Asuntos Internacionales del equipo de Enrique Peña Nieto.

En cualquier caso, para Heredia también es relevante el combate del crimen organizado, un asunto en el que ambas naciones afirman estar comprometidas a afrontar un “problema común” a través de mecanismos como la Iniciativa Mérida, un acuerdo bilateral firmado en 2007 por el que Estados Unidos otorga a México recursos para enfrentar a la delincuencia. Desde diciembre de 2006 a septiembre de 2011, murieron más de 47,000 personas en hechos ligados a la delincuencia, según cifras del gobierno mexicano. 

“En el campo de la cooperación en materia de seguridad, queda el gran interrogante de si esa cooperación va a seguir enfocada en tratar de interceptar los envíos y cargamentos de drogas hacia el norte o más bien a poner como prioridad la seguridad ciudadana, la seguridad de las familias, de los ciudadanos mexicanos en su vida, en su integridad física, en sus propiedades, que son víctimas hoy de delitos que lastiman incluso más que el propio narcotráfico, como el secuestro o la extorsión”, dijo Heredia. 

A través de la Iniciativa Mérida, Estados Unidos ha entregado a México más de 1,600 millones de dólares en ayuda para combatir a los miembros del crimen organizado. Sin embargo, los críticos de la estrategia consideran que genera más violencia porque se basa en el uso de la fuerza.

“Una ventana de oportunidad” 

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos se realizarán cuatro meses después de los comicios mexicanos, en los que ganó Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó durante 71 años (1929-2000). Quien gane la Casa Blanca iniciará su mandato en enero de 2013, a pocas semanas de que Peña Nieto haya asumido el cargo. 

Esa coincidencia ocurre cada 12 años —los periodos presidenciales en Estados Unidos duran cuatro años y en México seis—, un momento que, según Heredia, representa para México la posibilidad de replantear su relación con Estados Unidos. 

“Es una ventana de oportunidad que sólo se presenta cada 12 años, pero es muy importante considerar que la inercia por sí misma no produce estrategia. La estrategia la tenemos que formular nosotros”, dijo.

La última ocasión en que coincidieron los cambios de gobierno en México y Estados Unidos fue en el 2000, cuando asumieron la presidencia Vicente Fox y el republicano George W. Bush, respectivamente. 

Según Heredia, la posibilidad de construir una agenda común entonces se vio frenada por los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, a partir de los cuales Bush adoptó una política exterior “unilateral”. En contraste, Obama “despertó muchas expectativas en todos los ámbitos de la relación bilateral”, aunque éstas no se han cumplido.

El propio Obama reconoció el pasado 20 de septiembre que no haber podido concretar una reforma migratoria ha sido la más grande falla de su gestión. En la campaña de 2008, el demócrata prometió impulsar una reforma que abriera las puertas de la ciudadanía a alrededor de 12 millones de migrantes indocumentados, de los cuales cerca del 60% es de origen mexicano.

“Más allá de la buena intención y de un cambio en el lenguaje que introdujo la administración Obama, hay que darle contenido específico en cada ámbito de la relación bilateral. Para ello es crucial cambiar la imagen de México en Estados Unidos. Es un reto enorme porque la mayor parte de las emisiones en medios masivos de comunicación en Estados Unidos que tratan de México hablan de muertos, hablan de asesinatos… tendríamos que estar hablando de cómo recuperamos la frontera juntos, de incrementar masivamente el número de estudiantes de intercambio en ambos países”, dijo el académico, con la migración de mexicanos a Estados Unidos y la integración de América del Norte como líneas de investigación.

La diplomacia que viene

México está por terminar una etapa de 12 años de gobiernos del Partido Acción Nacional (PAN) con dos presidentes, Vicente Fox y Felipe Calderón. Según Heredia, el primero se caracterizó por “delegar” la conducción de la política exterior en quien encabezaba la Cancillería mientras Calderón ha optado por él mismo dirigir ese aspecto.

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Ante la oportunidad de “reformular” los vínculos con Estados Unidos, consideró que Peña Nieto tendrá que nombrar como canciller y como embajador en Washington a personas con las que tenga mucha capacidad de diálogo, que entiendan un mundo “en constante mutación” y que estén comprometidas “con los intereses no de un grupo ni de un partido, sino con los intereses del Estado mexicano”.

“Las relaciones exteriores sí están marcadas por el sello que les imprime el gobierno, que responde a un partido, pero deben estar sobre todo marcadas por los intereses del Estado mexicano, y ello es un ejercicio que pasa por un tamiz democrático. Tienen que responder a factores de política interna, pero sobre todo a una clara explicitación de cuáles son los intereses que se quieren proyectar hacia el exterior”, dijo. 

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