3 tamaulipecos que se exiliaron en el DF por la violencia en su estado

Conoce los testimonios de empresarios que tuvieron que abandonar esta entidad fronteriza por el constante acoso del crimen organizado
El éxodo de tamaulipecos por la violencia
| Otra fuente: CNNMéxico

Tamaulipas ha registrado en semanas recientes episodios de violencia que han sacado a la ciudadanía a las calles para exigir seguridad; pero la situación de fragilidad en esta entidad no es una novedad: es una realidad que ha llevado a muchos tamaulipecos a buscar otros lugares para establecerse.

Empresarios que son extorsionados y se les cobra una cuota mensual, que les roban información sensible que puede ser usada en su contra y otros que, sin darse cuenta, fueron contratados y recibieron recursos de grupos criminales... Así son algunas de las historias de los empresarios tamaulipecos que han optado por abandonar esta entidad.

En los últimos tres gobiernos federales se han implementado planes de seguridad en esta entidad con la presencia de elementos militares, el más reciente fue anunciado el pasado martes por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; a pesar de ellos, Tamaulipas continúa siendo uno de los estados del país con mayor incidencia de secuestros y extorsiones.

CNNMéxico habló con tres empresarios que tuvieron que cerrar o traspasar sus negocios en esta entidad, para luego abandonar Tamaulipas y buscar en el Distrito Federal un lugar más seguro para residir. Por su seguridad, no se proporcionan los nombres reales de los empresarios de los que a continuación se narra la historia de por qué abandonaron Tamaulipas para instalarse en el Distrito Federal.

1. “Secuestraron a mi chofer y obtuvieron toda mi información”

Marco es un emprendedor originario de San Luis Potosí que obtuvo una oportunidad para abrir un negocio de rótulos y señalamientos viales a inicios de los años 90 en Ciudad Victoria, la capital de Tamaulipas.

“En pocos años pude desarrollar un sistema de trabajo que funcionaba muy bien en Tamaulipas, el estado me recibió con los brazos abiertos y me dio la oportunidad de crecer profesional y personalmente”, comenta Marco, quien logró expandir sus negocios, abrir cuatro sucursales y volverse socio de otros proyectos.

Así sucedió hasta que, en 2009, las cosas empezaron a descomponerse. Primero, el empresario empezó a escuchar de colegas que “tenían que pagar piso” (una cuota mensual para poder seguir operando sus negocios) a gente de La Compañía (uno de los apodos del grupo delictivo Los Zetas).

Ya en 2010, un evento cambió la vida del empresario para siempre. Su chofer, que también era su colaborador más cercano, fue secuestrado por un grupo de civiles armados. Tras ser golpeado,  el trabajador les dio números de cuentas bancarias y fechas de operaciones como depósitos a nómina, pagos de impuestos y otras transacciones realizadas por su jefe.

“Liberaron a mi chofer al día siguiente, con muestras claras de tortura y una amenaza de muerte en caso de que la información que les proporcionó no hubiera sido la correcta; por suerte, tuve tiempo de llamar a mi esposa, quien inmediatamente tomó un avión junto con mis hijos y se fue al Distrito Federal, donde tenía conocidos”, menciona el potosino.

Marco tomó un autobús al día siguiente y sin pensarlo, dejó atrás su negocio, casa, vehículos y cualquier cosa que pudiera vincularlo con Tamaulipas; a su chofer le brindó una liquidación y le pidió que se fuera de Victoria.

“Tuve miedo de que fueran por mí o por mis familiares, así que no lo pensé dos veces, me marché y dejé todo atrás. Fueron meses difíciles para mi familia, no nos trajimos nada para la capital, excepto unos cuantos contactos que tuve por mis relaciones empresariales con proveedores de la Ciudad de México”, refiere.

Parte por su deseo de supervivencia y gracias a algunos contactos, logró comenzar a trabajar en un taller de impresiones y lonas, y con un dinero ahorrado, invirtió junto a conocido en un local que ahora le da para “vivir medianamente, sin lujos”.

“Ha sido difícil, mis hijos todavía no se adaptan al estilo de vida del DF; mi esposa ya consiguió trabajo, gracias a Dios, y hemos tenido que limitarnos de algunos gustos que teníamos como salir a la playa, tener vacaciones en Estados Unidos, pero no me importa: me siento seguro, no pienso volver a Tamaulipas en muchos años”, puntualiza.

2. “En el gobierno también mandamos nosotros”

José ha estado en el negocio de la venta de comida tres cuartas partes de su vida. Originario del Distrito Federal, su receta de papas rellenas de carne y aderezos lo llevó a buscar suerte en Tamaulipas hace 10 años. Reynosa fue la ciudad a la que llegó con su idea de negocio.

Primero tuvo un local modesto, pero con el paso del tiempo el restaurantero logró abrir seis locales. El negocio iba “viento en popa” y ya planeaba la apertura de otras cuatro sucursales.

Pero en 2009, los hechos violentos que azotaron a Reynosa, también afectaron a los negocios de José.

“Un día llegaron varios jóvenes a mi local, venían armados y con pecheras con las iniciales C.D.G (Cártel del Golfo); preguntaron por el dueño y un trabajador dijo que eran míos: fueron a buscarme y a exigirme que me les cuadrara y me mochara con la cuota para el patrón”, relata.

