Vinto, el campo minado de Bolivia

Expropiar esta fundidora de estaño, fue a la vez una alternativa política y económica para Evo; ahora los precios del metal, hacen de Vinto una empresa altamente rentable para Bolivia.
La producción minera boliviana creció 92.9% por los precios

En lo que ya parece un sello de su presidencia, a mediados de febrero Evo Morales se presentó ante una multitud de seguidores para anunciar la renacionalización de un antiguo bien estatal, la Empresa Metalúrgica Vinto, la cuarta fundidora de estaño más grande del mundo. Glencore, la empresa suiza que era dueña de la misma, no será compensada, advirtió el propio mandatario.

El anuncio fue hecho tras una semana difícil para el gobierno: Morales se vio forzado a abandonar un plan para incrementar los impuestos a la minería luego de que miles de mineros marcharon a La Paz en señal de protesta. Ante una revuelta de un sector que normalmente apoya al gobierno, el presidente tuvo que dar marcha atrás humildemente y aceptar el congelamiento de los impuestos.

Vinto fue siempre considerada como un blanco fácil de la administración Morales. Glencore adquirió esa empresa en 2005, como parte de la compra de activos mineros propiedad del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada por un valor de 90 MDD. El ex mandatario fue obligado a renunciar en 2003 y escapó a Estados Unidos.

Sánchez de Lozada fue el arquitecto de las reformas para las privatizaciones de los 90 y ex propietario de la compañía minera más grande del país, Compañía Minera del Sur (Comsur). La actual administración lo cita como el responsable de la muerte de 67 personas durante las protestas contra el gobierno en 2003. Esas protestas estuvieron encabezadas por el propio Evo Morales y ahora su gobierno está haciendo un gran esfuerzo por extraditar a Sánchez de Lozada para que enfrente un juicio en Bolivia.

Por lo tanto, la expropiación de Vinto fue la segunda alternativa del gobierno para satisfacer la necesidad de una recompensa política y, a la vez, brindar los medios para tener una mayor participación en los ingresos que se generan a partir de los recursos naturales del país. Los precios en alza del estaño hicieron que Vinto, a partir de 2004, pasara a ser de una metalúrgica generadora de pérdidas a una empresa altamente rentable.

Las cosas en orden
El ministro de Minería, Guillermo Dalence, en defensa de la acción del gobierno, afirmó que la privatización de Vinto a Allied Deals (Reino Unido) en 1999, y la posterior venta a Comsur en 2003, fueron transacciones fraudulentas y que al renacionalizar la compañía, el gobierno está poniendo las cosas en orden. Ambas ventas se realizaron a través de una oferta pública y atrajeron a numerosos interesados.

La postura de Glencore ha sido exigir una pronta compensación. Existe un tratado bilateral de inversión de 1991 entre Suiza y Bolivia, que protege contra la confiscación de activos. Incluso la empresa europea afirma que podría apelar al arbitraje.

Sin embargo, el gobierno boliviano rechazó la demanda, argumentando que no existe una obligación legal ya que no hay un registro público de la venta entre Glencore y Comsur.

En realidad, Guillermo Dalence acaba de iniciar una investigación sobre la venta original a Allied Deals y una demanda judicial contra Glencore por no cumplir con las obligaciones de inversión que aparecen en el contrato de venta con Allied Deals. Esto refleja la animosidad del gobierno hacia los beneficiarios de las privatizaciones y es un presagio de la larga batalla que enfrentará Glencore para lograr una compensación.

La calma de los inversionistas
Independientemente de quién tenga razón o no, los inversionistas del sector minero de Bolivia no están muy preocupados. El sector está cercano a un auge de la inversión privada, gracias a los precios firmes de sus productos minerales. El incremento en la capacidad minera produjo un salto marcado en las ganancias de las exportaciones de minerales y un crecimiento del volumen en los primeros nueve meses de 2006.

Los precios en alza y el aumento en la producción de zinc, oro, plata y estaño hicieron que el valor total de la producción minera boliviana creciera 92.9% anualmente entre 2004 y 2005.

El gobierno ha garantizado que, más allá de lo que diga en público, no va a actuar en contra de las empresas que operan de buena fe y conforme a la ley. Los inversionistas extranjeros creen que las revisiones al código de minería anunciadas por el gobierno no van a ser ni draconianas ni confiscatorias, en términos de una carga impositiva mayor, y por lo tanto siguen adelante con sus planes.

Los proyectos mineros más importantes que deben estar finalizados para este año van a brindar a corto plazo un empuje inmenso a la producción. El mayor es el de San Cristóbal, una mina de plata y zinc perteneciente a Apex Silver Mines (EU). El inicio de actividades será en mayo y, de acuerdo con la inversión (750 MDD) y su tamaño (tratamiento de 40,000 toneladas por día de minerales), éste es el proyecto minero más grande en la historia de Bolivia.

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