Machetes y espadas: la búsqueda incansable de militantes de Boko Haram

Un equipo de CNN viajó al noreste de Nigeria, región que ha sufrido el azote de Boko Haram desde hace varios años
Elementos de las fuerzas federales de Nigeria llevan a cabo una búsqueda de los militantes de Boko Haram
Elementos de las fuerzas federales de Nigeria llevan a cabo  Elementos de las fuerzas federales de Nigeria llevan a cabo una búsqueda de los militantes de Boko Haram
Autor: Arwa Damon, Brent Swails y Nick Thompson
(Reuters) -

En las placas de los vehículos policiacos que nos escoltan se lee: "Estado de Borno, Hogar de la Paz". Muchas de las personas a las que conocimos durante nuestra estancia en Maiduguri, en el noreste de Nigeria, sonríen con amargura ante la ironía que ese enunciado encierra. La capital del estado es conocida como lugar de origen de Boko Haram y aquí la paz siempre es incierta.

Conducimos por las calles polvorientas y pasamos un retén tras otro a cargo de civiles en vez de militares, armados con poco más que machetes y espadas. Estos grupos de autodefensa tienen una determinación y motivación de la que carecen las fuerzas de seguridad nigerianas y se las han arreglado para implementar algo parecido a la seguridad en Maiduguri. Buscan incansablemente a Boko Haram —están firmes por lo que han perdido a lo largo de los años por culpa del grupo terrorista— y no muestran piedad, ni siquiera a sus familiares.

"Lo atrapé con mis propias manos y lo entregué a las autoridades", nos dice Abba Ajikalli, uno de los líderes del sector. Habla sobre su sobrino de 16 años, quien estaba con Boko Haram, cuenta.

"Lo ejecutaron", nos informa Ajikalli sin mostrar el menor remordimiento. "Era como mi hijo; no me arrepiento".

Lo que empezó como un movimiento local para implementar la ley islámica en el norte de Nigeria se volvió un movimiento insurgente en toda su expresión. Los ataques de Boko Haram han sembrado el terror en esta parte del país desde hace varios años, pero tras el secuestro de casi 300 estudiantes en Chibok, en abril, alcanzaron un nivel de infamia internacional sin precedentes. Desde entonces, los insurgentes —aparentemente animados por  la atención— han atacado las aldeas de la región con mayor frecuencia y osadía.

Una misión de investigación de la presidencia de Nigeria está en Maiduguri al mismo tiempo que nosotros. Cada mañana nos informan que viajarán a Chibok; cada mañana, los habitantes y los padres de las niñas secuestradas en Chibok esperan; cada tarde todos terminan decepcionados cuando las labores se postergan una vez más.

Una mujer que forma parte de la misión y habló bajo anonimato por la delicadeza de la situación nos dijo que renunciaría.

"(Los padres) necesitan saber que el país está con ellos, que el pueblo está con ellos", dijo conmovida. "Pero hay personas que no nos permiten llamarles siquiera. No dejan de decir que es por seguridad y que por eso no podemos ir, pero hay quienes estamos dispuestos a arriesgarnos".

A más de seis semanas del secuestro, el gobierno nigeriano y sus fuerzas han hecho poco para aliviar la agonía de los padres de las niñas y de quienes se han reunido para apoyarlos. La semana pasada, las autoridades prohibieron toda protesta en apoyo a la campaña Bring Back Our Girls y dijeron que eran "ilegales", aunque luego se retractaron ante la indignación de la opinión pública.

Viajar fuera de Maiduguri es arriesgado y tenemos el tiempo limitado por cuestiones de seguridad. A tan solo 20 minutos de la ciudad encontramos aldeas vacías tras los ataques recientes.

Aunque Maiduguri es el lugar de origen de Boko Haram, el terror se está esparciendo. Los refugiados llegan a los países vecinos, cuyas fronteras existen solo en teoría; cada persona tiene una historia de escape angustiante, una desoladora historia de pérdidas de las que pocos se recuperarán. El Comité Internacional de Rescate (CIR) estima que hasta 1,000 refugiados cruzan la frontera cada semana hacia la región de Diffa, en Níger. Cuatro de cada cinco son mujeres y niñas. El CIR estima que si la violencia persiste en el norte de Nigeria, podría llegar a haber hasta 100,000 refugiados en Diffa para finales de 2014.

Huérfanas por culpa de Boko Haram

Todo lo que Bintou, de 14 años, y su hermana Ma'ou, de 12, tienen de su antigua vida en Nigeria son unas fotos viejas de sus padres.

Bintou se acurruca y oculta el rostro; sus hombros se estremecen con cada sollozo. Parece que Ma'ou reprimió totalmente su dolor y habla monótonamente.

Nos cuentan que quieren regresar a Maiduguri, pero por ahora no pueden. Son huérfanas: su madre murió de causas naturales hace muchos años y su padre murió en un ataque de Boko Haram, hace unos cinco meses. Viven con su tía en un terreno pequeño en Diffa, Níger, y están obligadas a navegar solas hacia un futuro incierto.

