La Santa Inquisición en la Nueva España, ¿quiénes fueron sus víctimas?

A lo largo de los tres siglos de la Colonia, el Santo Oficio castigó a menos gente de lo que cuentan los mitos
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Herejes, idólatras, hechiceros... ¿A cuántos y a quiénes condenó a la hoguera el Tribunal de la Santa Inquisición en la Nueva España?

Se estima que un aproximado de 300 personas fueron llevadas a juicio a lo largo de los tres siglos que duró la Colonia, y no cientos, como cuentan las leyendas y mitos de la inquisición en la Nueva España, de acuerdo con los estudios realizados por la investigadora Consuelo Maquívar de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

El Tribunal del Santo Oficio era el encargado de investigar una denuncia e inquirir, de ahí que se llame inquisición, y entonces procedía a encarcelar al acusado. Después intervenía el Tribunal Civil para realizar un juicio y ejecutar la sentencia.

"El reo era enviado a la corte civil para que llevara a cabo el castigo, pues el tribunal del Santo Oficio no podía matar. Entonces la Iglesia y el Estado estaban estrechamente vinculados", señala Maquívar.

Algunos de los delitos que perseguía el Santo Oficio eran la herejía (negar dogmas de fe, como la existencia de Dios o la pureza de la Virgen María), la idolatría, la solicitación (el sacerdote solicitaba a una mujer o a un hombre 'actos torpes y deshonestos' en el momento de la confesión), prácticas de magia o hechicería y delitos menores (como la blasfemia o proferir públicamente expresiones soeces o sexuales) y la bigamia.

La relajación a la justicia del brazo seglar, que significa "muerte en la hoguera", era la pena máxima para los acusados y se utilizaba sobre todo en casos de herejía, hechicería y de judaizantes. Hasta ahora, no se ha podido definir el número de los que cumplieron la sentencia, ya que algunas veces solo se efectuaba de manera simbólica.

"Es difícil dar una cifra exacta, porque en las actas inquisitoriales el término relajado a la justicia y brazo seglar no está bien definido. A veces, en un acta está escrito: relajado en figura, que significa que el condenado ya había muerto o estaba ausente. De todos modos, cumplían la sentencia y quemaban su efigie de cartón o de madera en la hoguera. Así que resulta arduo puntualizar cuántos realmente fueron enviados a morir en persona y cuántos en efigie, simulando su muerte", añade Solange Alberro, investigadora del Colegio de México (Colmex).

El Santo Oficio también aplicaba otro tipo de penas menores como someter al acusado a "vergüenza pública" para que se arrepintiera de sus faltas. Se le hacía portar el "sambenito" (una especie de saco bendecido por un sacerdote), que debía traer puesto a donde fuera, por un tiempo determinado.

Otra era recibir azotes en medio de la calle para que todo mundo lo viera. A las mujeres no les aterraban tanto los azotes como quedar desnudas de la cintura para arriba y ser expuestas ante el pueblo. Unos eran castigados con el destierro temporal o perpetuo. Se les imponían multas o trabajar en las galeras de la flota española. En todos los procesos se procedía a la incautación de los bienes del acusado, que se usaban para los gastos del juicio.

"Los sacerdotes decían a sus feligreses: si conocen a una persona que no come carne de cerdo, que comete bigamia, que hace actos de brujería, es su obligación, para descargar su conciencia, denunciarlo. Y la gente lo hacía", detalla Alberro.

Los castigos en la Nueva España solo aplicaban para los españoles, criollos, mestizos, mulatos y negros, así como a extranjeros que difundían doctrinas como el calvinismo, el protestantismo y el judaísmo, y no a los indígenas, como se ha llegado a pensar, aseguran las investigadoras.

En 1570, Felipe II expidió un decreto donde dictaminaba que el Tribunal de la Inquisición no juzgara a los indios porque recién habían sido evangelizados. Si cometían alguna falta, solo recibían azotes o debían servir por algún tiempo en alguna iglesia o convento.

En el caso específico de las personas que profesaban otra religión, el Santo Oficio ordenaba que abandonaran el país o se convirtieran al catolicismo. Muchos aceptaban e incluso algunos lo hacían sinceramente, pero otros solo aparentaban; en secreto, practicaban sus creencias y eran enviados a la hoguera.

No hay una fecha exacta sobre cuándo se abolió el Tribunal de la Inquisición en la Nueva España, pues varias veces fue suprimido y luego restaurado, pero se fija en el año de 1820.

"Aunque parezca increíble, cuando se derogó muchos lo lamentaron y decían '¿y ahora quién va a defender la fe, quién va a detener a los blasfemos, impíos y bígamos?' Incluso algunos hasta planearon hacer una inquisición mexicana", explicó la investigadora Consuelo Maquívar.

Este es un fragmento de un artículo publicado en la edición de diciembre de 2012 de la revista Quo, que es parte de Grupo Expansión, una empresa de Time Inc. La firma edita en México 17 revistas y siete sitios de internet, entre ellos CNNMéxico.com.

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