El comerciante recuerda que al principio se negó, por lo que fue golpeado y traslado en una camioneta, le dieron varias vueltas por la ciudad. “Para que veas que no estamos jugando”, le advirtieron.

Tras varias horas de tortura, José tuvo que aceptar dar 100,000 pesos mensuales para que sus locales no fueran “molestados” y para obtener la “protección” del Cártel del Golfo.

Pero a los pocos meses hubo un cambio de “gerencia” en el grupo delincuencial, y los nuevos encargados de cobrar las cuotas, no se conformaron con 100,000 pesos: querían 200,000.

José acudió a la Procuraduría General de Justicia del Estado para poner su denuncia por extorsión, pero a los pocos minutos de haber presentado la querella, recibió una llamada a su celular.

“Hijo de la chingada, ya andas de hocicón, pero te vamos a partir tu madre si no la retiras en chinga o vamos y te cortamos en pedazos, ¿quién crees que manda aquí? Nosotros, la ley es nuestra, así que bájale, cabrón”, le dijo una voz desconocida.

El restaurantero no retiró la demanda. “Yo no iba a permitir que siguieran extorsionándome, menos darles más de 100,000 pesos, pero eso trajo graves consecuencias”, menciona José.

Transcurrieron unas horas para que tres de los locales del empresario fueran atacados a balazos y quemados por civiles armados; el saldo fue de cuatro muertos, 12 heridos y más de 700,000 pesos en inversión, convertidos en cenizas.

“Me dolió mucho, horas de esfuerzo, trabajo y dedicación, para que vengan y lo destruyan de la nada; me dolió la indolencia de las autoridades, la impunidad con la que actuaron, pero me repuse y abandoné Reynosa, no sin antes traspasar mis locales restantes”.

José volvió a sus orígenes, la Ciudad de México, y con lo poco obtenido por la venta de sus restaurantes, estableció un negocio de comida y otro de venta de ropa en la capital del país. Dejó amigos en Tamaulipas y con su familia empezó de nuevo en el Distrito Federal.

“Reynosa duele, lastima ver que sigan extorsionando a diestra y siniestra a conocidos, gente que quiere ganarse un peso honestamente, pero no se puede vivir con temor, con miedo, con la frustración de saber que uno trabaja y otros reciben el fruto de tu labor, es una pena por los tamaulipecos de nacimiento y por quienes adoptamos ese bello estado, yo no veo como cambie esto en el corto o mediano plazo”, añade resignado.

3. “Estas jalando con los 'contras', te vamos a dar una calentadita”

Gabriel es un músico que desde hace 20 años empezó a tocar en una banda de rock alternativo, presentándose en bares de Tamaulipas y logrando una base de fanáticos en la entidad fronteriza.

Luego de grabar dos discos con un sello independiente, Gabriel y su banda comenzaron a promocionarse y a tocar en diversos eventos gracias a los cuales comenzaron a darse a conocer a nivel nacional.

La banda de este músico originario del municipio de Mante se hizo popular entre los jóvenes locales, razón por la que era contratada constantemente para eventos públicos y privados. En 2012, en una celebración del Día del Niño, un empresario le solicitó sus servicios para amenizar un evento en el estadio de béisbol de Reynosa.

Gabriel aceptó sin saber que ese sería el principio de su retirada del estado fronterizo.

“Al poco tiempo me enteré que la persona que nos contrató, trabajaba para una banda delincuencial en el estado. Me enteré por conocidos que al individuo le gustaba nuestra música y que nos buscaría para futuros eventos. Tuve un poco de miedo porque no quería que me relacionaran con esas personas”, comenta Gabriel.

Después, en una sesión de práctica para amenizar otro evento, la banda fue sorprendida cuando un grupo de civiles armados llegaron al lugar donde tocaban, y, uno a uno, los golpearon y se los llevaron a dar un “paseo” por la ciudad.

“Me dicen que andas trabajando con los ‘contras’, ¿qué chingados te pasa?, ¿tienes contacto con ellos?, ¿andas vendiendo mugrero?, te vamos a dar una calentadita para que le bajes de huevos”, recuerda Gabriel que le dijeron los secuestradores.

Tras la agresión, los hombres armados abandonaron al músico en una de las salidas de Victoria, no sin antes amenazarlo de que no podría presentarse más a trabajar en la ciudad, porque de lo contrario, tendría problemas con los que “controlan la plaza”.

La banda de rock tuvo miedo de poner la denuncia ante las autoridades, porque había escuchado que estaban coludidas con los delincuentes. Así que todos los integrantes del grupo optaron por abandonar Tamaulipas y trasladarse a diversos lugares de la República; Gabriel decidió refugiarse en la Ciudad de México.

“A los pocos meses, me enteré que un grupo de vallenatos, a quienes conocíamos (Kombo Kolombia), los levantaron en Nuevo León y los mataron por tocar para el bando equivocado; de no habernos ido de Tamaulipas, quizás algo así nos hubiera ocurrido”, detalla el tamaulipeco.

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Ahora, se dedica a dar clases de música en la capital del país y también ofrece algunas tocadas en bares capitalinos; extraña a sus amigos, conocidos y familiares que todavía viven en el estado que lo vio nacer.

“Uno se entera a diario que levantaron a tal persona, que andan extorsionando a fulanito, que a los grupos musicales de todos los géneros los tienen a cuota o vendiéndoles droga en las presentaciones en las discos y antros, es una verdadera pena”, puntualiza.

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