Siete niños indígenas sobreviven al hambre con poco más de un puño de maíz

Los menores fueron dejados en su casa en Sonora con solo maíz y agua mientras sus padres pobres cuidaban a otra hija en el hospital
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| Otra fuente: CNNMéxico

Autoridades de Sonora rescataron a siete niños indígenas que habían sido dejados en su casa con un puñado de maíz y agua durante más de un mes, mientras sus padres, en pobreza extrema, atendían a otra hija enferma en la capital del estado.

Los niños de la etnia guarijía, de entre 3 y 12 años, fueron localizados por personal de derechos humanos, “después de días sin probar alimento alguno”, el 4 de julio en la comunidad de Los Estrados, municipio de Álamos, informó este jueves la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) del estado, a través de un comunicado.

A más de 500 kilómetros de distancia, los responsables de los niños, Miguel Ciriaco Corpus y Reyna Grijalva Rodríguez, de 66 y 43 años respectivamente, cuidaban a su hija mayor (Rogelia), detalló a CNNMéxico la directora de atención ciudadana de la Comisión, Carmen Lucía Munguía.

Según la funcionaria, la pareja “en pobreza extrema” había viajado la primera semana de junio junto con Rogelia, de 24 años, en una ambulancia que la trasladó a Hermosillo (la capital estatal), donde sería atendida por un padecimiento en la nariz.

Pero la recuperación de Rogelia y el regreso a casa tardaron más de lo que la pareja imaginó. Después de un mes y siete días al cuidado de su hija, Miguel se mostraba triste y callado en el Hospital Regional donde la joven, sin él o su esposa saberlo, era atendida por un linfoma, un tipo de cáncer.

Cinco de los menores que se quedaron en su casa son hijos de Miguel y Reyna, y los otros dos de Rogelia. Ismael, hijo mayor la pareja que vive en una casa contigua, quedó a cargo de los menores, pero quedaron sin comida cuando se les terminó el maíz.

Ismael había compartido algunas de sus reservas de alimentos con los niños, pero luego tuvo que racionar sus provisiones para su propia familia, detalló a CNNMéxico el visitador de Derechos Humanos, Ramón López Piña.

López Piña, responsable de la Oficina Regional de Derechos Humanos en Navojoa, trasladó a los niños con ayuda policial a su domicilio en esa ciudad, debido a que el refugio local de Álamos se encontraba lleno.

En su casa, el abogado bañó y alimentó a los menores con ayuda, y luego les prendió la televisión, algo “que nunca habían visto”, según detalló.

Al día siguiente, López recibió alimentos de autoridades municipales de Navojoa y vecinos que se enteraron del caso.

Dificultades para comunicarse

Miguel y Reyna hablan su lengua materna, el guarijío, y tienen dificultades para comunicarse en español.

Según la CEDH, el caso hubiera tenido consecuencias fatales, pero un hombre con un familiar enfermo en el mismo hospital sintió curiosidad y habló con Miguel como pudo. Tras enterarse de su situación y la de los menores, lo llevó a las oficinas de la Comisión Estatal de Derechos Humanos en la ciudad.

La directora de Atención Ciudadana de la Comisión escuchó ahí que habían dejado a los siete menores con solo un puño de maíz y algo de agua mientras acompañaban a su hija.

Tras lograr un acuerdo con los dos adultos, personal de la Comisión trasladó a Reyna a la casa del abogado López para reencontrarse con sus hijos, mientras Miguel quedaba al cuidado de su hija enferma.

El viernes 5 de julio, “cuando los niños vieron a su mamá, salieron corriendo y se reunieron”, dijo Munguía a CNNMéxico.

Hambruna, la realidad de los pueblos indígenas en Sonora

Munguía indicó que la responsabilidad del caso fue trasladada a la oficina regional de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, que gestionará una garantía de alimentos para los menores ante la hambruna, lo que describió como “una realidad de los pueblos indígenas en el estado”.

“Es una realidad aquí en Sonora, hay comunidades indígenas que viven solo de maíz”, dijo. “No vamos a permitir que los niños estén pasando hambres. Puede haber muchos casos, pero al menos nosotros tenemos conocimiento de este”.

Según Muguía, el caso empeoró por el carácter tímido de los guarijíos —una etnia distribuida en varios municipios de Sonora y Chihuahua—, quienes evitan pedir ayuda, y por la incapacidad de las autoridades para darles atención, que aunque lo intentaron no lo lograron en su totalidad.

La Comisión Estatal de Derechos Humanos reconoció en el comunicado de este jueves la colaboración de las autoridades municipales de Álamos y Navojoa, que ayudaron a hallar y a trasladar a los menores y su familia.

El caso refleja la “condición vulnerable” de la familia guarijía, similar a la de otras del mismo grupo étnico en el sur de Sonora, según la subprocuradora de la Defensa del Menor y la Familia, Airam Guerrero.

Según la CEDH, la familia Ciriaco Grijalva no tiene acceso a la seguridad social. Solo en el municipio de Álamos, unos 4,484 de los 25,848 indígenas permanecen en la misma situación, según cifras de 2010 de la Comisión Nacional de Derechos Indígenas (CDI).

Los Estrados es considerado un municipio con una concentración "muy alta" de población indígena, según la CDI. Más del 40% de sus habitantes corresponden a una etnia.

Los guarijíos o macurawe enfrentan una situación "desfavorable" en materia de salud, debido a que "la atención médica familiar cubre apenas las necesidades más elementales, (y) el conocimiento sobre el uso de las plantas es limitado", según información de la CDI.

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