En Aleppo hay miles de personas 'atrapadas' entre el régimen e ISIS

La situación en la mayor ciudad de Siria es crítica y tiene en riesgo a unos 300,000 civiles
Nuevos aliados se suman en la lucha contra ISIS
Nick Paton Walsh
Autor: Nick Paton Walsh
(Reuters) -

Es difícil saber en qué momento se olvidan las cosas horribles y pierden la atención del mundo.

Tal vez sea cuando las eclipsa otra crisis, aparentemente más urgente. O cuando se hace casi imposible (por seguridad u otras razones) que los observadores externos sean testigos de los efectos diarios.

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De cierta forma, en algún momento entre finales de 2012 (cuando era una herida abierta en la guerra civil de Siria) y hoy (cuando la lucha contra ISIS ha llamado completamente la atención del mundo), Aleppo desapareció del radar.

Pero esta es la razón por la que eso no debe ocurrir: aún hay unos 300,000 civiles allá, tan solo en las zonas rebeldes.

Esta gente sufre alguna de estas aflicciones (o todas) a diario: bombas de barril (dispositivos toscamente fabricados y lanzados al azar, cuyo propósito es mutilar, matar y aterrorizar), milicias rebeldes contrincantes que también luchan contra el régimen; grupos islámicos radicales; escasez de alimentos y agua; la gente corta cualquier árbol que encuentra para usarlo como combustible.

Sobre todo, desde hace algunos meses persiste una sensación de desesperanza, de que su mundo solo ha empeorado desde que empezó la lucha por Aleppo, en junio de 2012.

Que algunas personas consideran que su lucha es tan incurable e irresoluble que el mundo exterior dejó a su suerte a Aleppo; están dispuestos a ayudar al vencedor, pero no a ayudar a que logre la victoria.

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Aleppo es el premio mayor de la lucha por el norte de Siria, pero también la víctima principal. Aleppo, la ciudad más grande, el centro comercial, el corazón cultural, es el esqueleto de lo que se alzaba orgulloso hace apenas tres años.

Es muy difícil entrar por cuenta propia en Aleppo. Puedes contar con los dedos de una mano a los canales de televisión occidental que lo han hecho a lo largo del pasado año. La última vez que CNN entró fue en junio de 2014, por seis horas.

Los secuestros son el principal peligro. Tras meses de hospitalidad y de arriesgarse para ayudar a los periodistas, las filas de los rebeldes ahora están llenas de radicales y criminales que consideran que los medios extranjeros son una moneda de cambio con la que llenarán sus arcas o lidiarán con otro azote: ISIS.

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Pocos, a través de la suerte o los contactos, se las arreglan para sortear los diversos obstáculos. El fotoperiodista brasileño, Gabriel Chaim, se las arregló para pasar un mes en Aleppo con algunos de los grupos rebeldes más moderados. Le permitieron entrar en su mundo.

Le dieron acceso a una escuela oculta en una casa en la que los niños siguen aprendiendo inglés. A un artista que conmemora a los muertos de la guerra con pinturas que crea en una caverna subterránea y que también sirve como refugio antibombas. Al frente en el que se libra la batalla por la mayor ciudad de Siria con una desesperación nunca antes vista.

Chaim tuvo acceso a una batalla clave que se libra actualmente. Como en gran parte de la guerra de Siria, ha sido así desde hace varios meses y probablemente seguirá, ya que el desenlace es tan vital que nadie está listo para rendirse: la lucha por una pequeña loma llamada Handarat.

La loma y su asentamiento asociado yacen el noreste de la ciudad de Aleppo, sobre un camino vital que lleva a las zonas rebeldes. El régimen tiene una fuerte presencia al oeste y ha estado avanzando hacia el este desde hace algunas semanas.

Todos los días, hora tras hora, avanzan hacia esta elevación geográfica que, si cayera en sus manos, les permitiría bombardear los únicos caminos que entran y salen de las zonas rebeldes, con lo que negarían efectivamente su uso a los rebeldes y a los civiles que viven entre ellos.

Muchos temen que después de eso empezaría el sitio a Aleppo.

El régimen ha intentado antes esta maniobra (llamada mueran de hambre o ríndanse), por ejemplo en Homs. Sitian una zona, les niegan a los combatientes y a los civiles los alimentos, los medicamentos, todo. Tarde o temprano, el régimen propone un trato: váyanse o ríndanse.

Se teme que la caída de Handarat sea una oportunidad similar para el régimen. Luego se propagaría la catástrofe humanitaria que actualmente se gesta dentro de las zonas rebeldes.

Hanaa Singer, portavoz de Unicef, dice que la situación en Aleppo en este invierno "es muy desesperada, sin importar si las zonas están bajo el control del gobierno o de los grupos armados opositores".

Se siguen propagando las enfermedades por medio del agua, en parte porque entre 50 y 70 desplazados comparten el mismo retrete.

"No hay electricidad ni combustible para calefacción, por lo que muchas personas no tienen más opción que cortar los árboles de los espacios públicos y usarlos para calentar sus hogares", dice.

Añade que la situación es aún más difícil para los desplazados, ya que muchos viven en "edificios sin terminar o en refugios colectivos en los que no hay ventanas, puertas ni muros".

Unicef estima que 65,000 familias están en riesgo de quedar fuera del alcance de cualquier esfuerzo de asistencia si el régimen toma la loma de Handarat: se trata de unas 300,000 personas.

Otros 100,000 niños simplemente necesitan ropa caliente para este invierno, agrega Singer.

Eso es tan solo en los alrededores de Aleppo.

Esta es la pesadilla de estar atrapado entre un régimen que trata de sitiarlos por un lado y la maldad de ISIS que trata de imponer su visión radical del mundo por el otro.

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