Una familia aparece muerta en tumbas en el desierto de California

Un conductor encontró tras tres años los restos de una pareja y de sus hijos en una zona solitaria sin que se sepa quién los mató y por qué
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Autor: Randi Kaye y Greg Botelho
(Reuters) -

Mike McStay llegó a esta remota zona del desierto del sur de California para decir adiós a su hermano, Jospeh McStay; a su cuñada, Summer, y a sus dos sobrinos: Gianni, de cuatro años, y Joseph Jr., de tres. Los cuatro terminaron en una zona al norte de Victorville, dentro de un par de tumbas poco profundas, por razones que nadie ha podido explicar.

No es posible revivirlos. Sin embargo, Mike McStay promete que se hará justicia una vez que se encuentre a los asesinos. "Son unos cobardes", dijo. "Todo Estados Unidos irá detrás de ustedes. Los encontraremos. Los juzgaremos".

Cuando las autoridades encuentren al responsable o responsables y los sometan al sistema de justicia penal, tendrán compañía: Mike McStay juró: "Estaré allí a cada paso. Estaré allí cuando se encuentren con su destino".

¿Quiénes son los culpables? ¿Por qué mataron a la familia McStay? ¿Cómo terminaron allí? Los esposos en una tumba, los niños en otra; sus restos estaban visibles para un motociclista que pasara por allí. Ninguna de estas preguntas tiene respuesta, aún no oficialmente.

En febrero de 2010, la familia McStay llevaba una vida ajetreada pero feliz en Fallbrook, una comunidad de unos 30,000 habitantes a unos 30 kilómetros de la costa del Pacífico y a unos 80 kilómetros al norte de San Diego.

Además de corretear detrás de sus dos hijitos, Joseph y Summer —quienes se habían casado dos años antes— estaban remodelando su casa. "Eran felices", dijo Mike McStay a Nancy Grace, de la televisora estadounidense HLN. "Eso es parte del misterio".

Los vieron por última vez el 4 de febrero de 2010. Cuatro días más tarde, se encontró su auto abandonado en San Ysidro, California: lo habían remolcado desde la frontera con México.

¿Cruzaron la frontera? El video de vigilancia de esa noche muestra a una familia —que coincide con la descripción de los McStay— que caminaba hacia México. Pero nunca se confirmó que fueran ellos, o si lo eran, que hubieran regresado. Mike McStay no cree que el hombre de este video sea su hermano.

"Eso es parte de este rompecabezas enorme", dijo Jan Caldwell, vocera del departamento del sheriff del condado de San Diego, al referirse a los reportes de que la familia había cruzado a México y habían cenado, y tomado unos cócteles allá. "¿Qué ocurrió allá? ¿Esa parte fue un montaje? ¿Cruzaron a México?". Caldwell agregó: "Seguimos pensando que es muy posible que lo hayan hecho. ¿Cuándo regresaron? ¿Estaban bajo coerción?"

El 15 de febrero, los familiares llamaron al departamento del sheriff para reportar desaparecida a la familia. En su casa, había huevos en la alacena, tazones de palomitas de maíz en la sala y dos perros, pero no había rastros de los McStay.

Los siguientes tres años estuvieron llenos de especulaciones, temor y esperanzas. Rick Baker publicó un libro titulado No Goodbyes, en el que relataba la historia. Mike McStay y otros familiares trataron de mantener vivo el caso.

Alrededor de las 10 de la mañana del 11 de noviembre, el departamento del sheriff del condado de San Bernardino recibió una llamada. Un motociclista dijo que había visto unos restos humanos en una zona desértica arenosa entre la calle Quarry y la autopista interestatal 15, la que toman los angelinos para ir a Las Vegas. De no ser por eso, se podría decir que estaban en medio de la nada, a unos 170 kilómetros al norte de Fallbrook y a unos 255 kilómetros al norte de San Ysidro.

Cuatro días más tarde, el sheriff identificó a las víctimas: eran los McStay. El departamento del sheriff de San Bernardino considera que murieron por homicidio, pero no hablaron de la causa con el fin de "proteger la investigación".

"Todos los recursos disponibles se utilizarán en esta investigación para identificar a los sospechosos involucrados en este detestable crimen y llevarlos ante la justicia", señaló el sheriff, John McMahon.

Sus huesos ya no están; ahora, unas grandes cruces marcan el sitio en el que los McStay terminaron. Al acercarse a la tumba improvisada por primera vez, Mike McStay dijo que lo que ve le indica que los culpables sabían lo que hacían.

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"¿Ven que esto está un poco sumido?", dijo. "Te esconde un poco del camino. Alguien tenía que conocer la zona, tenía que saber que necesitabas un vehículo de doble tracción".

Randy Kaye reportó desde el norte de Victorville, California; Greg Botelho reportó y escribió la historia desde Atlanta.

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