Cómo ha cambiado Medio Oriente desde el último conflicto en Gaza

Hace cinco años hubo un conflicto muy parecido entre Hamas e Israel, sin embargo, el tablero regional cambió mucho desde aquel entonces
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Autor: Nic Robertson | Otra fuente: 1

Sería fácil mirar al actual conflicto con combatientes militantes de Hamas y las milicias más pequeñas lanzando cohetes a Israel, y esta nación regresando bombas y aluviones de misiles, como una repetición de los enfrentamientos de 2008 y 2009 en el que murieron más de 1,300 hombres, mujeres y niños. Pero no lo es.

Hamas ahora está en un lugar completamente nuevo, atrincherados en los confines populosos de los barrios de Gaza en donde resultaron electos hace seis años, pero con más amigos en el exterior.

Lo que ha cambiado se produjo a raíz de la Primavera Árabe, en la que fueron eliminados algunos de los viejos aliados regionales de Israel y fueron reemplazados con dirigentes más afines a Hamas.

Ya no está el líder egipcio Hosni Mubarak, con quien Israel pudo contar para el bloqueo de Gaza y para estrujar a Hamas en 2008 y 2009. Se acabó la represión estatal egipcia a la libertad de expresión que ayudó a mantener bajo control el frenesí antiisraelí de la población.

En su lugar —algo casi impensable hace cuatro años— el líder político de Hamas celebra una conferencia de prensa en vivo en El Cairo, mientras los proyectiles israelíes impactan contra las emisoras palestinas en Gaza. Si se necesitaba una prueba del nuevo papel de Egipto, aquí está.

Egipto no solo envió a Gaza este viernes a su primer ministro, Hisham Qandil, con expresiones de apoyo para los habitantes de Gaza, sino que también le dio a Hamas el megáfono para la propaganda justo cuando más lo necesitaba. Es un cambio notable.

Khalid Meshal, líder político de Hamas, se regocijaba en los reflectores, mientras describía un nuevo Egipto, mucho más amigable con Hamas. Pero Egipto no es el único en la revolución regional que empieza a aislar a Israel.

El pequeño Estado del Golfo, Qatar, ha demostrado quizá ser el actor político influyente, contribuyendo a configurar la región de la manera que quiere.

Se le ha visto favorecer a gobiernos como el de Egipto, con raíces estrechamente ligadas a los Hermanos Musulmanes, islamistas de corte moderado, de los que Hamas palestino es una escisión  radical, pero también se le ha visto poner distancia con Irán.

El mes pasado, cuando el emir de Qatar realizó una visita histórica a Gaza prometiendo 400 millones de dólares de ayuda, parecía que estaba tratando de alejar a Hamas de Irán y acercarlo más a Qatar.

Qatar ha estado sentando las bases para ello desde hace ya algún tiempo. Cuando el líder de Hamas, Jalid Meshal, huyó al exilio de la guerra civil en Siria a principios de este año fue la oferta de refugio de los qataríes la que él aceptó. Los qataríes tienen influencia de una manera que nunca tuvieron anteriormente.

Entonces, ¿dónde deja esto a Israel? En pocas palabras, aunque Israel es más fuerte en materia militar, está en una posición política más débil que en la que estaba en 2009.

Egipto no va a ayudar al bloqueo de Gaza cerrando el paso fronterizo de Rafa, u ofreciéndole a Israel el mismo nivel de cooperación en materia de inteligencia como sucedió en el pasado.

De hecho, según algunos cálculos, los servicios de seguridad de Egipto ya no tienen el mismo control sobre los militantes islamistas como alguna vez lo tuvieron. Muchos han sido liberados de la cárcel y están reagrupándose sigilosamente en los suburbios en expansión de la capital o en el escasamente habitado y casi anárquico desierto del Sinaí, en la frontera con Israel.

Si el gobierno israelí tenía la esperanza de contar con algunos vestigios de apoyo de la época de Mubarak, quedará decepcionado. El discurso egipcio actualmente, aunque lejos de derogar el tratado de paz con Israel, ha tomado una línea muy favorable a Hamas.

Gran parte de la población del mundo árabe está a disgusto con el trato que da a los palestinos el Estado de Israel. Anteriormente, la mayoría de los líderes árabes eran dictadores, capaces de tomar un camino muy distinto al de la opinión de la gente árabe. Eso ya no es posible. Los nuevos líderes de la región democráticamente electos después de la Primavera Árabe son muy conscientes de que los extremistas radicales esperan una oportunidad.

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