Retórica populista, el arma de Trump para llegar a la presidencia de EU

El magnate de los bienes raíces tiene en jaque a los republicanos, quienes temen que su desparpajo les cueste la presidencia en 2016
"Si mi esposa fuera mexicana...": Donald Trump
Autor: Stephen Collinson | Otra fuente: CNN

Primero ignoraron a Donald Trump, pero no desaparecía. Luego se burlaron de él por ser una estrella de un reality show en un frenesí publicitario, pero El Donald se negó a darse por aludido.

Ahora, los rivales del magnate de los bienes raíces en la búsqueda de la nominación presidencial republicana, asustados por su auge en las encuestas y temerosos de que pueda dañar tanto al partido como sus aspiraciones a la Casa Blanca, están intensificando el ataque y endureciendo su discurso considerablemente.

Dicen que Trump no solo es una amenaza para las esperanzas del Partido Republicano de recuperar la presidencia al alienar a electores clave (como los hispanos y los veteranos de guerra), sino que es una amenaza al país mismo. El desparpajado empresario probablemente despierte más rencores este jueves al recorrer la frontera de México con Texas.

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El miércoles pasado, el exgobernador de Texas, Rick Perry, criticó duramente a su contendiente a la nominación republicana por lo que llamó trumpismo. Acusó que su autor es un extremista peligroso que creó una "mezcla tóxica de demagogia, malicia y tonterías" y que estaba esparciendo "el cáncer en el conservadurismo".

Sus críticas hallaron eco en otro candidato republicano, el senador por Carolina del Sur, Lindsey Graham, quien durante una entrevista en el programa The Situation Room de CNN del 21 de julio, dijo que el estrella de Celebrity Apprentice era "un desastre".

"La gente que dice las cosas que él dice nunca dirigirán a una gran nación, en mi opinión", dijo.

Los ataques fueron los esfuerzos más recientes de los miembros del Partido Republicano por tratar de manejar el ascenso de Trump, quien tiene como rehenes a las esperanzas del partido de tener un proceso electoral primario tranquilo y amenaza con convertir el primer debate republicano, que se celebrará a principios de agosto, en un disturbio.

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Ciertamente Trump no juega el juego como un político común. Además, gracias a su diatriba sobre los inmigrantes mexicanos y sus acusaciones de que algunos son violadores y delincuentes, parece que está listo para explotar los temores y prejuicios para su propio provecho político.

"Estoy haciendo esto por el bien del país", dijo Trump a Anderson Cooper de CNN en entrevista el miércoles.

"Alguien tiene que hacerlo. Los políticos nunca van a cambiar este país".

Demagogia

Al hablar de demagogia, pareció que Perry incluye a Trump en un grupo de actores políticos más dudoso de lo que ha sido hasta ahora, una larga lista de rebeldes y agitadores que salpican la historia estadounidense.

Entre sus miembros están el racista exgobernador de Alabama, George Wallace, y exgobernador de Louisiana ávido de poder, Huey Long, quien recibió a unos invitados prominentes vestido con una pijama verde y levantó un feudo personal en su estado a finales de la década de 1920 y principios de la de 1930.

La habilidad de Trump para manejar la controversia en los medios también se compara con los talentos hipnóticos del padre Charles Coughlin, un carismático predicador de radio que usaba las ondas para crear oposición al New Deal de Franklin Delano Roosevelt y atacar a los judíos.

"Estos candidatos tratan de atraer a electores que sienten que no tienen más opción", dijo Julian Zelizer, profesor de Historia en la Universidad de Princeton. "Aprovechan los peores sentimientos del electorado, económicos y raciales… o llenan un vacío que ninguno de los partidos está atendiendo".

Aunque Trump ciertamente está usando al máximo la retórica populista y no tiene miramientos en explotar los temores sobre la inmigración ilegal, es difícil clasificarlo como un demagogo clásico.

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"Hay una diferencia entre los demagogos y la conducta demagógica", dijo Michael Signer, escritor y abogado que hizo un estudio de 15 años sobre los demagogos políticos y escribió un libro sobre lo que llama la amenaza endémica a la democracia.

"Todo lo que ha estado haciendo ha sido beneficiarse de la controversia. Esto tiene un elemento propagandístico. Sabe cómo despertar la indignación de la gente para su provecho y lo ha hecho a lo largo de toda su carrera", dijo.

Pero señaló que eso no significa que se pueda catalogar a Trump como un demagogo auténtico, aunque sus oponentes piensen que ese es el rumbo que lleva.

