Michael Bloomberg y su batalla por mejorar la salud de los neoyorquinos

Sus críticos cuestionan la eficacia de políticas como restringir el tamaño de los refrescos o prohibir la exposición de productos de tabaco
Nueva York entre 'bebidas grandes o pequeñas'
Tom Watkins
Autor: Tom Watkins
(Reuters) -

El multimillonario alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, puede conseguir prácticamente todo lo que quiera, cuando quiera. Sin embargo, la cosa que más quiere no tiene precio.

"De alguna forma, no hay nada más significativo que puedas hacer por los neoyorquinos que mejorar sus vidas y darles más vida", explicó la vicealcalde, Linda Gibbs.

Desde que llegó al cargo en 2002, Bloomberg ha desatado un tsunami de iniciativas públicas de salud que pretenden hacer justamente eso: quitarle sodio a las comidas preparadas, que los menús en los restaurantes de comida rápida contengan el conteo de calorías, la publicación de las calificaciones de sanidad en restaurantes, así como limitar el consumo del tabaco.

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Sus primeras acciones incluyeron la prohibición para fumar en restaurantes y lugares de trabajo. En 2011, la restricción se extendió a parques públicos y playas.

Pero esas medidas generaron críticas.

"Recibí muchas señas de dedo —como las describo— cuando visitaba bares en el Día de San Patricio, por ejemplo", dijo Bloomberg a Jake Tapper, de CNN, la semana pasada.

Sin embargo, esas actitudes han cambiado.

"Ahora vas a un bar en el Día de San Patricio y todos parecen amarte", dijo.

De hecho, las políticas han funcionado y han sido replicadas, de acuerdo con la médico Susan Kansagra, comisionada asistente en el Departamento de Higiene y Salud Mental de la ciudad de Nueva York.

Desde que Bloomberg llegó a la oficina, la tasa de fumadores de la metrópolis ha bajado de 22% a 14%, una de las caídas más rápidas en el país.

Ese descenso sería celebrado por cualquier otro político, pero para él no es suficiente. Así que esta semana develó una iniciativa para restringir la exposición de los productos de tabaco, lo que forzaría a los vendedores a quitarlos de la vista de los consumidores, en especial de los jóvenes.

"Lo que tratamos de hacer es de quitarle el glamour, no recordarlos, no hacerlos ver como un producto normal", explicó Bloomberg. "Los cigarros no son un producto normal".

La aprobación de esta medida no tendría precedentes, agregó.

Pero la propuesta también tiene sus opositores. "La noción de que los vendedores obligados a tener licencia, a pagar impuestos y a cumplir la ley escondan el inventario de tabaco es totalmente absurdo", dijo Jim Calvin, presidente de la Asociación de Tiendas de Conveniencia de Nueva York.

"La propuesta surge de una descabellada teoría de que la simple vista de los paquetes de cigarro en una pared detrás del mostrador de una tienda incita a los niños a fumar".

Un vocero de la compañía tabacalera Philip Morris USA —que posee la marca Marlboro— dijo que la industria se opone a la medida porque "cree que va demasiado lejos".

El enfoque de salud pública de Bloomberg, de “come tus vegetales”, ha generado críticas de que el magnate, político y filántropo de 71 años ha convertido al gobierno de la ciudad en una niñera, donde las reprimendas sobre qué comer y tomar, o cómo vivir, son molestas e intrusivas.

Pero él está decidido.

Este mes, el intento de Bloomberg por limitar el tamaño de los refrescos a 16 onzas fue rechazado por un juez estatal de la Suprema Corte, por considerarlo “arbitrario y caprichoso”.

El alcalde apelará el fallo.

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Riesgo y recompensa

Michael Bloomberg enfrenta el riesgo y, aunque no le gusta el fracaso, no tiene miedo de éste, dijo Gibbs.

La funcionaria recordó una historia que el político cuenta: Un esquiador le dijo alguna vez que no se había caído durante una práctica. A él no le causó impresión: "Dijo: ‘eso significa que no lo intentaste lo suficiente’".

"Si eres exitoso en todo, has dejado pasar oportunidades".

El mismo Bloomberg lo ha hecho. Luego de graduarse de la Universidad John Hopkins con un título en Ingeniería, obtuvo un MBA en la Escuela de Negocios de Harvard y luego, en 1966, a los 24 años, se trasladó a Nueva York para trabajar en el banco de inversión Salomon Brothers.

Rápidamente ascendió y eventualmente estuvo a cargo de la supervisión de los sistemas de información de la empresa.

En 1981, cuando salió del banco tras una fusión, inició Bloomberg LP, la compañía de noticias e información utilizada por las firmas que cotizan en Wall Street. Con ella obtuvo su riqueza.

Desde entonces, ha donado más de 2,400 millones de dólares a varias organizaciones y causas de caridad. Casi la mitad de ese monto —1,100 millones de dólares— han ido para Hopkins, que nombró a la escuela de salud pública por él.

"Se conduce por la medida de cómo logramos el mayor impacto en términos de mejorar la salud y salvar vidas", dijo el médico Michael J. Klag, decano de la Escuela de Salud Pública Bloomberg. “Mike es un tipo de datos duros, es un hombre de números”.

