Las familias chinas y sus pertenencias, promesa incumplida de prosperidad

Ma Hongjie se dio a la tarea de documentar las pertenencias de las familias de diferentes partes y estratos sociales del gigante asiático
Autor: Shen Lu
(Reuters) -

Por más de una década, el fotógrafo chino Ma Hongjie pidió a docenas de familias de toda China que vaciaran sus casas y posaran frente a todas sus pertenencias.

Su objetivo es contar las historias de aquellas personas a las que el auge económico de China ha pasado por alto, la gente que vive en el último peldaño de la sociedad y que no ha gozado los frutos de la transformación del país.

"Las posesiones ni siquiera son riqueza. Simplemente es su vida… mostrar cómo se gana la vida la gente de abajo", dijo Ma, editor de fotografía de la revista National Geography de China.

Aunque las imágenes fascinantes muestran paisajes, estilos de vida y culturas variados, lo más llamativo es su similitud: sus posesiones ordenadamente dispuestas son mayormente artículos cotidianos básicos y herramientas de trabajo. Su dueños lucen orgullosos, pero humildes.

Casi todos los modelos de Ma son familias rurales. Pidió a familias más ricas de las ciudades que participaran, pero no estuvieron dispuestas a participar en el proyecto, dijo.

Tienen muchas más posesiones y temían las repercusiones de mostrar su riqueza, explicó Ma.

"Sin embargo, la gente humilde se sintió totalmente cómoda mostrándome lo que tienen", dijo. "Al principio se mostraron cautelosos ante mi petición, pero cuando les dejé ver las muestras, pensaron que era interesante".

Aunque actualmente China es la segunda mayor economía del mundo, después de Estados Unidos, también tiene la mayor cantidad de pobres en el mundo, según cifras del Banco Mundial.

Casi 100 millones de personas vivían bajo el umbral de pobreza de un dólar (unos 15 pesos mexicanos) al día en 2012.

Resistencia humilde

En su libro, que se publicará a finales de mayo, Ma cuenta las historias de las familias a las que ha fotografiado.

Lo que más lo ha impresionado de la gente a la que ha retratado es su actitud. Están impotentes, nunca exigen nada, dijo Ma.

"¿Están satisfechos? No. Pero no tienen más opción que aceptar lo que les pase", agregó. "No obstante, tratan de vivir con lo poco que poseen".

Aunque fue una lección de humildad, también fue frustrante para Ma. "Sufren en silencio", opina.

Ma visitó recientemente a la primera familia a la que retrató. En 2003 vivían en un pueblo rural en una zona montañosa de la provincia de Hunan, en el sureste de China.

Para su asombro, nada ha cambiado desde su primera visita, hace 10 años; su destartalada casa está aún más destartalada.

Sus hijos querían casarse pero la familia no podía pagar la construcción de sus nuevas casas.

Esperaban que el turismo se desarrollara en este viejo pueblo para que le pagaran a la familia para mudarse, así los hijos podrían casarse, cuenta.

Las cosas no cambiaron

En todos los lugares a los que Ma viajaba, se desarrollaban historias parecidas.

La familia Sun vive en botes sobre el río Amarillo, que serpentea por el corazón de China. Sun Guiyou, quien ha cruzado ríos y lagos toda su vida, dice que su mayor sueño es construir una casa permanente en tierra algún día.

Aunque la familia dice que les ha ido mejor desde que los fotografió en 2006, poco ha cambiado y no han podido construir una casa en tierra firme.

"No cambia la forma de ganarse la vida, siguen pescando", dijo.

"Los nietos no recibieron una educación buena, incluso dejaron la escuela. Puedes ver que repetirán la vida de sus abuelos".

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Tradiciones que desaparecen

Ma dijo que le asombraba la diversidad de culturas y estilos de vida que encontró y que era desolador ver que estas tradiciones se desvanecían.

Solo unos pocos de los artesanos y artistas locales a los que conoció dijeron que sus hijos estaban dispuestos a perpetuar la tradición familiar. Suelen irse a las ciudades para ser trabajadores migrantes.

Cuando visitó una aldea de la provincia de Hainan, en 2010, la gente vivía en chozas pequeñas. A su regreso, años más tarde, las chozas habían cambiado por casas de cemento y ladrillo que el gobierno construyó.

El resultado fue que los aldeanos construyeron nuevas chozas a un lado de la vivienda que se levantó con el subsidio del gobierno, ya que no las construyeron de forma que se adecuara a su estilo de vida. En esas casas era difícil ventilar el humo que se generaba cuando cocinaban.

"El gobierno local pensó que era poco civilizado vivir en chozas, pero eran singulares", dijo Ma. "¿Por qué todo tiene que ser uniforme?".

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Las familias a las que documentó también tenían en común el odio por la burocracia; se lamentaban de la interferencia del gobierno local. Así que cuando el gobierno decidió eliminar la antigua tradición de imponer a los agricultores un impuesto a los productos agrícolas, los campesinos y los granjeros estaban encantados con la noticia.

"Simplemente quieren que no se metan con ellos… Me decían: 'No nos compliquen tanto la vida, déjennos cultivar y déjennos vivir'", cuenta Ma.

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