Gino Bartali: el hombre que ayudó a salvar a judíos de Italia

Antes de que se le reconociera por haber salvado a unos 800 judíos de los nazis, Gino Bartali era famoso por sus proezas en el ciclismo
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Autor: James Masters | Otra fuente: 1

"Nunca pidió ni aceptó recompensa alguna porque era bueno y sencillo, y no creía que uno hace el bien por la recompensa". (Primo Levi, If This Is a Man)

(CNN) — Gino Bartali quería mantenerlo en secreto.

¿Cómo podría un hombre tan famoso y respetado mantener algo así en secreto por tanto tiempo?

"El bien es algo que haces, no algo de lo que hablas", explicó Bartali alguna vez. "Algunas medallas se cuelgan en tu alma, no en tu chaqueta".

Él era la versión italiana de Babe Ruth: un hombre cuya personalidad, carácter y éxito trascendieron al deporte.

En la década de 1930, Bartali, originario de la Toscana, era uno de los principales ciclistas del mundo y un hombre al que todos admiraban. Había ganado tres veces el Giro d'Italia (uno de los tres principales eventos del ciclismo europeo) además de su triunfo en el Tour de Francia de 1938; era básicamente el héroe del país.

Para haber sido un hombre que pasaba su vida ante el ojo público, en la nueva cinta My Italian Secret (Mi secreto italiano) se revela un lado de Bartali muy diferente en su notable vida.

Dirigida por Oren Jacoby, la cinta muestra que Bartali era parte de un movimiento de resistencia italiano que ayudó a ocultar a los judíos del país durante la invasión nazi de 1943.

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Ocultaba en el manubrio de su bicicleta los papeles de identidad falsos y llevaba a los judíos ocultos las visas de salida que les permitían evadir los transportes a los campos de concentración; se le atribuye haber salvado la vida de 800 personas.

"Nunca habló de lo que hizo durante la Segunda Guerra Mundial", dijo Jacoby. La gente lo amaba, lo adoraba. Italia estaba muy orgullosa de él.

"Arriesgó su vida para salvar a otros y ahora Italia adopta esa historia".

Las ruedas de la fortuna

Bartali nació en Florencia en 1914 y era un católico devoto; el cardenal local, Elia Angelo Dalla Costa casó a sus padres.

Dalla Costa reclutó a Bartali en su red secreta en una época en la que se había cedido gran parte de Italia a los nazis.

En 1938, el régimen fascista de Benito Mussolini implementó una serie de leyes antisemitas que impedían que los judíos trabajaran en el sector gubernamental o educativo, prohibía el matrimonio interracial y los retiró de sus puestos en los medios de comunicación.

Aunque algunos de los judíos del país escaparon antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, los que se quedaron salieron prácticamente ilesos hasta que los alemanes empezaron las deportaciones en 1943.

En esta época, Della Costa, en colaboración con el rabino Nathan Cassuto, creó un sistema en el que intervenían monasterios, conventos y miembros del público en general para ocultar a los judíos en muchas formas ingeniosas.

La red secreta siguió funcionando incluso después de que los alemanes arrestaran a Cassuto y lo deportaran hacia su muerte.

Con el pretexto de que entrenaba para las carreras de larga distancia, Bartali viajaba cientos de kilómetros para entregar documentos mientras la policía secreta fascista lo dejaba pasar porque lo admiraban.

Cuando lo detenían, simplemente pedía que no tocaran su bicicleta porque estaba técnicamente configurada para alcanzar la máxima velocidad.

Finalmente, obligaron a Bartali a esconderse en Citta del Castello, en Umbría, en donde ocultó a la familia Goldenberg.

En el libro Road to Valour (El camino al valor), escrito por los hermanos Aili y Andres McConnon, Giorgio Goldenberg recuerda que los actos de Bartali salvaron su vida y la de su familia.

"No hay duda alguna de que él salvo nuestra vida", dijo Goldenberg, quien se ocultó en el sótano de la casa de Bartali hasta que Florencia quedó liberada en 1944.

"No solo salvó nuestra vida, sino que ayudó a salvar la de cientos de personas. Puso su propia vida y a su familia en peligro para hacerlo".

"En mi opinión, él era un héroe y tiene derecho a que lo llamen héroe del pueblo italiano durante la Segunda Guerra Mundial".

No solo los rescatados estaban agradecidos con Bartali: las personas involucradas en la falsificación de los papeles en Asís también cobraron valor gracias a la temeridad del ciclista.

Trento Brizi, quien trabajó en el negocio de la falsificación, explicó que la influencia de Bartali le dio valor en una época en la que los nazis empezaron a sospechar.

En el libro, Brizi comenta: "La idea de participar en una organización que podía presumir de tener en sus filas a un campeón como Gino Bartali me llenó con tanto orgullo que mi miedo quedó en segundo plano".

Según Yad Vashem, del museo del Holocausto en Jerusalén, los nazis mataron a 7,680 de 44,500 judíos italianos.

Aunque muchos italianos desafiaron los intentos de Adolfo Hitler por erradicar a los judíos de Europa, la fama de Bartali implicaba que se estaba arriesgando en un juego peligroso.

Sin embargo, de acuerdo con Aili McConnon, se negó a recibir crédito por su intervención para salvar la vida de los judíos.