Klag señaló que las inversiones del empresario en la salud pública han dejado ganancias.

“Nueva York es la ciudad más saludable de Estados Unidos por lo que él ha hecho”, dijo el decano.

También es una de las más seguras, con la tasa de asesinatos más baja que cualquier otra gran ciudad el país. Y las tasas de muertes por tráfico y por armas son las más bajas desde que Nueva York empezó el registro, en 1916.

“Los padres de todo el país solían convencer a sus hijos de no mudarse a Nueva York porque era peligrosa”, dijo Bloomberg la semana pasada. “Ahora eso ya no sucede. Los padres quieren que sus hijos se trasladen porque probablemente estarán más seguros que en el lugar de donde provienen”.

Un límite a la obesidad

El enfoque de Bloomberg hacia la comida es reciente y los datos que soportan las medidas no son fuertes.

"Con el tabaco tenemos una serie de políticas establecidas que sabemos son efectivas, pero con la obesidad aún es nuevo”, dijo el comisionado de salud de Nueva York, Thomas A. Farley, a una audiencia de la Universidad Fordham, durante una conferencia sobre el legado en salud pública de Bloomberg.

Pero hablar de "legado" es un poco presuntuoso, según Peter Zimroth, un abogado en Arnold & Porter que ha representado a la industria restaurantera.

"Aún falta ver su legado con algunas iniciativas”, dijo en la conferencia. La evidencia de que esos esfuerzos reducirán la obesidad es aún vaga y pueden ser contraproducentes. “Hay una cantidad limitada de capital, creo, para que el gobierno se comprometa con medidas coercitivas”, consideró.

Bloomberg ve las restricciones en alimentos como un componente crítico para su misión de salud pública, según Klag. “Ve una avalancha de diabetes venir”, dijo. “Por eso ataca el consumo de azúcar”.

En su búsqueda de oportunidades, el alcalde neoyorquino ha perdido el suelo en algunas ocasiones. Además de su intento por prohibir los refrescos extragrandes, falló en su apuesta por un impuesto a esta bebida y el límite al uso de cupones para comprarlos.

La prohibición del refresco generó burlas. “Creo que esto hace que los liberales sean vistos como bullies elitistas que creen que saben todo y que pueden decirle a la gente qué hacer”, dijo Bill Maher en su programa Real Time en HBO. “No deberías de tener que aclarar lo que comes al gobierno municipal”.

Un ejecutivo de la Asociación Nacional de Restaurantes —que representa a unos 500,000 negocios en todo el país— calificó las medidas como “severas”.

“Hemos cuestionado mucho la eficacia de poner un límite a la obesidad al restringir el tamaño de los vasos en los restaurantes de la ciudad de Nueva York que venden bebidas endulzadas con azúcar”, dijo Scott DeFife, vicepresidente ejecutivo de la Asociación para Políticas y Asuntos Gubernamentales. “No creemos que el manejo micro del empaquetamiento de la comida sea la forma de terminar con la obesidad en Nueva York”.

Los intentos de Bloomberg por limitar el tamaño de los refrescos inspiraron a Mississippi —cuya tasa de obesidad de 34.9% es la más alta en el país— a aprobar una ley “anti-Bloomberg”.

“Simplemente no es el rol del gobierno microrregular las decisiones dietéticas de los ciudadanos”, escribió el gobernador Phil Byrant.

Pero Bloomberg contraatacó.

Saturday Night Live no habría podido escribir esto”, dijo sobre la medida de Mississippi. “Tenemos un problema de obesidad a nivel mundial, nacional. Este año, más gente morirá por comer de más que por no comer; es la primera vez en la historia del mundo”.

“¿Cómo alguien puede pasar una ley que deliberadamente dice que no podemos mejorar la vida de nuestros ciudadanos?”, cuestionó.

Mirar hacia adelante

Mientras los críticos lo acusan simplemente de tratar de expandir su poder a través de las iniciativas de salud, sus colegas dicen que no es el caso.

El enfoque de Bloomberg es simple y singular, explicó su excompañero Tom Frieden, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

“Cada que vengo con él por una decisión, solo pregunta una cosa: ¿Cuál es la certeza de que esto salvará vidas?”, dijo Frieden, quien sirvió como comisionado del Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York entre 2000 y 2009. “Cuando se trata del fracaso, si trabaja en algo durante seis meses y fracasa, al siguiente día es como si no hubiera sucedido. Siempre mira hacia adelante”.

En tanto, Bloomberg parece estar cumpliendo con su meta de alargar la vida de los neoyorquinos.

Un ciudadano de Nueva York que nace hoy tiene más posibilidades de vivir tres años más que un neoyorquino nacido hace una década, un día después de que tomó la oficina. “Eso es un gran arranque, y nos pone un poco más de dos años y medio por delante de la esperanza de vida a nivel nacional”, dijo Gibbs.

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Ella predijo que Bloomberg se mantendrá enfocado en la salud pública, incluso después de dejar la alcaldía.

“Está claro que eso será, de hecho, gran parte del trabajo que realiza”, agregó.

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