Signer estableció cuatro pruebas para identificar a los demagogos genuinos y, hasta ahora, a pesar de todas sus bravatas, parece que Trump no está ni de cerca entre los miembros de este notable club político.

Los demagogos clásicos (como el difunto dictador de Venezuela, Hugo Chávez) tienden a presentarse como hombres del pueblo, categoría a la que Trump parece no tener muchos deseos de pertenecer si consideramos que rara vez se cansa de recordarles a los electores que es asquerosamente rico.

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Los problemas de Trump con la opinión pública

Según la prueba de Signer, los demagogos auténticos entablan una relación poderosa con las masas a las que luego usan para impulsar su propio desarrollo político. A pesar de su extrovertida personalidad, Trump difícilmente puede decir que ha cautivado la imaginación del público a estas alturas: su porcentaje en la encuesta de ABC/Washington Post de esta semana, a pesar de que fue la mejor de los candidatos republicanos, solo fue del 24%.

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En vista de que tampoco tiene un programa de prioridades y estrategias políticas, parece que también en esto se queda corto. Muchas personas del mundo político dudan de que se moleste en levantar una operación política integral que pueda ganarle la nominación en todo el país y a impulsar un esfuerzo genuino por llevar al Partido Republicano a las elecciones generales.

Finalmente, y lo más importante, los demagogos amenazan con romper las reglas de gobierno establecidas y desafiar a las instituciones políticas, cosa que parece improbable en vista de la distancia que hay entre Trump y el poder.

"La cuestión ahora es si realmente va a decidirse a imitar a la gente común", dijo Signer. "No lo imagino desarrollando seriamente una personalidad política ni un programa político que verse sobre la gente regular y sus problemas".

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Entonces, si Trump no es un demagogo en el verdadero sentido de la palabra, ¿a qué parte del espectro político pertenece?

Como es empresario y se niega a descartar una candidatura independiente a la presidencia en caso de que no logre la nominación, para los republicanos Trump evoca horriblemente a Ross Perot, quien ayudó a derrotar a George H. W. Bush en 1992 y le entregó la Casa Blanca al demócrata Bill Clinton.

Otros observadores ven similitudes con Pat Buchanan, el guerrero de la cultura que debilitó tanto a Bush en las primarias en New Hampshire ese mismo año que ayudó a preparar el terreno para la candidatura de Perot.

Si la campaña de Trump resulta ser una llamarada mediática que se extingue y no deja señas distinguibles entre los candidatos republicanos, tal vez termine en la misma categoría de políticos acabados como Sarah Palin, Michele Bachman y Herman Cain, quienes tuvieron un ascenso político estratosférico pero no pudieron mantener el impulso.

Parece que el ascenso y la personalidad política de Trump también tienen similitudes con el talento para moldear narrativas mediáticas del magnate italiano de los medios, Silvio Berlusconi. Berlusconi tuvo éxito en navegar el entorno político fracturado de Italia y adquirió auténtico poder como primer ministro.

Trump aprovecha la antipatía del público ante la inmigración, con lo que se parece al excéntrico político británico, Nigel Farage, del Partido Independencia de Reino Unido, quien alguna vez amenazó con derrotar a los conservadores del primer ministro, David Cameron, pero que no pudo ganar su escaño en el Parlamento en las elecciones de mayo pasado.

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A su manera

Sea cual sea su destino político, está claro que Trump está decidido de llegar a su manera.

Los políticos tradicionales crean coaliciones. Trump se divierte fracturándolas mientras aliena a los hispanos, a los veteranos de guerra y a los evangélicos e insulta a los rivales republicanos a los que considera políticos "cuadrados", estúpidos u ordinarios que "no saben lo que hacen".

La mayoría de los candidatos que buscan la presidencia evitan a las vacas sagradas. Trump las destaza. Los políticos empáticos como Bill Clinton les dicen a los votantes que todo se trata de ellos. Trump quiere que sepas que todo se trata de él, cosa que, de hecho, parece ser el punto medular de su campaña.

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Incluso hace unos cuantos meses, nadie pensaba que arriesgaría sus negocios y sus inmensas ganancias para participar en la carrera republicana, ya no digamos que sería el puntero, si bien faltan más de seis meses para la elección del candidato.

Pero ciertamente participó. A pesar de que se sospecha que es una enorme gira publicitaria, insiste en que sus motivos son puros.

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