Migrar del campo a la ciudad afecta la salud mental de trabajadores chinos

El cambio de la vida rural a las ciudades y la falta de oportunidades hace que los migrantes sufran de enfermedades como la ansiedad
Trabajadores cosen pantalones en la fábrica de textiles Yili  Trabajadores cosen pantalones en la fábrica de textiles Yilin en Dongguan
Autor: Lijia Zhang
(Reuters) -

En un restaurante de Shenzhen, iluminado con luces brillantes, Zheng Ligiang de 21 años, un trabajador migrante de la provincial del interior de Sichuan, describe su vida en esta ciudad sureña china como “bu kai xin”, es decir, sombría.

El joven dice que sus horas de trabajo son muy largas, su salario muy bajo y que no tiene vida personal.

“Me siento solo en esta gran ciudad”, dice.

Los últimos tres años, Zheng ha estado reparando máquinas de fotocopiado en varias fábricas en el corazón de la manufactura de China.

Su salario mensual es de unos 580 a 740 dólares (7,566 a 9,653 pesos dependiendo de las horas extra), es más alto que el salario mínimo promedio, pero solo porque su trabajo requiere más riesgos por la tinta que tiene humos tóxicos.

Aunque detesta su trabajo, le preocupa perderlo. De hecho, dice que se siente constantemente ansioso, un estado mental que se nota claramente cuando se truena sus nudillos y zangolotea su pie mientras habla.

Si pudiera hablar con un sicólogo, es posible que el joven chino sería diagnosticado con el trastorno de ansiedad, un problema común entre los trabajadores migrantes, de acuerdo al profesor Cheng Yu de la Universidad Sun Yat-sen en Guangzhou.

“Su salud mental es mucho más preocupante de lo que originalmente pensamos”, dice el especialista.

Carga emocional

Cheng y sus colegas entrevistaron a 807 trabajadores migrantes en el área de Shenzhen y sostuvieron conversaciones profundas con 60 de ellos.

Sus investigaciones sugieren que el 58.5% de aquellos entrevistados sufrían de depresión, 17% de ansiedad y 4.6% han considerado la idea del suicidio.

El equipo de investigadores encontró que la mayoría de los entrevistados, la mitad de quienes era menor de 30 años, llevaban una pesada carga emocional y financiera al dejar atrás padres mayores o pequeños hijos.

Los trabajadores se sentían culpables por no ser capaces de hacerse cargo de sus familiares y al mismo tiempo, sintieron presión para proveer a sus familias.

Cheng notó por primera vez el problema en 2009 cuando realizaba una investigación sobre la salud mental de los trabajadores sexuales en la región, en su mayoría personas que trabajaban en las fábricas antes de dedicarse a la prostitución.

En 2010, el tema encabezó las portadas internacionales después de una crecida de suicidios de trabajadores en Foxcoon, una manufacturera que arma productos de Apple, lo que hizo que el profesor estuviera determinado a encontrar la raíz de los problemas mentales de los trabajadores.

La soledad y el sentido de aislamiento fueron reportadas entre las razones que llevaron a los trabajadores a saltar de la fábrica y de los techos de los dormitorios.

A pesar de que el enfoque de la investigación de Cheng era la provincia sureña de Guangdong, la salud mental de los migrantes es casi similar en cualquier parte del país asiático.

Algunos de los 260 millones de campesinos chinos han dejado sus villas para trabajar en las ciudades, de acuerdo al Boletín de Trabajo de China.

A pesar de su contribución al milagro económico de China, el estatus social de estos trabajadores migrantes continúa siendo bajo.

No es un fenómeno único de China. Alrededor del mundo, las investigaciones sugieren que los trabajadores migrantes son más propensos a experimentar enfermedades mentales que aquellos que se quedan en sus lugares de origen, ya que tratan de ajustarse a un nuevo ambiente sin sus familias y los grupos sociales de apoyo.

En el caso de China, el sistema hukou, o sistema de registro de hogares que divide a la población en dos categorías distintas, las urbanas y las rurales, hace las cosas más difícil para los migrantes, que no gozan del mismo acceso al sistema de salud y educación como otros residentes de la ciudad. Ellos son casi siempre discriminados en términos de salario y trato.

Los migrantes jóvenes mejor educados y con comprensión del internet como Zheng sufren más por esta división rural-urbana que sus mayores.

Los padres de Zheng abandonaron el hogar con un objetivo en mente: hacer dinero en la ciudad y luego regresar a casa.

¿Sapo que come carne de ganso?

Sin embargo, Zheng aspira a convertirse en un verdadero ciudadano urbano y ser diseñador de interiores. Él trató de estudiar la materia por su cuenta pero tiene dificultades encontrando el tiempo para hacerlo.

Sus padres, que trabajan en Shenzhen como comerciantes en pequeños negocios y trabajadores domésticos, se ríen de sus esfuerzos, llamándolo “un sapo que sueña con comer carne de ganso”.

“Las diferencias entre lo que desean y la cruda realidad intensifica la ansiedad y la depresión para algunos trabajadores jóvenes”, dice Cheng.

La vida de muchos trabajadores está confinada a las líneas de producción y los dormitorios. Quizás cambien de trabajo, de hecho lo hacen más frecuentemente que sus padres, pero sus oportunidades de escalar al siguiente nivel para convertirse, por ejemplo, en un diseñador, son limitadas.

Al crecer con sus abuelos en su pueblo natal de Sichuan, Zheng no tiene mucho que decirle a sus padres. Es consciente de que debe considerarse afortunado de tener a su familia cerca, sin embargo se siente solo en Shenzhen.

Solo tiene unos pocos amigos, todos jóvenes migrantes de Sichuan. Consumido por el tiempo, dinero y los cambios de horarios, no pueden reunirse con frecuencia.

Un día, espera establecerse en Chengdu, la capital de la provincia donde nació y pasó dos años felices estudiando en una universidad de tecnología.

El gobierno recientemente anunció planes para relajar el control del sistema hukou en un intento de cerrar la brecha entre las áreas rurales y urbanas y para ayudar a los migrantes a asimilar mejor la vida citadina. Pero el proceso será largo y lento.

“Necesitamos poner más atención a las enfermedades mentales que pueden llevar al suicidio”, dijo Cheng.

El especialista recomienda una prueba obligatoria de salud mental en el lugar de trabajo y una práctica que llama “intervención sicológica positiva”, estableciendo líneas telefónicas de apoyo y servicios de consejería, que les proveerá a los trabajadores más oportunidades para socializar.

Es una gran pregunta cuando, en caso de realizarse, las ideas del profesor Cheng se convertirán en realidad. Para el joven Zheng y millones como él, las dificultades probablemente continuarán.

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