Seguros contra terrorismo... en México

Las explosiones en Pemex afectaron a unas 1,100 empresas que ahora se replantean su seguridad; hoy la filial de American Standard evalúa comprar un seguro que cuesta 50% más que todas sus pó
Los atentados paralizaron la actividad industrial en el país
Jesús Hernández

“What… again?” La voz de Frederic M. Poses, CEO de American Standard, resonó con fuerza el pasado 10 de septiembre en su oficina en Nueva Jersey. Cuatro de sus cinco plantas mexicanas habían parado de nuevo tras el corte de suministro de gas natural, provocado por los atentados de un tal Ejército Popular Revolucionario (EPR) contra ductos de Pemex.

La mente de Poses hizo un repaso mental de las razones por las que American Standard trasladó a México parte de sus operaciones en Brasil y EU: ubicación estratégica, estabilidad económica, calidad y menor costo de mano de obra, crecimiento promedio de 30% anualmente en ventas, seguridad… “¿Seguridad?”, dijo en voz baja. Las explosiones en seis ductos afectaron la operación de más de 1,100 compañías.

Hasta 2005, la empresa invirtió 70 mdd en cada planta de su filial Ideal Standard, el traslado de operaciones implicó 30 mdd más en los últimos dos años.

Poses nunca imaginó que necesitaría un seguro contra terrorismo en México, que le costaría 50% más de lo que ya paga en pólizas al año (unos 6 mdd). Pero, en julio, los atentados del EPR a los ductos de Pemex en Querétaro provocaron pérdidas por 5 mdd. Dos de ellos, por costo de manufactura en sus dos plantas de Aguascalientes (una de tinas y otra de muebles cerámicos para baño) y 3 mdd por afectación en ventas.

“Esta vez es peor”, le informó Juan Carrera, director de Operaciones de Ideal Standard en México. La falta de gas obligó a apagar sus seis hornos en Aguascalientes, y otros tantos en Tlaxcala y Ecatepec. Sólo Monterrey, donde producen herrajes para baño, siguió trabajando.

“Las pérdidas ahora podrían costar 500,000 dólares y 15,000 piezas al día”, agregó Mauricio Uribe, director de Recursos Humanos. Los hornos, que arden a 1,200 grados centígrados 365 días al año, requieren de cuatro días para llegar a temperatura cero y casi dos semanas para volver a su calor habitual.

Tras los atentados de julio, la compañía destinó 700,000 dólares para ‘swichear’ a gas LP sus hornos en caso de contingencia, pero en septiembre aún no estaban instalados. “El plan de tres meses lo tuvimos que hacer en tres días”, relata Uribe.

Además, el uso de gas LP agrega 2 dólares más a sus costos por pieza y “un enorme riesgo para nuestra competitividad”, apunta Roberto Martínez, director comercial.

“Ojalá tuviéramos alguna señal del gobierno para apoyar a las compañías a salir adelante de esta situación”, comenta Carrera a Expansión, vía telefónica.

En Nueva Jersey, Frederic Poses aún no sabe qué sucederá: en 2008 quería incrementar en 10 mdd su inversión local y crear 800 empleos que se sumarían a los 5,600 trabajadores actuales. En su oficina sólo se oye el tamborilear de sus dedos sobre el escritorio.

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