Los Avispones, las víctimas olvidadas del caso Iguala

Los jugadores de futbol de tercera división lamentan el nulo apoyo, a un año de la muerte de uno de sus compañeros y del chofer del autobús
"Investigación de la CIDH abre una esperanza"
Autor: Laura Reyes | Otra fuente: CNNMéxico

Los recuerdos de la noche del 26 de septiembre del 2014, están tatuados en la mente de Allan Osvaldo Castañón Rojas, un jugador de 16 años del equipo de futbol de tercera división Los Avispones.

La tristeza surge de su mirada mientras evoca la noche del 26 de septiembre del 2014 en que su compañero, David Josué García y al chófer del autobús Víctor Manuel Lugo Ortíz, fueron asesinados a manos de policías municipales y miembros de la delincuencia organizada, en el mismo ataque en que se murieron otras tres personas y desaparecieron a 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa.

Allan aún recuerda el olor a yerba de los matorrales donde se escondió para salvar su vida, y en su cabeza, retumban los sonidos de las balas, los vidrios rotos y los fragmentos que se desprendieron por el ataque armado al autobús.

Esa noche, Allan iba sentado en la última fila del autobús y eso le salvó la vida. El adolescente pudo resguardarse debajo del asiento y desde ahí, escuchó los gritos y las detonaciones de bala, cuando hombres armados intentaron abrir la puerta del autobús.

“Cuando los hombres se fueron brinqué por la ventana y corrí a unos matorrales en donde me escondí por una hora hasta que llegaron los policías”, recuerda.

Esa noche, Allan volvió a nacer, pero con esa nueva oportunidad, también le llegó un sentimiento que antes nunca se le presentaba: el miedo.

“Siento miedo al salir o al estar aquí en Chilpancingo, se incrementa por las noches y con ciertos ruidos, pero debes aprender a vivir con eso (…) el saber que vas a morir es algo que tengo en la cabeza, hay sonidos que los llegas a escuchar de nuevo y piensas si están disparando, pero después te tranquilizas”, relató a CNNMéxico.

Pero aunque el miedo y los recuerdos de esa noche siguen vigentes, para Daniel Antonio Marcos Fabián, otro de los jugadores, lo importante es que sigue con vida y dice que a ellos les pasó “lo menos”,  si se compara su caso con los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos.

 “Los estudiantes de Ayotzinapa fueron los más perjudicados, así que puede ser menos lo que nos pasó a nosotros, fue el mismo atentado, fue lo mismo que vivimos, pero nosotros estamos vivimos, seguimos aquí y ellos aún no aparecen”, señaló.

Los olvidados

A un año de los hechos, los deportistas y el cuerpo técnico lamentan el nulo apoyo en la reparación del daño por parte de las autoridades y que sean las víctimas olvidadas del caso Iguala.

Facundo Serrano, director de Cultura, física y deporte del municipio de Chilpancingo y directivo del equipo, cuenta que miembros del plantel recibieron atención psicológica por parte de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas de la Secretaría de Gobenación (Segob), pero solo fue por cuatro meses y luego ya no supieron nada del gobierno federal.

Incluso, aseveró que los gastos funerarios del jugador de 15 años y el chofer asesinados por los impactos de bala la noche del 26 de septiembre, así como el traslado y atención de los 12 lesionados corrió a cargo del gobierno municipal.

“Se siente coraje, rabia de que se perdió la vida un niño, de un miembro del equipo. Esa noche, al estar ahí pensaba: esto es una carnicería fue cuando veía  heridos y más heridos”, cuenta Serrano, mientras muestra una de las cuatro lesiones que le dejó esa noche.

El director técnico de Los Avispones, Pedro Rentería Lujano, reconoció que el dolor físico y moral por el ataque de esa noche no está superado del todo, pues aún no se repone de los dos impactos de bala que recibió —uno de ellos en el hígado— que lo mantuvieron en terapia intensiva 12 días.

Pero a un año, también lamenta la falta de atención de las autoridades y debido a ello, también han pedido una reunión con el presidente Enrique Peña Nieto para que conozca su caso y le dé fin al tema de la reparación del daño.

“Nos gustaría tener una reunión con el presidente para que escuche nuestras necesidades y como estamos después de los hechos. Si alguien nos puede ayudar a terminar con la situación es el presidente de la República.

“Que nos ayude porque los apoyos que hemos recibido son sólo de interés social, pero nosotros pedimos la reparación del daño, algo para contribuir a mejorar nuestra situación”, pidió.

Microbús en vez de un camión

Además de recibir sólo cuatro meses de atención psicológica, Los Avispones obtuvieron un camión que no les es funcional para las giras que requieren hacer para competir a nivel estatal y nacional.

El gobernador de Guerrero, Rogelio Ortega Martínez, les había prometido la entrega de un autobús nuevo por los daños irreparables que sufrió el suyo durante el ataque, pero un mes después, lo que les entregaron fue un microbús.

Los asientos están duros, no soporta recorridos de largas distancias, tiene filtraciones de agua y el aire acondicionado falla por lo que los jugadores llegan a las competencias cansados por el traslado.

El equipo técnico indicó que aunque el microbús es modelo 2014, no es lo apropiado para un equipo de futbol, porque además no tienen espacio para guardar sus maletas y las deben llevar en el pasillo o sobre las piernas.

Un equipo diferente

El equipo de la tercera división Los Avispones ya no es el mismo, el plantel fue renovado y de los 21 jugadores que iban en el autobús la noche del ataque sólo quedan 11. El resto, cumplió la edad para ascender a la segunda división y muchos lograron ingresar al plantel de Pumas y Pachuca.

Facundo Serrano recordó que estuvieron en riesgo de suspender la actividad del equipo de futbol por el miedo, las lesiones de los jugadores y el entrenador, pero determinaron mantenerse  y ésto resultó ser una buena opción, pues el entrenamiento les ha ayudado a superar poco a poco el ataque.

“Se tomó la decisión de continuar, participamos y logramos llevar al equipo a calificar. Hoy tenemos otro plantel pero la base, son los 11 muchachos víctimas de ese atentado”, relató el directivo.

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El regreso a la cancha les llevó dos meses, a unos más por la recuperación física, pero el temor, dice Serrano todavía se asoma cuando juegan fuera de Chilpancingo.

“Muchas veces vamos en los viajes y no se duerme aunque sea de noche; escuchas un cohete y se te enchina la piel”, señala Serrano, quien mantiene la certeza de que el ataque en Iguala se dio porque fueron confundidos.

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