Angélica Salas: una estadounidense que lucha por millones de inmigrantes

La migración de su familia impulsó a la activista de Durango a luchar durante más de 20 años por los derechos de hispanos indocumentados
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| Otra fuente: CNNMéxico

Después de haber visto desde niña que su padre tenía “las puertas abiertas” para los familiares que llegaban de México a Estados Unidos, Angélica Salas sentó las bases de su activismo por los inmigrantes indocumentados.

La dirigente de una de las mayores organizaciones de inmigrantes en EU reside desde los cuatro años en California, a donde llegó desde la sierra de Durango de la mano de su hermana, de dos tíos y de un coyote. En una época en la que el gobierno de EU empezaba a controlar la entrada de mexicanos al país, su única preocupación era reunirse con sus padres. Todavía no sabía que casi cuatro décadas después se convertiría en una de las activistas clave para impulsar la reforma inmigratoria.

“Siempre me indignaron las condiciones en las que llegaba mi familia de México. Llegaban lastimados, con los pies ampollados, heridos, como si alguien los hubiera maltratado”, dijo en entrevista Angélica, de 42 años y directora de Coalition for Humane Immigrant Rights of Los Angeles (CHIRLA). “Aunque no entendía la situación política y económica, cuestionaba por qué nuestra familia llegaba en esas condiciones”, agregó.

Salas fue indocumentada por poco más de una década. La Ley de Amnistía de 1986 regularizó la situación de ella y su familia, y se convirtieron en ciudadanos estadounidenses. Aunque el trámite podría haber animado a la mexicana a desvincularse de la vida al margen de la ley, fortaleció su compromiso con la comunidad hispana indocumentada.

Con los conocimientos que tenía de inglés y español a los 15 años, ayudó a tíos y primos a llenar las formas migratorias y a completar el proceso para legalizar su residencia. “No entendía por qué los abogados les querían cobrar tanto dinero por hacer trámites tan sencillos”, dijo Salas, que en esa época fue testigo de la diferencia que marcaba ser ciudadano en el día a día.

Interesada en el estudio de la sociedad, cursó Historia y Sociología en la universidad, donde tomó conciencia de la dimensión de las barreras de los cerca de 15 millones de inmigrantes que vivían en EU en los ochenta. Aunque su ciudadanía ya la hacía diferente respecto a sus compañeros hispanos, ella se identificaba como parte de la comunidad. “Me di cuenta de que no era solo mi familia la que recibía el maltrato, sino millones de personas más”, dijo la activista. “Sabía que si yo tenía una educación universitaria, debía usarla para que mis papás, mis tíos y tías no fueran maltratados”.

Su compromiso era tal que rechazó una beca en la Universidad de Yale al finalizar su licenciatura. Sabía que irse significaría alejarse de las redes de activismo que empezaba a formar en una época en la que la migración no estaba en la agenda legislativa, recuerda Salas, nombrada "Mujer del Año" en 2011 por la Asamblea de California.

Ayudar al vecino para el avance político

Su primera etapa de activismo formal estuvo marcada por una idea que todavía hoy defiende como esencial para la aprobación de la reforma inmigratoria: la implicación social y política de los hispanos en su comunidad. "Ser ciudadano es contribuir al avance social, ser buen vecino y ser productivo", argumenta. “Se requiere de unidad para confrontar a los que están en contra de la reforma", añade.

La directora de CHIRLA desde 1999 considera que la lucha de la comunidad por la justicia social es vital para cambiar la imagen de los indocumentados en EU y olvidar el rechazo. Su organización recibe cada año a cerca de 25,000 personas para los programas de educación, de participación ciudadana y liderazgo juvenil, entre otros.

Admite que la implicación política de los hispanos es una asignatura pendiente, pero asegura que "la comunidad de inmigrantes es muy valiente y muy participativa" en la vida cívica del país.

La activista defiende desde hace más de dos décadas los derechos de los inmigrantes por contribuir con el progreso de EU, por lo que pondera la legitimidad de todos los que trabajan en EU para solicitar la ciudadanía.

“Aquí no come un ciudadano americano sin que una mano mexicana haya tocado su comida. No duerme un ciudadano de Norteamérica sin que un hispano haya tocado su cama. Hay niños que fueron criados por nanas hispanas”, enumera. 

Ante la frustración por el bloqueo actual de la reforma inmigratoria, Salas cree que los mandatarios "todavía pueden hacer mucho". “En ocasiones, la política del presidente Obama es entendida como contradictoria: quiere que la discusión en el Congreso avance, pero eso no lo puede hacer él solo. Lo que sí puede hacer es frenar las deportaciones, y eso no lo va a hacer”, sostiene la Salas sobre un asunto cercano para ella: a su madre la deportaron durante un tiempo cuando trabajaba en una fábrica textil "bajo el temor de las redadas". 

"Si queremos una reforma migratoria, tenemos que salir a las calles porque con eso vamos a ganar. Juntos lograremos la reforma migratoria para nuestras familias y nuestra comunidad", sostiene Salas.

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