Las víctimas buscan justicia tras el dolor que dejó el incendio en Brasil

Un ambiente sombrío se siente en las calles de Santa María, donde la exigencia de justicia llegó tras sepultar a los muertos
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Autor: Mariano Castillo y Helena de Moura
(Reuters) -

El maestro que perdió a cuatro estudiantes. La madre cuyo hijo murió mientras otro lucha por su vida. La fotógrafa que sobrevivió pero es perseguida por la culpa.

Mientras la sureña ciudad brasileña de Santa María comienza a despertar este miércoles, un estado de ánimo sombrío aún se siente en las calles, donde el incendio de una discoteca el domingo pasado causó la muerte de 235 personas.

Casi en todas las esquinas se escuchan voces de enojo en discusiones sobre quién debe de ser culpado por el incendio masivo en la discoteca Kiss. Los ciudadanos han salido a las calles en demanda de justicia para los muertos y una regulación más estricta.

Además de los muertos, 74 personas están hospitalizadas en condición crítica, de acuerdo con el ministerio de Salud de Brasil. 

Solo en Santa María, 100 de los muertos fueron sepultados este lunes en tres diferentes cementerios. Esa noche, las calles se llenaron de miles de dolientes que marcharon al club del que solo quedaron cenizas.

Los gritos de dolor y las oraciones dieron paso al llanto de madres que se pararon ante el edificio. Una mujer gritó: “mi hijo, ¿por qué tenía que morir aquí?”.

La policía ha interrogado a una docena de personas, incluyendo a cuatro personas que fueron arrestadas, dos dueños del Kiss, un miembro de la banda Gurizada Fandangueira y un promotor.

La policía identificó a los dueños como Mauro Hoffman y Elissandro Spohr. El vocalista de la banda Marcelo de Jesús dos Santos y el productor Luciano Bonilha también están bajo custodia.

El Kiss estaba lleno más allá de su capacidad legal, con una muchedumbre de 2,000 personas que abarrotó el lugar para escuchar tocar a la banda.

A unos 20 minutos de iniciado el concierto, los músicos terminaron una canción con pirotecnia. El techo comenzó a incendiarse, informaron funcionarios estatales. El fuero se diseminó rápidamente.

Las personas entraron en pánico y causaron una estampida que terminó en una aglomeración en la única entrada del lugar, la puerta principal, la cual quedó obstruida rápidamente.

La pirotecnia utilizada en el club no estaba hecha para uso dentro de un lugar cerrado, y la banda, quien la compró, lo sabía, dijo Marcelo Arigony, de la policía de Santa María, quien acusó a la banda de comprar intencionalmente el tipo de pirotecnia utilizado porque era más barato.

También dijo que los investigadores encontraron evidencia de falsos extintores en el club, y que las licencias municipales habían expirado. La licencia original del club solo permitía la presencia de 691 personas.

Mientras los investigadores se concentran en la pirotecnia utilizada, el guitarrista de la banda dijo al diario Folha de Sao Paulo que la causa del incendio no está clara, y detalló que había muchos cables en el techo, lo que según él pudo causar un corto circuito.

En tanto, para los residentes de Santa María, como Vinicius Serafim, la tragedia que ocurrió en el club fue inimaginable, aún cuando comenzaron a conocerse los primeros reportes.

“La mayoría de nosotros pensamos 'está bien, hay un incendio, la gente salió y eso fue todo'”, afirma. “En la mañana, cuando comenzaron a decir 40 muertos, 50 muertos, entonces nos comenzamos a dar cuenta (de lo que pasó)”.

Serafim, un maestro de inglés, perdió a cuatro estudiantes en el incendio, y otros están en unidades de cuidados intensivos. "Todo mundo está completamente destruido porque eran jóvenes, gente que conocíamos. Estuvimos con ellos por al menos un año", dijo.

Una sobreviviente, Mariana Magalhaes, de 24 años, dijo a la Agencia Brasil que vio al cantante de la banda intentando apagar sin éxito el incendio con un extinguidor. 

Ella estaba trabajando como fotógrafa en la discoteca, y ya había acudido a 15 funerales cuando habló con Agencia Brasil.

Magalhaes fue una de las primeras personas en salir del edificio, y admite que primero sintió que estaba exagerando al salir corriendo gritando. Solo después supo que el pánico le salvó la vida.

“Nadie pudo haber imaginado la seriedad del incendio”, afirma. Un peligro era el aislante de sonido del club que estaba hecho de un material que libera humo muy tóxico al incendiarse.

“Era un enemigo silencioso”, afirma. “La gente estaba saliendo bien y caminando, cuando en determinado momento comenzó a desmayarse, a tener convulsiones y a vomitar”.

Magalhaes escapó con cinco amigos, pero inmediatamente después de la tragedia comenzó a sentir culpa.

“Puedes contar a cinco personas con una mano”, dice. “No nos sentimos afortunados por sobrevivir porque hay madres que no podrán abrazar a sus hijos. Mi madre puede abrazarme, pero al mismo tiempo me siento con suerte y culpable”.

En un programa local de televisión, una mujer lamentó la muerte de su hijo. Elaine Goncalvez pudo localizar a otro de sus hijos cuando era transferido a un hospital, pero no lo pudo acompañar porque tenía que reconocer el cuerpo de su hijo muerto.

“Es terrible, muy triste”, dijo. “Mis hijos dejaron la casa luciendo bien, felices, juguetones, los dos hermanos juntos. Mi hijo salió a una fiesta y ahora está aquí, dentro de un ataúd. Demando justicia”.

Según el ministro de Salud, Alexandre Paldiha, la mayor parte de los heridos graves son pacientes que necesitan diálisis, medicina y mantener la presión sanguínea, así como asistencia para respirar.

Muchos de los heridos fueron transferidos a hospitales en ciudades más grandes, mientras que otros permanecen en Santa María.

“Las transferencias fueron para pacientes con quemaduras serias porque nuestros centros especializados están en la ciudad de Porto Alegre, así como para liberar camas en unidades de cuidados intensivos en Santa María”, dijo Padilha.

Algunos están en una condición tan crítica que no se cree que puedan sobrevivir al viaje a otra instalación.

La presidenta Dilma Rousseff honró a las víctimas durante una reunión con alcaldes electos este lunes.

“El dolor que atestigüé es indescriptible”, dijo Rousseff. “Hablo de ese dolor para que nos recuerde nuestra responsabilidad, la del poder ejecutivo con nuestra población. Frente a esta tragedia, debemos de asegurarnos de que nunca vuelva a ocurrir otra vez”.

“Las transferencias fueron para pacientes con quemaduras serias porque nuestros centros especializados están en la ciudad de Porto Alegre, así como para liberar camas en unidades de cuidados intensivos en Santa María”, dijo Padilha.

Algunos están en una condición tan crítica que no se cree que puedan sobrevivir al viaje a otra instalación.

La presidenta Dilma Rousseff honró a las víctimas durante una reunión con alcaldes electos este lunes.

“El dolor que atestigüé es indescriptible”, dijo Rousseff. “Hablo de ese dolor para que nos recuerde nuestra responsabilidad, la del poder ejecutivo con nuestra población. Frente a esta tragedia, debemos de asegurarnos de que nunca vuelva a ocurrir otra vez”.

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