Militante y centinela del EZLN, el secreto que guardó Luis Villoro

El líder zapatista narró cómo el intelectual pidió unirse al EZLN y ser un centinela del movimiento nacido en los Altos de Chiapas
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Autor: Ángeles Mariscal | Otra fuente: CNNMéxico

El filósofo y escritor Luis Villoro Toranzo guardó durante años un secreto a su familia e hijos: su militancia dentro de las filas zapatistas.

A 14 meses de su muerte, el subcomandante insurgente Galeano –antes Marcos-, líder político del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), convocó a sus milicianos y bases de apoyo, así como integrantes de la sociedad civil e historiadores, a participar en un homenaje para Villoro y para el maestro zapatista Galeano, también fallecido hace un año.
 
“Hemos venido aquí, a este homenaje, para entregarle a quienes compartieron y comparten sangre e historia con él (Villoro Toranzo), una pieza que, creemos, no sólo no tenían, sino que tal vez ni siquiera imaginaban”, dijo el líder zapatista ante unas 5,000 personas, —entre ellas el historiador Adolfo Gilly, su esposa Fernanda Navarro y su hijo Juan Villoro— que acudieron al homenaje en Oventic, en los Altos de Chiapas.
 
Fue una madrugada de mayo de hace más de una década, cuando llegó el filósofo especialista en la historia de los pueblos indígenas al cuartel general del EZLN para plantear ante el subcomandante Marcos —ahora autodenominado Galeano— su intención de unirse a las filas zapatistas. 
 
“Quiero entrarme de zapatista”, dijo quien fuera miembro del Consejo consultivo de ciencias de la Presidencia de la República.
 
El líder del EZLN narró los intentos que hizo en ese momento para persuadir a Villoro, quien finalmente se dio de alta en el EZLN. “Éste es mi pasamontaña”, dijo señalando su boina. Y mi nombre de lucha va a ser Luis Villoro Toranzo”.
 
Entonces, “el ya compañero zapatista Luis Villoro se puso de pie y, con admirable prestancia, en posición ‘de firmes’ saludó al oficial”, recordó Galeano. 
 
En los años siguientes el filósofo e historiador cumplió a cabalidad su misión como centinela en uno de los puestos de guardia de la periferia zapatista, es decir, en todo México y en los lugares a donde Villoro tuvo presencia, relata Galeano. 
 
“Estuvo atento a lo que ocurría, con el rabillo del ojo del pensamiento crítico se percató de cambios y movimientos que, para la inmensa mayoría de la intelectualidad autodenominada progresista, pasaron desapercibidos”, dijo.
 
El historiador mantuvo esta parte de su vida en reserva; y encomendó al entonces subcomandante Marcos revelarla a sus hijos y esposa como un regalo cuando considerara el momento oportuno.
 
“Dígales que les regalo este pedazo de mi vida. Dígales que se los oculté no como se esconde un crimen, sino como se guarda un regalo”, dijo Villoro al líder zapatista.
 
El también escritor Juan Villoro dijo que los zapatistas le dieron a su padre un presente y un futuro. 
 
“En los últimos apuntes mi padre reflexionaba en los caminos zapatistas y en el camino nuevo que él iba a comenzar con su muerte. Mi padre murió pensando que este camino del EZLN demuestra que México puede transitar hacia mejores condiciones”, dijo el escritor.
 
Villoro y la filosofía al servicio del hombre y la vida
El sociólogo Pablo González Casanova envió una carta al homenaje de Villoro en la que recordó sus diferencias ideológicas con su colega pero también la coincidencia con el apoyo que dio alas y los zapatistas.

El historiador Adolfo Gilly, quien estuvo presente en el homenaje en Oventic, describió a Luis Villoro como el filosofó e historiador que buscó de forma permanente el sentido de la vida y del hombre libre de la opresión.

Rememoró al Villoro que hace 40 años enfocó su profesión en la búsqueda y explicación del sentido de la vida de los hombres y mujeres que luchan por una existencia justa.

Esta búsqueda –narró Gilly- lo trajo hasta las tierras zapatistas, donde Villoro trabajó y al que este 2 de mayo regresó, por enésima ocasión, ya en cenizas, “para quedar bajo un árbol protector de Oventic.

En el homenaje, Fernanda Navarro, esposa de Villoro, entregó en una caja azul a las y los zapatistas de Oventic la cenizas del filósofo e historiador.

“Quiero que te quedes tranquilo aquí, lejos de esas ciudades que llaman civilizadas. Quiero que se quede con ustedes y con la esperanza que han sembrado y que enseña que hay otras formas de hacer justicia”, dijo Navarro frente a cientos de presentes en el homenaje, ante quienes reconoció que el zapatismo ha reivindicado el sentido de comunidad y de autonomía.

Por su parte, Juan Villoro, hijo de Luis, dijo que los zapatistas le dieron a su padre un presente y un futuro. Detalló como su padre llegó a las comunidades zapatistas con la intención de educarse y coadyuvar en la construcción de un país que superara de la nación corrupta, desigual y profundamente injusta, a una donde el más débil y frágil no cargue todas las cargas.

“En los últimos apuntes mi padre reflexionaba en los caminos zapatistas y en el camino nuevo que él iba a comenzar con su muerte. Mi padre murió pensando que este camino del EZLN demuestra que México puede transitar hacia mejores condiciones”, señaló.

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