"Era muy modesto al respecto", dijo McConnon a CNN. "Sentía profundamente que tanta gente hubiera sufrido mucho más que él. No quería llamar la atención ni restar importancia a la contribución de los demás".

"Como ciclista y como competidor, podía ser un verdadero hablador. Era muy orgulloso y muy competitivo. Pero lo que lo hacía tan fascinante era su otra faceta, su modestia".

"Héroes reales"

En septiembre de 2013, honraron el heroísmo de Bartali en Israel cuando Yad Vashem (el monumento oficial de Israel a las víctimas del Holocausto) lo nombró "Justo entre las naciones".

Aunque Bartali rara vez habló de sus actos antes de morir en 2000, su hijo, Andrea, asistió a la ceremonia y conoció a los sobrevivientes, entre ellos Goldenberg, quien se benefició de los actos de su padre.

Andrea ayudó a dar publicidad a la contribución de su padre en la época de la guerra tras años de estar en secreto.

"Cuando la gente le decía: 'Gino, eres un héroe', él respondía: 'no, no. Quiero que me recuerden por mis logros deportivos", dijo Andrea Bartali a los reporteros durante su visita a Israel en 2013.

"Los héroes reales son otros, los que sufrieron por sus seres queridos en su alma, en su corazón, en su espíritu, en su mente. Esos son los héroes reales. Yo soy solo un ciclista".

My Italian Secret ya ha afectado profundamente a la sociedad italiana.

En su proyección en el Festival de Cine de Roma, la crítica la alabó en general y ha permitido que Italia empiece a reconocer su pasado, de acuerdo con Jacoby.

"Estábamos abrumados por la respuesta a la cinta en Italia", agregó el director del filme, que tiene ascendencia judía del lado de su padre.

"Creo que este tema no se había tocado ni se había pensado en él desde la guerra. Era una oportunidad para que Italia se reconciliara con este capítulo de la historia que no había abordado".

Desde que pasó un verano en Roma cuando tenía 19 años, la historia de los judíos italianos y de la forma en la que los italianos comunes se las arreglaron para desafiar a los nazis siempre ha estado presente en la mente de Jacoby.

Aunque dedicó un tiempo a aprender de los grandes directores italianos como Federico Fellini (Casanova), Ina Wertmuller (Pasqualino Siete Bellezas) y Pier Paolo Pasolini (Saló o los 120 días de Sodoma), lo que le dejó huella fue haber conocido a un cineasta polaco.

"Un día, el profesor que daba la clase, un cineasta polaco llamado Marian Marzynski, me llevó a almorzar en una cafetería en el gueto de Roma, a unos metros de donde había una placa conmemorativa de la redada contra los judíos de Roma en 1943", cuenta Jacoby.

"Me contó que había sobrevivido al gueto de Varsovia cuando era niño porque unas personas comunes lo escondieron y lo protegieron; más tarde lo albergaron unos sacerdotes en un monasterio; todos arriesgaron su vida para ayudarlo a escapar".

"En 1975 no pensé que casi 40 años después se me daría la oportunidad de contar la historia de los niños italianos a los que ocultaron y salvaron, junto con la historia de Gino Bartali y algunos otros héroes que arriesgaron su vida para hacerlo".

'Il Morbo di K'

Aunque el heroísmo de Bartalo ha llamado gran parte de la atención, la historia del médico Giovanni Borromeo es igualmente notable.

Por casualidad, Jacoby entró en contacto con Pietro, el hijo de Borromeo, cuando filmaba en Roma.

"Supimos que un tipo quería ponerse en contacto con nosotros acerca de la cinta", recuerda Jacoby.

"Así que vino y se reunió con nosotros para almorzar; lo que nos contó fue increíble, absolutamente increíble".

Borromeo era un cirujano que trabajaba en el Hospital Católico de Fatebenefratelli en la isla Tiberina en Roma.

Ahí ocultó a cientos de judíos luego de inventar la historia de que una enfermedad "letal" se había apoderado del hospital.

"El Dr. Borromeo inventó una enfermedad para ahuyentar a los nazis y evitar que catearan el hospital", dijo Jacoby.

"La llamó Il Morbo di K y la usó para proteger a la gente judía a la que ocultaba. Él les decía a los nazis: 'oigan, pueden entrar, pero se contagiarán de esta enfermedad y podría matarlos'. Salvó a muchas personas, pero realmente se notó su efecto hasta que las personas a las que salvó se presentaron en nuestra proyección. Eso fue increíble".

Bartali siguió decidido a que lo recordaran por sus éxitos en el ciclismo: su segundo Tour de Francia, en 1948, fue notable ya que ocurrió una década después de su primera victoria.

Años más tarde, cuando conoció a la hija de Cassuto, accedió a hablar acerca de sus experiencias, aunque insistió en que no lo grabaran.

Aunque todos los años se recuerdan los logros de Bartali en el ciclismo en un evento dedicado a él y a su fiero rival, Fausto Coppi (la carrera anual Settimana Copi e Bartali), su otro legado al mundo sigue vivo.

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"Nos ocultó a pesar de que sabía que los alemanes estaban matando a todo el que ocultara a los judíos", dice Giorgio, el hijo de Goldenberg, en la cinta de Jacoby.

"Arriesgó no solo su vida sino la de su familia. Gino Bartali salvó mi vida y la de mi familia. Eso está claro porque si no nos hubiera ocultado, no habríamos tenido a dónde ir".

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