Los mexicanos 'obligarán' al PRI a gobernar diferente

Especialistas plantean interrogantes acerca de las posturas que tomará el virtual ganador de las elecciones presidenciales en México
Análisis de las elecciones en México
Autor: Catherine E. Soichet
(Reuters) -

A ambos lados de la frontera de México con Estados Unidos flotan las preguntas sobre la elección presidencial en México.

El domingo por la noche, las autoridades electorales proyectaron como ganador a Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Sin embargo, su más cercano contendiente, Andrés Manuel López Obrador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) no lo ha reconocido.

Los analistas aseguran que el resultado de la elección reaviva las inquietudes que tienen su origen en el complicado pasado político del país y que jugarán un papel importante en la forja del futuro.

¿Acaso el PRI, partido acusado por sus críticos de ser autoritario y corrupto, ha cambiado su postura en México? ¿Protestarán López Obrador y sus simpatizantes el resultado de la elección como lo han hecho en el pasado?  ¿Acaso las propuestas de Peña Nieto respecto a disminuir la violencia servirán para cambiar las políticas de la guerra contra el narcotráfico en Estados Unidos y México?

Según Andrew Selee, director del Instituto de México en el Centro Internacional de Estudios Woodrow Wilson, a nivel local pareciera no haber muchas diferencias entre el PRI actual y el partido político que dominó a México durante décadas.  Selee señaló que “lo que ha cambiado en el escenario nacional es que los ciudadanos mexicanos tienen otras expectativas de su gobierno federal y obligarán al PRI a gobernar de manera diferente a como lo hicieron hace 20 años cuando el partido influía en todo México, tenía una gran red de mecenazgos y apenas toleraba las disensiones al exterior del partido. El PRI de hoy deberá lidiar con los partidos de oposición que ya han probado el poder, una ciudadanía activa que espera ser incluida en la toma de decisiones políticas y una prensa muy atenta que reportará todo lo que ocurra.”

Selee señaló que las elecciones del domingo fueron más cerradas de lo esperado; Peña Nieto y los líderes del partido saben que ganaron por poco. “Me parece que el PRI sabe que tendrán que construir coaliciones para gobernar eficazmente”, agregó

Jorge Chabat, profesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), dijo que solo el tiempo tiene la última palabra. “La verdad es que no sabemos bien a bien cómo es el PRI ahora”. Asimismo, agregó que tampoco se sabe con certeza qué tanta influencia tendrán los líderes de la vieja guardia del partido, algunos de los cuales tienen lazos cercanos con Peña Nieto. Antes, los candidatos presidenciales decían una cosa durante las campañas y al llegar al poder hacían otra. “No sabemos cómo se va a comportar… Ahora vamos a ver quién es Peña Nieto en realidad”, dijo Chabat.

Para el diputado demócrata estadounidense Henry Cuellar, de la ciudad fronteriza de Laredo, Texas, la respuesta es clara. “Él es diferente. Es una persona joven y abierta”, dijo mientras calificaba a Peña Nieto como amigo y cuya candidatura apoyó el fin de semana en la Ciudad de México. “Pertenece a una nueva generación joven. Traerá muchas ideas frescas”.

¿Una mezcla “explosiva”?

Los críticos del exgobernador de 45 años de edad no están convencidos.

Semanas antes de las votaciones del domingo, las críticas en contra de Peña Nieto y las preocupaciones sobre el posible regreso al poder del PRI alimentaron un movimiento estudiantil que se ha manifestado a lo largo del país. “Hay muchos votantes enojados.  La pregunta es ¿qué van a hacer?”, preguntó Ana María Salazar, analista de seguridad y exoficial del Pentágono que actualmente vive en la ciudad de México.

En 2006, los simpatizantes de López Obrador llevaron a cabo protestas nacionales luego de que las autoridades anunciaran que había perdido por escaso margen en contra de Felipe Calderón en las elecciones presidenciales de ese año.  López Obrador dijo que había habido fraude y nunca concedió la derrota, llamándose a sí mismo “presidente legítimo de México”.  En la Ciudad de México, sus simpatizantes llevaron a cabo manifestaciones y bloqueos masivos.

