Escocia, un asunto personal y profesional para la reina Isabel

Aunque la soberana británica no se ha pronunciado sobre el referéndum escocés, el resultado podría tener efectos hasta en su vida personal
cumple de la reina Isabel II 5  (Foto: Reuters)
Autor: Max Foster | Otra fuente: CNN

No pensemos que la reina Isabel no tiene sus opiniones. Es humana y debe tener fuertes puntos de vista sobre la ruptura potencial del Reino Unido, al cual representa. Lo que importa es si expresa esas opiniones en público, lo que podría comprometer su papel constitucional de mantenerse imparcial, y podría debilitar la posición de la monarquía. La reina se ha manejado "por encima de la política" por más de 60 años —y la votación por la independencia de Escocia este jueves no parece alterar las cosas por ahora.

Lo más que Isabel II ha llegado a comentar sobre el referéndum fue lo que le dijo a un partidario del "Sí" a las afueras de una iglesia escocesa este domingo: que espera que la gente "piense cuidadosamente sobre el futuro".

Es un raro momento de candor para alguien que sabe que cualquier cosa que diga en público puede ser tomado por los reporteros. 

Su nieto, el príncipe Guillermo, también parecía entrar en el debate, según algunos diarios, cuando fue cuestionado sobre el segundo embarazo de su esposa el día en que fue anunciado. Por supuesto, dijo, la pareja estaba emocionada, pero después añadió: "es importante enfocarnos en las grandes noticias, en los grandes asuntos internacionales y domésticos que suceden en este momento". El comentario fue visto por parte de los medios británicos como referencia a la votación escocesa.

Así que, ¿cuál es la línea oficial? Un portavoz del palacio dijo: "cualquier sugerencia de que la reina desearía influir en los resultados de la presente campaña para el referéndum es categóricamente equivocada. Su Majestad está firmemente en la visión de que es un asunto de la gente de Escocia".

La reina ha estado bajo presión por parte de algunos políticos para entrar en el debate, pero esa idea tuvo muy poca atención. "La reina está por encima de la política y aquellos en el oficio político tienen el deber de asegurar que esto se mantenga", dijo el portavoz.

Uno de los grandes logros de la reina ha sido el mantener el apoyo de todos los partidos en el Parlamento a lo largo de su reinado (llegó al trono en 1952). Lo ha hecho al refutar tomar posiciones, en público al menos. Debido a su popularidad, podría balancear la opinión pero su imagen está en juego: si se involucra en la política entonces corre el riesgo de enajenar a la gente y parlamentarios, lo que, en última instancia, podría destronarla y sustituirla por un presidente.

El papel de la reina en Escocia no está, de hecho, ante ningún riesgo inmediato. El líder de la campaña pro-independencia, el primer ministro escocés Alex Salmond, dijo que busca que la reina se mantenga como la "reina de los escoceses" en una Escocia independiente. Eso, sin embargo, no hace justicia al histórico significado del momento.

El Reino Unido nació de la unión de las familias reales inglesas y escocesas hace más de 400 años atrás, la cual llevó al tratado de unión de 1707 y la unión de los parlamentos. Este nuevo país construyó un imperio que se extendió en el globo en varios puntos en Estados Unidos, India, Australia, Canadá y gran parte de África.

El final gestionado del imperio después de la Segunda Guerra Mundial se mantiene como uno de los grandes logros de la reina Isabel. Mientras los territorios se separaban, ayudó a formar una mancomunidad de naciones independientes. Pero traer a Escocia a esa hoja tiene un significado distinto.

Escocia no es una simple región separatista remota del Imperio Británico, es una parte del territorio que ha permanecido indiscutiblemente desde el Renacimiento. Romper con el Reino Unido podría traer una crisis de identidad para la reina y para el país. En ello influye el factor de que su madre era escocesa, y eso es intrínsicamente personal también.

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La última vez que Isabel II tocó de manera pública esa idea fue en 1977 durante un discurso que marcó su jubileo de plata. En ese tiempo, Escocia y Gales votaban sobre la formación de asambleas nacionales. Dijo: "No puedo olividar que fui coronada reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Quizá este jubileo es un tiempo para recordarnos los beneficios que esta unión nos confiere, en casa y en nuestras relaciones internacionales, para los habitantes de todas las partes del Reino Unido".

Los imperios podrían ir y venir, pero la reina enfrenta un rompimiento en su propio país. Es personal y profesional para ella.

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