"Ella (Bintou) no puede entender cómo pudo pasar esto", explica Mohammed Watakane, del CIR. "Ella es una víctima que está pasando por un trauma psicológico, necesita protección".

No hay campamentos para refugiados en Diffa y los nigerianos que huyen de su país se han integrado a la población local. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) ayuda a aliviar la carga de las familias anfitrionas al brindar ayuda a los refugiados, pero solo tiene la cuarta parte del dinero que necesita para sus programas en Níger, de acuerdo con el director del PMA en el país.

A las afueras de la ciudad, la población de la aldea de Guessere se ha duplicado. Sus nuevos habitantes provienen de una aldea nigeriana que está a tres kilómetros de la frontera. Muchos huyeron de un ataque de Boko Haram en plena noche y se ocultaron toda la noche antes de cruzar el río hacia Níger.

Haidjia Fandaou nos cuenta que se encontró con el cuerpo sin vida de su hermano en pleno escape. Lo habían sacado de una mezquita: lo ejecutaron mientras aún sostenía su rosario.

"Lo único que yo podía pensar en ese momento era: 'sobrevive'", nos cuenta Fandaou. Tardó apenas 30 minutos en llegar a Níger a pie. Aquí, la frontera es más una idea que una realidad. Un río somero que recorre las orillas de Guessere marca la línea entre una seguridad relativa y el terror. Sin embargo, el miedo sigue acechando a la gente que la cruza.

Pocos se atreven a pronunciar las palabras Boko Haram, como si al pronunciar el nombre la misma violencia y el terror cruzaran la frontera. Las autoridades locales de Níger se niegan a hablar de la seguridad y nos advierten bruscamente que no hagamos preguntas al respecto y nos apeguemos a nuestro plan original.

Las fuentes en los servicios de seguridad estadounidenses y nigerianos nos dicen que Boko Haram tiende a usar Níger como centro de organización o para escapar de los operativos militares en Nigeria. Les preocupa que los combatientes se escondan haciéndose pasar por refugiados y estén reclutando a los jóvenes desempleados de Níger, inquietud que comparten los otros vecinos de Nigeria mientras Boko Haram se transforma en una organización terrorista internacional.

El viaje al lago Chad

Salimos de Diffa en la mañana y seguimos un camino que apenas se ve bajo la arena. Viajamos en una caravana a través del paisaje remoto e inclemente. Nos cruzamos con unas camionetas de carga que venían de las dunas. Nuestro conductor nos explica que llevan pescado seco del lago Chad.

Las fuentes nos dicen que el lago es una zona de interés en la búsqueda de las estudiantes nigerianas desaparecidas. El lago colinda con Níger, Nigeria, Camerún y Chad; a causa del descenso de sus aguas, las islas ya ocupan la mitad de la superficie del que alguna vez fuera un lago enorme. Es el escondite ideal para Boko Haram. Las fuerzas nigerianas hicieron una redada en marzo en un campamento de Boko Haram (que se encontraba en una zona del lago que está al sur del lugar al que nos dirigíamos) y decomisaron armas, municiones y explosivos. Pero en general, se trata de aguas sin ley.

Salimos del puerto de Kirikiri, no sin antes escuchar más historias sobre otro pueblo que lidia con la llegada de refugiados. Parece que no hay persona ni lugar lo suficientemente afortunado como para escapar de la brutal campaña de Boko Haram.

Contratamos un bote pesquero y zarpamos. Viajamos hasta donde nos dijeron que podríamos llegar con seguridad y luego desembarcamos en una de las islas más cercanas a Níger.

Todo lo que podíamos ver era una vegetación densa a lo largo de la costa. Tierra adentro encontramos una pequeña aldea de pescadores. El líder de la aldea, Boulama Noma, nos dice que él y muchas personas más vivían en una de las islas que están más cerca de Nigeria. Un día, Boko Haram llegó de compras; Noma dice que antes de que se fueran con toda la cosecha y la comida, incendiaron todas las casas y mataron a tantos aldeanos que perdió la cuenta.

Esta es solo una de las muchas historias aterradoras sobre Boko Haram que escuchamos durante nuestra estancia en Níger. Nos hace pensar en todas las historias que no hemos escuchado acerca de las incontables víctimas a lo largo de los años en los que el grupo ha operado impunemente.

Antes de que llegáramos al lago Chad, nos reunimos en Nigeria con dos informantes que viven entre los miembros de Boko Haram y conocen las tácticas de la organización terrorista mejor que muchos. Les preguntamos qué planea hacer el grupo con las niñas secuestradas.

"Las usarán para negociar con el gobierno sobre aquellos miembros a los que el gobierno ha detenido", nos dice uno de ellos. "O las usarán como escudos humanos".

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Mientras navegamos de regreso a tierra firme, nos queda claro lo desafiante que será la operación de búsqueda y rescate. Aquí el terreno es tan implacable como las tácticas de Boko Haram.

Nural Choudhury e Inez Torre contribuyeron con este reportaje.

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