Salazar dijo que no se sabe si los manifestantes harán lo mismo esta vez o tomarán medidas más drásticas. “En un país como México, en donde gracias al crimen organizado se vive una alta incidencia de violencia, si se suma el descontento social podría obtenerse una mezcla explosiva”, dijo. “Espero que no sea así, pero ya lo averiguaremos”.

Selee, del Instituto de México, dijo que la reacción de López Obrador este domingo dejó patente que cualquier protesta en esta ocasión sería menos intensa. El exjefe de Gobierno de la Ciudad de México fue cuestionado acerca de los resultados del conteo rápido del domingo en el que apareció a 6 puntos porcentuales por detrás de Peña Nieto. En lugar de apoyarse en el conteo rápido, que está basado en muestras de las casillas de todo el país, López Obrador dijo que esperaría los resultados de los conteos individuales que darán comienzo el miércoles. “En cuanto tengamos toda la información estableceremos nuestra postura”, dijo.

Tras las elecciones de 2006, en las que Calderón triunfó por un margen de menos del 1%, López Obrador fue el primero en denunciar el fraude. Selee dijo este lunes que es significativo que la reacción fuera diferente en esta ocasión. “El hecho de que anoche López Obrador no llamara a la movilización revela que aceptará los resultados en cuanto salgan. Básicamente ha inmovilizado a sus simpatizantes”.

¿Un enfoque diferente a la guerra contra las drogas?

Una parte de la plataforma de la campaña de Peña Nieto que trascendió las fronteras de México ha sido el punto focal de los funcionarios y legisladores estadounidenses: su compromiso de enfocarse más a disminuir la violencia y menos en atrapar a los líderes de los cárteles y en evitar que las drogas lleguen a Estados Unidos.

Unas de las primeras acciones llevadas a cabo por Calderón cuando asumió el poder en diciembre de 2006 fueron el anuncio de la guerra en contra de los cárteles y el envío de tropas a las calles para ayudar en la lucha. Durante casi 6 años la brutal guerra contra el narco y la muerte de más de 47,500 personas ha sido el tema central en las discusiones entre Estados Unidos y México.

Algunos de los opositores políticos de Peña Nieto, cuyo partido gobernó en México por más de 70 años hasta 2000, han advertido que podría estar considerando negociar con cárteles y bandas, acusación que Peña Nieto ha desmentido en repetidas ocasiones. Sin embargo, sus alegatos no han logrado que disminuya la especulación a ambos lados de la frontera respecto de la posibilidad de negociar con los cárteles—o por lo menos reducir la presión sobre ellos.

En una audiencia ante el Congreso celebrada el mes pasado, el diputado estadounidense Jim Sensebrenner dijo que la lucha contra el narcotráfico estaba llegando a una encrucijada refiriéndose al plan de Peña Nieto y a la historia política de su partido. “Mientras estuvo en el poder, el PRI minimizó la violencia e hizo caso omiso de los cárteles”, dijo el republicano de Wisconsin, subrayando que Peña Nieto “no pone énfasis en detener los cargamentos de drogas o en capturar a los capos”.

Al día siguiente, la campaña de Peña Nieto emitió una declaración en la que se decía que el candidato estaba comprometido con el combate contra el crimen organizado. En la declaración se leía: “La ley se aplica, nunca se negocia”.

Cuellar, el congresista texano dijo esta semana que las preocupaciones de Sensebrenner y otros legisladores eran infundadas. Cuellar añadió que el cambiar la estrategia para lidiar con la violencia por drogas no significa dejar de pelear. “Le pregunté al respecto y me dijo: ‘Voy a pelear. Quiero cambiar la estrategia’”, relató Cuellar, haciendo énfasis en que las relaciones entre México y Estados Unidos probablemente se fortalecerán bajo el mando de Peña Nieto.

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Chabat señaló que al interior del partido había sido frecuente que se pidiera un cambio de enfoque en la lucha contra las drogas. Chabat dijo que “a final de cuentas no creo que haga muchos cambios porque no hay mucho que pueda hacerse. No tiene mucho espacio para maniobrar. En el discurso suena muy bien decir que se harán las cosas de manera distinta, pero no habrá muchos cambios”.

Rafael Romo de CNN contribuyó con este reportaje.

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