De primera dama a presidenta, una tendencia al alza en Latinoamérica

Cada vez más primeras damas buscan un papel más activo en la política de su país y muchas aspiran a ocupar el puesto que dejan sus maridos
Cristina Fernández reaparece
| Otra fuente: CNNMéxico

Cada vez más primeras damas busquen permanecer en la esfera política en América Latina... sin sus maridos.

La primera dama de Panamá, Marta Linares, esposa del presidente Ricardo Martinelli, busca llegar a la vicepresidencia de su país en la candidatura oficialista, tal y como lo hizo Margarita Cedeño en República Dominicana en 2012, luego de ser la primera dama de su país entre 2004 y 2012.

Para el analista internacional Fausto Pretelin Muñoz de Cote, del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), hay dos aspectos que influyen en las postulaciones de las primeras damas a cargos más centrales: “el primero es el gusto por el poder, el segundo es el aprovechamiento de las externalidades positivas de tener a un esposo como presidente y tercero, y por fortuna, ya llegamos a un momento en donde no es excepción ver a una mujer al frente de un gobierno”.

En Perú, la primera dama, Nadine Heredia, suena con fuerza para aspirar a la presidencia de su país por su alta popularidad.

“El nuevo auge tiene que ver con una mayor participación de la mujer en la política, con la apertura de nuevos espacios que antes solo estaban destinados a los hombres”, dijo Valeria M. Valle, investigadora del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la UNAM.

Heredia, Linares y Cedeño no son las primeras ni las únicas primeras damas latinoamericanas en seguir las carreras políticas de sus esposos. Argentina es quizá el país con la tendencia más vieja del ‘tándem’ presidencial.

El peronismo tuvo a dos mujeres como protagonistas. Primero fue Eva Perón –esposa del presidente Juan Domingo Perón, conocida como Evita- quien tuvo una intensa participación de la vida política argentina entre 1947 y 1952. Desde la Fundación Eva Perón desarrolló la mayor parte de su actividad social, como la creación de hospitales y escuelas.

Años después, Argentina tuvo a su primera presidenta en la tercera esposa de Perón, Isabel Martínez, que luego de ocupar la vicepresidencia en 1973, accedió a la presidencia tras fallecer su marido, un año después.

Después vinieron Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Kirchner, fallecido en 2010, fue presidente de 2003 a 2007 y luego le tocó el turno a ella, que está en la segunda parte de su segundo mandato presidencial consecutivo. Como líder del Partido Justicialista, Kirchner fue quien eligió a su esposa como candidata para las elecciones de 2007.

Uno de los casos que ejemplifica la influencia de las primeras damas en sus gobiernos es el de Nicaragua, donde la primera dama, Rosario Murillo, posee el 50% del poder del presidente al ejercer también como portavoz del gobierno y hace el papel de ministra de la Presidencia.

En algunos casos, la justicia ha tenido que intervenir, como en el caso de la guatemalteca Sandra Torres, quien para contender en las elecciones presidenciales de 2011 se divorció del entonces presidente Álvaro Colom para evadir el mandato constitucional que prohíbe a los parientes de mandatarios, incluidos esposos y esposas, postularse a la Presidencia. Su postulación fue impedida por un fallo judicial.

De primera dama “caritativa” a presidenta que paga deudas

En las últimas décadas el papel de las primeras damas ha evolucionado. “La figura de la primera dama ya no es solamente una imagen que acompaña, es una imagen que también trabaja, contribuye, lidera, convoca, pero sobre todo valida la calidad moral y ética de su esposo: el presidente”, dijo Arlene Ramírez Uresti, profesora del Tecnológico de Monterrey.

Además del cambio de funciones, las primeras damas tienen preparación política por sí mismas. “Las mujeres de expresidentes del siglo XXI se formaron en prestigiosas universidades de sus países y del extranjero, y adquirieron experiencia en la política. Además de ser las esposas de, lo cual definitivamente las ha ayudado a posicionarse, también han sabido construir su propio camino”, dijo Valle.

No obstante, la labor social se mantiene como el punto de cercanía de las primeras damas con la sociedad y lo que en ocasiones les ha valido altos índices de popularidad.

Xiomara Castro fue primera dama de Honduras de 2006 a 2009, y en las elecciones presidenciales de 2013, en las que contendió por la presidencia, fue la segunda candidata más votada. Como primera dama impulsó programas sociales, con especial énfasis en generar oportunidades a mujeres jefas de hogar, campesinas e indígenas. Una de las actividades que impulsó como primera dama fue la Red Solidaria, estrategia para aliviar y erradicar la pobreza extrema en el área rural, y también creó la Secretaria de Desarrollo Social.

“Las primeras damas del siglo XXI tienen algo en común con sus antecesoras: generalmente cuentan con una amplia experiencia vinculada con la acción social y la filantropía”, según la especialista de la UNAM.

Sin embargo, para Ramírez ese es justo el reto de pasar de ser primera dama a presidenta: la transición de “madre de la caridad” a “la presidenta que tiene que pagar deudas y tomar decisiones frías y diplomáticas”. “Tiene que cambiar a algo con más credibilidad, pero no en encuestas o en imagen, tiene que cambiar con proyectos de nación sólidos”.

“En América Latina hace falta reposicionar el liderazgo de la mujer con proyectos muy sólidos, con objetivos muy medibles en el corto plazo, y con proyectos hechos específicamente, a mano, y a la medida de los países latinoamericanos”, agregó.

Con información de Patricia Soto y la agencia EFE

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