Una chica yazidí recuerda su escape del infierno de ISIS

La familia de Aziza Hamad logró subir a un helicóptero para escapar del asedio de los militantes en agosto de 2014. Esta es su historia
chica yizadí
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Autor: Ivan Watson
(Reuters) -

Fue un escape del infierno.

El terror de la situación que ella ha soportado, al igual que muchas personas más, quedó marcado en el rostro de una joven vestida de púrpura que está sentada frente a mí.

Aziza Hamad, que entonces tenía 14 años, es una de los más de 30 civiles desesperados que intentaron subirse a un helicóptero militar iraquí (que llevaba a un equipo de CNN) en agosto de 2014. Su viaje dramático quedó capturado en video.

Miles de civiles de la minoría religiosa yazidí de Iraq escaparon hacia la montaña para evitar el inclemente avance de los militantes de ISIS.

Las familias como la de Aziza estuvieron atrapadas por más de una semana en las inhóspitas alturas del monte Sinjar, bajo asedio de los combatientes y con poco acceso a alimentos o agua.

El helicóptero que sobrevoló brevemente les ofreció una oportunidad vital de escapar; el perderlo habría significado la separación de su familia, probablemente para siempre.

Por suerte para la familia Hamad, Aziza y ocho de sus familiares lograron subirse; se aferraron unos a otros para consolarse y lloraban mientras la tripulación iraquí abría fuego con ametralladoras contra ISIS durante su vuelo hacia la seguridad.

Más de un año después de su caótico escape, CNN encontró a Aziza y a su familia en el campamento de refugiados del Kurdistán iraquí en el que viven.

"Pasó el año y todos estamos a salvo, gracias a dios", dijo Dunya, la hermana de Aziza que tiene 18 años. "Pero si nos fuéramos a casa estaría mejor".

Los contenedores prefabricados de dos habitaciones que albergan a la familia Hamad son una mejoría radical respecto a las condiciones en las que vivían hace no tanto.

Durante los primeros siete meses de su escape, la familia no tuvo más opción que refugiarse entre el concreto desnudo de una construcción sin terminar.

"Usamos cartón y plástico para refugiarnos", recuerda Aziza. "Había mucho humo… porque no teníamos gas para calentarnos y no había electricidad suficiente. En el campamento se está mucho mejor".

Aziza y Dunya sonreían ampliamente cuando llegamos a visitarlos, pero no pasó mucho tiempo para que surgiera el dolor del año que había pasado.

En plena conversación, los ojos de Aziza se llenaron repentinamente de lágrimas. "Cuando los veo —explica—, recuerdo lo que ocurrió".

En el año que ha pasado desde que escaparon de su hogar, la salud mental y física del padre de Aziza y Dunya se ha deteriorado notablemente. Ya no puede caminar.

Durante nuestra reunión de una hora con la familia, él se sienta y mira silenciosamente a la pared; el único momento en el que interactúa con nosotros es cuando se menciona a sus dos hijos adultos, Fahed y Wahed.

Se cree que ISIS los capturó en agosto de 2014. Desde entonces no han sabido de ellos.

"En este momento no tenemos tiempo de pensar en el futuro", dice Dunya. "En lo único en lo que pensamos es en el momento en el que mi papá se ponga de pie una vez más y en el momento en el que mis hermanos regresen con nosotros".

Karem, otro hermano de 23 años, se fue de Iraq poco después de que la familia huyera del monte Sinjar para seguir la ruta de los migrantes de Turquía a Europa; les pagó a los traficantes para que lo ayudaran a cruzar los mares peligrosos y las fronteras internacionales.

El viaje le costó a la familia miles de dólares y tomó varios meses, pero logró llegar a salvo; Karem vive en Hannover, Alemania.

En una videollamada con CNN, Karem explica que pasa sus días aprendiendo alemán y luego trabaja varias horas por noche en una línea de ensamblado en una fábrica.

Cuando se le pregunta si extraña Iraq y a su familia en Sinjar, Karem no duda: "No, eso ya quedó atrás para mí. Perdí a Iraq y a Sinjar". Explica: "Quiero construir algo para mí y para mi futuro. No podía hacer nada en Iraq. No dejaré que se vaya esta oportunidad".

Gran parte de la responsabilidad de guiar al clan Hamad ahora yace en otro hermano, Thabit, quien tiene una esposa y tres hijos pequeños que cuidar.

Con los ojos entrecerrados bajo una gorra azul de béisbol, dice que está agradecido de haber encontrado empleo como mecánico en un pueblo a las afueras del campamento de refugiados.

Sin embargo, reconoce que tiene pocas esperanzas de que la familia regrese pronto a su hogar en Sinjar.

"Aunque los peshmerga liberaran Sinjar —dice, refiriéndose a las fuerzas militares kurdas—, nuestro regreso sería muy difícil porque allá no hay electricidad, no hay agua corriente ni servicios. Creo que nos quedaremos aquí al menos un año".

A pesar de que muchos buscan que Thabit les dedique su tiempo, él se toma un momento para ver el material gráfico de CNN del escape de su familia del monte Sinjar a bordo del helicóptero. Las imágenes y los recuerdos que evocan lo hacen llorar. "Solo quiero empezar una vida nueva", explica Thabit, enjugándose las lágrimas. "Quiero que mi familia siga a salvo y unida".

Aziza ahora tiene 15 años y es un poco más alta que su hermana mayor. Más de un año después del escape de su familia, el pasado sigue atormentándola.

Una de las pocas veces en que parecía verdaderamente feliz durante nuestra conversación fue cuando se le preguntó qué le gustaría hacerles a los hombres de ISIS que atacaron a su familia.

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"Pisotearía sus cabezas y los mataría", dijo sonriente; repetía insistentemente: "Pisotearía sus cabezas y los mataría".

Con información de Mark Phillips and Warzer Jaff.

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