La crisis siria eclipsa los reclamos de los países emergentes en el G-20

Durante la cubre en San Petersburgo, se espera que la economía internacional quede relegada ante la controversia del conflicto en Siria
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John Defterios
Autor: John Defterios | Otra fuente: CNN
ABU DHABI (Reuters) -

Durante el apogeo de la crisis financiera de 2009, cuando existía el peligro real de que los bancos se paralizaran a causa de la falta de liquidez, el entonces primer ministro británico, Gordon Brown, alteró la arquitectura geopolítica.

Brown actuó con un sentido de urgencia para formalizar el grupo de 20 países. La estrategia era sensata. Quería reunir a los países que representaban el 80% del producto interno bruto en un grupo para cerrar la brecha existente entre el mundo desarrollado y el mundo en vías de desarrollo y, lo más importante, para aprovechar el superávit de 4 billones de dólares (50 billones de pesos) en fondos que aún existía en las economías de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). 

En el contexto de la crisis financiera, la estrategia funcionó. Sin embargo, cuatro años más tarde, la geopolítica predomina sobre la economía. El G-20 se ha convertido en un grupo complejo de países con prioridades diferentes y sin el respaldo político de Washington.

De acuerdo con Brown, a quien entrevisté a principios de este año, Estados Unidos “debería estar más alerta a las posibilidades de cooperación internacional en comercio y en acuerdos para el crecimiento”.

El acuerdo mundial de comercio, el tan mencionado eje de Asia e incluso las graves preocupaciones sobre la fuga de capitales en los mercados emergentes y sus monedas quedarán eclipsadas en esta Cumbre del G-20. Siria será el tema más importante cuando los líderes se reúnan en San Petersburgo, Rusia, a partir de este jueves. 

La atención se centrará en las tensiones que existen entre el anfitrión, Vladimir Putin, y su homólogo, Barack Obama. Su enfrentamiento verbal podría dividir aún más al G-20, insinúan los expertos. Como regla general, los países del BRIC no favorecen la intervención militar que enarbolan Estados Unidos y Francia.

“Los negocios han quedado en el asiento trasero y deberían estar en el asiento delantero”, me dijo Mustafá Abdel Wadood, presidente del comité ejecutivo del grupo de inversiones privadas, Abraaj. “La política encabeza la agenda”.

En la agenda de negocios predomina la reacción cercana al pánico ante una reducción planeada a la compra de bonos por parte de la Reserva Federal estadounidense. Desde que el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, mencionó ese cambio de estrategia en mayo, el dinero ha estado saliendo a raudales de los mercados emergentes.

La crisis monetaria

Antes de la cumbre de esta semana, los altos funcionarios de finanzas de China se tomaron la molestia de sugerir, durante una conferencia de prensa en Beijing, que la Reserva Federal estadounidense debería ser más cuidadosa con sus posturas.

El viceministro de Finanzas de China, Zhu Guangyao, recibió de buen grado las señales de la recuperación de Estados Unidos, pero señaló que Washington “debe considerar el efecto extendido de su política monetaria, especialmente la oportunidad y el ritmo de su abandono de la política monetaria ultralaxa”.

El fin de la política del dinero fácil o política monetaria laxa en Estados Unidos está exponiendo las fallas en los mercados emergentes, que durante una década gozaron de un poderoso crecimiento sostenido fundado en la producción de materias primas.

Sin esa demanda para la exportación de granos, oro, aceite de palma, hule, minerales e incluso bienes manufacturados, las economías de países como Brasil, India, Sudáfrica, Turquía e Indonesia han visto aumentar radicalmente sus déficits y sus monedas se han desplomado.

La rupia de India ha bajado más de un 20% este año y la mayor parte de esa pérdida ocurrió tan solo en el trimestre pasado, mientras que el país presentó su peor tasa de crecimiento en cuatro años. Las monedas de Brasil e Indonesia han caído en un 10%, lo que requirió que los bancos centrales usaran sus reservas monetarias y en algunos casos aumentaron las tasas de interés como freno. 

Los inversionistas tienden a comparar la situación con la crisis financiera de 1998/1999 en Asia, cuando esas economías tenían amplios déficits en la cuenta corriente y una montaña de deudas gubernamentales en moneda extranjera.

“La mayor parte de Asia aprendió una lección”, me dijo Marios Maratheftis, director mundial de investigaciones macroeconómicas del Standard Chartered Bank. El grueso de la deuda de los mercados emergentes ahora se emite en moneda local.

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Maratheftis dijo que el “cese súbito” del flujo de capitales a los mercados emergentes creará problemas para quienes presentan déficits crecientes en su cuenta corriente, pero que eso no debería convertirse en una crisis siempre y cuando haya mayores políticas de coordinación.

Maratheftis no abriga muchas esperanzas sobre las discusiones en San Petersburgo. “Hablan de asuntos mundiales cuando se reúnen”, dijo, haciendo referencia al G-20. “Pero cuando regresan a casa, actúan a nivel nacional”.

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