Santos y Zuluaga: dos visiones sobre Colombia y sobre las FARC

Los colombianos acuden este domingo a las urnas para elegir a su próximo presidente y para determinar el futuro del proceso de paz
El derechista Óscar Iván Zuluaga (izquierda) y Juan Manuel Santos (derecha), presidente de Colombia, durante la emisión de su voto este domingo
El derechista Óscar Iván Zuluaga (izquierda) y Juan Manuel S  El derechista Óscar Iván Zuluaga (izquierda) y Juan Manuel Santos (derecha), presidente de Colombia, durante la emisión de su voto este domingo
(Reuters) -

Los colombianos elegirán el domingo a su presidente en segunda vuelta, pero también decidirán el futuro del proceso de paz con la guerrilla de las FARC, pues los aspirantes, Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga, tienen posiciones dispares sobre cómo acabar con el conflicto armado.

El presidente Santos encabeza un proceso de paz que ha llegado más lejos que ninguno en la historia de Colombia. Su objetivo es terminar este ambicioso proyecto -que inició en 2012 en Cuba- para terminar con 50 años de conflicto, pero del que muchos de sus compatriotas, la mayoría conservadores, desconfían.

A esto se ha añadido el anuncio de que el Gobierno de Santos y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda en importancia tras las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), iniciaron en enero pasado conversaciones exploratorias para abrir un proceso de paz.

Tras la primera vuelta –celebrada el pasado 25 de mayo- asumió la derrota (25,69%) ante Zuluaga (29,25%) con un contundente mensaje: "los colombianos elegirán entre el fin de la guerra o la guerra sin fin".

Santos aludía así a las duras críticas que han hecho contra el proceso de paz desde su inicio tanto Zuluaga como el movimiento político al que pertenece, el Centro Democrático, cuyo líder espiritual es el expresidente y senador electo, Álvaro Uribe.

Así, mientras Santos ha pintado a Zuluaga como un "enemigo de la paz" que busca mantener al país en guerra, el uribista tildó al presidente de "castrochavista", le acusó de ser cercano a la guerrilla y de buscar la impunidad.

Los uribistas cuestionan que Santos se sentara a negociar con una guerrilla a la que aún tildan de "terrorista", que no se conozcan públicamente los tres preacuerdos alcanzados sobre tierras, participación política y drogas, y critican cierta "complacencia" con las FARC, que siguen combatiendo en el terreno.

Al inicio de su campaña, Zuluaga prometió que, de ser elegido, suspendería la negociación, pero tras recibir hace unas semanas la adhesión de la excandidata conservadora Marta Lucía Ramírez reconsideró su posición y decidió flexibilizarla.

Ahora Zuluaga mantendrá los diálogos, pero pondrá como condición que las FARC declaren un cese el fuego unilateral y promete "mano dura" judicial contra los guerrilleros, aunque comienza a valorar la imposición de penas reducidas "en aras de la paz".

El último golpe de efecto con vistas a las elecciones fue un decálogo que regirá la discusión sobre las víctimas en La Habana, una hoja de ruta que implica el reconocimiento de responsabilidad en el conflicto del Estado y la guerrilla y su disposición a repararlas.

Mientras tanto, las FARC tienen cuidado de no tomar partido y advierten, como hizo su jefe máximo, Rodrigo Londoño Echeverri o "Timochenko", de que Zuluaga y Santos son dos caras de la misma moneda que exigen la movilización de la ciudadanía en torno a una alternativa política.

La izquierda, la aliada de Santos en la segunda vuelta

Santos, un neoliberal que fue ministro de Defensa del derechista Álvaro Uribe, llegó a la Presidencia en 2010 dispuesto a seguir los postulados de su antecesor, pero se distanció y eligió otro camino.

Como ministro de Defensa asestó los más duros golpes militares a las FARC e hizo frente al gran escándalo de los "falsos positivos", cuando el Ejército mató a miles de civiles y les hizo pasar por guerrilleros muertos en combate con el único objetivo de engordar los éxitos militares.

El giro de Santos, un político tradicional de la llamada oligarquía bogotana y quien siempre ha estado más a la derecha que a la izquierda, responde al traspiés que ha sufrido en la recta final de la campaña y a la avanzada de su rival, el uribista Óscar Iván Zuluaga, el más votado en la primera ronda electoral del 25 de mayo.

La pugna entre la promesa de la paz de Santos y el retorno al poder del uribismo ha unido como nunca antes a la izquierda, que ha creado una plataforma en apoyo al presidente, el Frente Amplio por la Paz, y se ha volcado en la campaña para conquistar hasta el último voto.

La propuesta de Santos ha atraído a antiguos opositores en sus cuatro años de Gobierno, entre ellos la candidata izquierdista Clara López, así como los progresistas Antanas Mockus, Antonio Navarro o Gustavo Petro, y movimientos sindicalistas e indígenas.

Además de iniciar las conversaciones con las FARC, durante su mandato también recompuso las relaciones con Ecuador y Venezuela, rotas durante el Gobierno de Uribe, y congeló un convenio militar con EU por el que se iba a poner a disposición de ese país siete bases militares. Aún así, cerró el Tratado de Libre Comercio con la Administración de Barack Obama.

Entre sus iniciativas está la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, que rubricó en 2011 junto al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y el Marco Jurídico para la Paz, base legal para estructurar el postconflicto.

Zuluaga, el abanderado del uribismo

Zuluaga entró tarde en la política, a los 29 años. Y lo hizo desde abajo, como concejal de su pueblo (1988-1990) para después ser durante dos años alcalde de Pensilvania. Tras un paréntesis de varios años que dedicó a la empresa privada dio el salto de la política de provincia a la nacional en 2002 como senador por Caldas.

Para entonces, ya había empezado a tejer una amistad con su padrino político, Álvaro Uribe, entonces senador, a quien conoció en sus años como alcalde de Pensilvania y con quien compartía la preocupación por el crecimiento de la actividad guerrillera en la zona cafetera.

Esa amistad fue decisiva en su vida personal y en su carrera política, es la que le colocó hoy en la disputa de la Presidencia, un objetivo que hace solo unos meses parecía destinado al fracaso por su falta de carisma y mala posición en las encuestas, pues su candidatura tardó en despegar.

Antes de situarse en la parrilla de salida para la Presidencia, fue senador (2002-2006) y después Uribe lo nombró ministro de Hacienda, cargo que ocupó hasta el final de su gobierno, en 2010.

Ha sido fiel escudero de Uribe desde que estaba en el poder y también después, como opositor al Gobierno de Santos, lo que le valió la nominación presidencial por el Centro Democrático.

Tachado de "títere" de Uribe por Santos, Zuluaga se defiende con el argumento de que es un hombre de carácter y que una vez en la Presidencia será él quien mande y no su padrino político, ahora senador electo.

El inaudito apoyo de la izquierda a Santos y el respaldo del ala oficial del Partido Conservador a Zuluaga serán definitivos para definir quién gobernará Colombia a partir de agosto próximo.

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Estas alianzas, que han sido forjadas a la desesperada en las dos últimas semanas son las que determinarán si Santos será reelegido para intentar concluir el proceso de paz con las FARC que inició en noviembre de 2012 en Cuba.

O por contra determinarán si se volverá a instalar en Colombia un sistema de gobierno a semejanza del que ejerció Álvaro Uribe (2002-2010), basado en la lucha militar contra la guerrilla, la negación del conflicto armado y el acoso a la izquierda.

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