Destrucción en Filipinas por el tifón 'Haiyan' deja al menos 3,621 muertos

El gobierno del país asiático confirmó al menos 12,165 heridos tras la tormenta y al menos 1,140 desaparecidos
El clima retrasa el apoyo a Filipinas
Autor: Jethro Mullen, Ben Brumfield y Karen Smith
(Reuters) -

La cifra oficial de muertos desde que el supertifón Haiyan tocó tierra el pasado viernes en Filipinas aumentó a 3,621 este viernes, de acuerdo al vocero de la Agencia Nacional de Desastres Eduardo del Rosario; otros informes sugieren que la cifra podría ser mucho mayor, con miles de decesos sólo en el poblado de Tacloban.

El número de personas heridas se elevó a 12,165, de acuerdo a reportes de la agencia estatal de noticias PNA, después de que la tormenta golpeó a un grupo de islas de la nación asiática con vientos de hasta tres veces más fuertes que aquellos del huracán Katrina de 2005 en Estados Unidos. Al menos 1,140 personas están oficialmente desaparecidas.

Llegar a todas las víctimas y la asistencia a los sobrevivientes incluyendo más de 2 millones de personas que necesitan alimentos, de acuerdo con el gobierno de Filipinas— son las dos prioridades para las autoridades en la zona de desastre.

Las imágenes hablan de la magnitud de la devastación. Personas caminan entre escombros en la oscuridad y evitan charcos de agua sucia que dejaron las lluvias torrenciales. Se sientan a lo largo de las calles, entre montones de restos humanos y se acurrucan alrededor de pequeñas fogatas que usan para cocinar sus alimentos.

Esta es la vida en el poblado de Tacloban tras el paso del tifón Haiyán que destruyó Filipinas. O, más exacto, los intentos de la gente por aferrarse a la vida. En los últimos seis días ha habido un gran cambio en la ciudad ubicada en el océano Pacífico, a unos 575 kilómetros de Manila.

El súpertifón Haiyan golpeó esa zona el viernes pasado con vientos sostenidos de 315 kilómetros por hora y ráfagas de 380.

La evidencia de la fuerza de Haiyan está por todas partes: la mayoría de los edificios están dañados si no es que destruidos. Cuerpos hinchados de perros yacen en el suelo junto a bolsas de plástico que contienen cadáveres humanos.

Mientras la intensidad sorprendió a algunos, la mayoría de los residentes sabía que algo grande se acercaba.

May May Gula, de 30 años, estaba entre quienes atendieron la indicación de las autoridades para buscar refugio en el Centro de Convenciones de Tacloban. Ella y otros consiguieron subir a los niveles superiores cuando la devastadora tormenta llegó del mar.

Muchos de los que permanecieron en la planta baja murieron o resultaron heridos, de acuerdo con Gula y su amiga, Lina Reforzado.

Este jueves, Gula y sus familiares se acurrucaban en un cuarto de una planta baja de un edificio junto con otras siete familias.

Sus casas están destruidas, ellos y otros han transformado edificios en lugares donde vivir. La ropa cuelga de los pisos superiores y los refugios hechos de escombros han aparecido en los alrededores.

Por primera vez en una semana, este jueves probaron arroz, la base de la dieta filipina. Lo obtuvieron en una entrega en las afueras del Centro de Convenciones y no saben cuándo recibirán el próximo.

“Realmente no sabemos qué vamos a hacer”, dice Gula.

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Pese a la falta de perspectivas, en Tacloban comienzan a verse algunas escenas de normalidad, como vendedores ofreciendo carne de puerco en medio de una carencia de alimentos extrema.

Anna Coren contribuyó desde Cebú; Greg Botelho y Catherine Shoichet contribuyeron desde Atlanta.

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