Los suburbios olvidados de París bajo los reflectores

En Francia reina la percepción de que los barrios de inmigrantes y proletarios de la periferia de París son nido de terroristas
Grigny, Paris, suburbios_2006  Suburbios
Autor: Saskya Vandoorne | Otra fuente: CNN

Hatouma Diarra no quiere que la juzguen por la ropa que usa, por la religión que profesa y, menos que nada, por el lugar en el que creció.

Pero Diarra, a quien criaron unos inmigrantes malíes en el suburbio parisino de Viry-Chatillon, dice que parece que lleva su vecindario estampado en la frente.

"Es difícil soñar cuando todo el mundo dice que el sitio del que provienes solo produce 'yihadistas, terroristas y delincuentes'", explica la joven de 21 años. "Terminas sintiéndote completamente aislado".

Viry-Chatillon es uno de los muchos banlieues (suburbios mayormente compuestos por inmigrantes y proletarios) esparcidos alrededor de la capital de Francia. Sin embargo, su cercanía con Grigny ha causado que el vecindario sea sinónimo de violencia y fracaso.

Grigny es donde vivía Amedy Coulibaly, quien mató a una agente de policía y a cuatro rehenes en un supermercado kosher de París, hace dos semanas. Sus correligionarios, Saïd y Chérif Kouachi, masacraron a 12 personas más en las oficinas de la revista satírica Charlie Hebdo. Son los peores ataques terroristas que Francia ha sufrido en décadas.

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Las inquietudes de Diarra se exacerbaron esta semana, cuando el primer ministro de Francia, Manuel Valls, declaró que en Francia se había desarrollado una "segregación geográfica, social y étnica". Ella cree que el uso de palabras provocadoras solo alienará más a la gente que vive en los banlieues.

Diarra dice que en las últimas dos semanas, ha habido una incesante y molesta intrusión de los medios de comunicación en Viry-Chatillon; los periodistas llegan en hordas y filman desde sus autos por temor a que los agredan o que les roben su equipo.

Las noticias negativas han desenterrado muchos prejuicios y estereotipos culturales que Diarra trató de disipar durante gran parte de su juventud, desde que los disturbios de 2005 dejaron un saldo de miles de autos quemados en la región de París, miles de detenidos y millones de personas traumatizadas en toda Francia.

"Sí, necesitamos mejor educación y sí, la delincuencia existe en estas ciudades, pero el gobierno nos mancha a todos por igual. Dejas de sentirte como individuo y empiezas a pensar que eres solo un municipio asolado por la delincuencia", dice Diarra.

Diarra cree que los medios de comunicación perpetúan ciertos estereotipos sobre municipios como el suyo, especialmente el de que los banlieues están llenos de "manzanas podridas".

Maimouna Coulibaly, la hermana de Amedy, comparte ese sentir. Ella ahora es una bailarina exitosa y reflexionó sobre los disturbios de 2005 en una entrevista que dio en 2009 para el diario estadounidense San Francisco Chronicle.

"Cuando estás en las unidades habitacionales, quieren que te calles la boca, que te quedes aquí, que te vuelvas conformista. En mi opinión, la forma en la que retratan tan negativamente a la gente de las unidades habitacionales en los medios me lastima mucho", dijo Maimouna al diario.

Sin embargo, Phillipe Rio, el alcalde de Grigny, está tratando de romper con esta imagen de que los banlieues son guetos asolados por la delincuencia. Rio creció en el laberinto de concreto de Grande Borne, la misma unidad habitacional en la que vivía Coulibaly.

Rio dice que es fácil pasar por alto las historias de éxito de los banlieues y dar prominencia a las historias de terroristas locales, pero que no toda la gente de su municipio es delincuente.

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"Grigny fue hogar de un futbolista profesional, una actriz e incluso de un chef repostero que ahora trabaja en Hong Kong", explica. "Son personas realmente exitosas".

De igual forma, el alcalde reconoce que su municipio enfrenta graves problemas económicos. El 40% de los habitantes de Grande Borne, de entre 16 y 25 años, están desempleados. El ingreso anual neto promedio en Grigny, de acuerdo con Rio, es de 9,600 euros (unos 155,000 pesos), el más bajo de la región de París.

Estos factores dificultan en gran medida que la gente que vive en la zona sienta que son parte de la sociedad, explica el alcalde.

Rio emprendió una campaña para conseguir una estación de Policía con personal para atender a los 30,000 habitantes del municipio, pero el Ministerio del Interior aún no le ha concedido su deseo.

El alcalde cree también que una educación mejor ayudará a cerrar la brecha que hay entre los municipios y el estado, la mentalidad de "nosotros y ellos".

Eric Betencourt, profesor en el suburbio de Clichy-sous-Bois, en el este de París, da clases a un grupo que se compone en gran medida por niños inmigrantes de segunda o tercera generación. Es un hombre tranquilo y cree que abrir un diálogo con sus estudiantes respecto al tema de la identidad en Francia es crucial para ayudar a sus estudiantes a encontrar su lugar dentro del Estado.

Su principal inquietud es lo que ocurre cuando salen de la escuela y empiezan a buscar trabajo.

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"Como se ven en dificultades para encontrar trabajo, se sienten desheredados, estigmatizados; de pronto, estos adultos jóvenes no encuentran su lugar en el mundo laboral y por eso crean sus propias comunidades", dice.

De-Charles Clauda Aka fue el trabajador social de Amedy Coulibaly. Su pequeña oficina en Grande Borne está llena de fotos de niños sonrientes a los que ha guiado hacia la adultez.

Aka cree que una de las razones por las que Coulibaly pudo haber entablado una relación con delincuentes endurecidos cuando estuvo en la cárcel es que no encajaba en la vida fuera de la prisión, a pesar de que deseaba desesperadamente ser parte de una comunidad.

"[Coulibaly] tenía un gran problema de identidad, estaba perdido. La prisión le dio unos ejemplos malos para seguir", explica Aka.

Amad, primo de Coulibaly, coincide. "Se hizo amigo de un montón de idiotas y él mismo se volvió un idiota", dijo Amad a la estación de radio francesa RMC. "No odiaba a los judíos, a los cristianos; odiaba al Estado".

Poner a los jóvenes indiferentes en contacto con el Estado a través de la creación de empleos es a lo que Majid El Jarroudi se ha dedicado desde hace seis años. La empresa que fundó, la Agencia para la Diversidad en el Emprendimiento, busca "revelar el potencial no aprovechado de hacer negocios con empresarios menospreciados en vecindarios marginados".

El Jarroudi dice que la publicidad negativa que rodea a los banlieues significa que las empresas evitan reclutar gente de esas zonas, lo que genera más hostilidad hacia la gente de esos municipios.

"Sentimos que estamos solos y cuando hablamos de los banlieues, solo hablamos de sus problemas y nunca de la oportunidad que los banlieues representan en la actualidad", dice El Jarroudy. "Eso es crucial para unir a todos".

Mientras tanto, Hatouma Diarra espera que llegue su oportunidad cuando haga una pasantía a mediados de este año. Su sueño es hacer carrera en el periodismo, pero sabe que la ambición por sí sola tal vez no sea suficiente. "Para tener un futuro tienes que creer en ti, pero también necesitas que otros crean en ti", dice.

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