Un pueblo de Túnez que solía aparecer en 'Star Wars', ahora combate a ISIS

Un pequeño pueblo cerca de Túnez, usado como locación, teme la presencia de yihadistas por su cercanía y la frontera con Libia
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Autor: Arwa Damon y Tim Lister
(Reuters) -

El desierto y las dunas alrededor de 'Tatooine' (nombre del planeta en la saga) fueron alguna vez el telón de fondo de la película Star Wars, mucho fue filmado en esta esquina olvidada de Túnez en 1976 y en otras de las películas de George Lucas. 

Este pueblo en aprietos en las orillas del Sahara todavía llama a algunos fanáticos de la película, pero ahora es parte de un conflicto real, como lugar de paso para los yihadistas que cruzan la frontera de Libia, a 96 kilómetros al este.

A principios de este mes, antes del ataque armado al museo Bardo en Túnez, tres hombres jóvenes fueron arrestados aquí pues supuestamente habían hecho planes de cruzar a Libia para unirse a una red terrorista. Un oficial local dijo a CNN que habían sido llevados al país para ser cuestionados.

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Dos depósitos de armas también fueron encontrados en la región este mes, uno de los cuales incluía lanza granadas impulsados por cohetes y más de 20,000 rondas de munición, que se piensa fueron robados del arsenal libio a raíz de la expulsión de Moammar Gadhafi en 2011.

Al manejar cerca de la frontera, es rápidamente obvio por qué el gobierno de Túnez está tan ansioso por una implosión de Libia y por la emergencia de una afiliado de ISIS, cuyos tentáculos se extienden a través del país. Este espacio abierto es vasto y poco habitado. Los contrabandistas hacen caminos en los interminables matorrales y áridas colinas que están a lo largo de la frontera. Gasolina, drogas y otros productos han sido parte del contrabando por mucho tiempo.

Cerca de Remada, al sur de 'Tatooine', un par de soldados tripulan un punto de revisión. Ellos usan chamarras protectoras –ya sea para demostrar algo o por la amenaza percibida de los militares islamistas–, es difícil saber. Cuando llegamos, nos pidieron nuestros pasaportes y realizaron llamadas. Fuimos escoltados al pueblo y amable, pero firmemente, nos indicaron que no podíamos ir más lejos sin autorización escrita.

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Exactamente hace cuatro años habíamos pasado por Remada sin problemas. Los tunecinos habían lanzado la Primavera Árabe. Había un ambiente optimista y el aparato de seguridad del régimen de Ben Ali se había desaparecido. Pero Libia ya estaba cayéndose a pedazos, por los diferentes grupos de rebeldes que luchaban por expulsar a Gadhafi.

Miles de trabajadores extranjeros trataban de escapar de la violencia a través de los pocos cruces de frontera oficiales. Ahora el declive de Libia hacia el caos significa que esos cruces están cerrados algunas veces y es de los luchadores extranjeros, que usan las huellas de los contrabandistas, de lo que se tiene que preocupar Túnez.

En el edificio de la guardia nacional de Remada, el oficial a cargo –una figura corpulenta en sus 40– estaba usando una sudadera que decía “Nueva York 1999” y parecía ser uno de muchos oficiales en ropa de civil de la ciudad. Él estaba feliz de hablar pero no quería que su nombre fuera reportado.

Ignorando las llamadas a su celular, lamentó el estado del mundo árabe y la expansión de Daesh, como llaman frecuentemente a ISIS. "Mire a Iraq, Siria, Libia… sin duda Túnez está bajo amenaza", dijo.

Los tunecinos están haciendo lo que pueden, dijo. Hay ahora una zona prohibida de 2.89 kilómetros en la frontera y la milicia ha construido fuertes cada 5 kilómetros. La presencia de seguridad ha sido aumentada entre 7 y 10 veces, pero aún así no hay suficientes hombres o equipo. La frontera, al final, mide 611.5 km.

Una zona de amortiguamiento más amplia –de 19 km de profundidad– también ha sido creada, a la que la gente sólo puede entrar con permiso. Esto no ha resultado bueno para los pastores cuyas cabras y borregos viven de los matorrales del desierto.

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Otras medidas tomadas por las autoridades de Túnez, de acuerdo con el oficial en Remada, incluye una prohibición de viajes a Libia para hombres de 18 a 35 años, a menos que tengan papeles de residencia y una prueba de empleo ahí. Otra fuente dijo que la prohibición aplica para hombres de menos de 30.

Aún así, los dos hombres armados que entraron al musero Bardo la semana pasada –ambos en sus veinte– habían cruzado ilícitamente a Libia en diciembre, de acuerdo con el Ministro de Seguridad Estatal de Túnez, Rafik Chelly. Chelly dijo a una televisora de Túnez que el par había recibido entrenamiento en armas en la fortaleza de Derna de ISIS.

El humor entre los tunecinos parece ser más firme y pragmático de lo que era hace cuatro años. Un asistente de tienda en una pequeña aldea entre 'Tatooine' y Remada dijo que es necesario una campaña de seguridad. Él dijo que la gente en el área llevaba vidas sencillas, pero que se conocían uno a otro y se daban cuenta de los extraños.

Bassim, un chofer de taxi en la isla de Djerba, a unas 60 millas (96 kilómetros) al norte de 'Tatooine', tiene una opinión similar.

"La gente necesita ser el tercer ojo de las fuerzas de seguridad,” dijo. “Y necesitamos pensar en la seguridad de los visitantes como pensamos en la seguridad de nuestras familias.”

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Bassim y miles de otros tunecinos tienen razones para estar preocupados. Ellos dependen del turismo para sobrevivir y temen que ISIS, tal como ha amenazado, lanzará ataques a los extranjeros que visiten Libia. Bassim lleva a turistas por Djerba, cuyos hoteles de lujo y playas son destinos populares para franceses y alemanes.

Le llevó años a la industria del turismo recobrarse de un ataque terrorista en una sinagoga en la isla en 2002 en donde 21 personas fueron asesinadas. Bassim dice que él ha escuchado demasiadas historias de horror sobre los eventos en Libia de los trabajadores de petróleo que lleva al aeropuerto de Djerba.

Otros, principalmente en la capital, miran con aprehensión que lo ganado en democracia hace 4 años se pierda en una nueva restricción de seguridad. Ellos apuntan a la nueva legislación antiterrorismo que aumenta el poder de detención y el derecho de las autoridades a monitorear los teléfonos y redes sociales de los sospechosos. La medida fue discutida el miércoles en el parlamento cuando el ataque fue lanzado en el museo.

Túnez dice que su país está en una encrucijada mientras trata de defenderse del contagio yihadista que se filtra por el norte de África. Su democracia es joven y vulnerable.

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"Queremos ser la esperanza del mundo árabe,” dice Bassim, “como éramos hace cuatro años.”

“Todavía tenemos esperanza, pero ahora tenemos miedo también.”

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