Alpinismo y construcción, sí combinan

En España, las empresas de "trabajos verticales" se especializan en edificación y labores de al el uso de técnicas y equipos de montaña, ya se usó en 1889 durante la creación la Torre Eiffel.
Los equipos fueron adaptados para constructores verticales.
Alejo Rivas Devecchi / Madrid

Cuelgan en el vacío a cientos de metros de altura, llegan a lugares prácticamente inaccesibles y se deslizan sobre enormes precipicios sin otro sostén que algunas finas cuerdas. No son deportistas, sino constructores; las montañas que los rodean no son rocosas sino de hormigón, vidrio y acero; y a sus pies no corren arroyuelos de agua, sino ríos de peatones y nutridas arterias de tránsito vehicular. En la cima de la ciudad, estos trabajadores realizan una antigua labor de un modo nuevo.

Las empresas de trabajo vertical llegan a solucionar un oneroso problema de infraestructura, fundamentalmente en los centros de las urbes contemporáneas.

La idea de emplear técnicas y equipos de montaña en la construcción ya se usó en 1889 para alzar la Torre Eiffel. Pero la aparición de empresas dedicadas a estos trabajos sí es reciente. De acuerdo con la Asociación Nacional de Empresas de Trabajos Verticales, ya hay 80 compañías que lo hacen en España.

La construcción, limpieza y mantenimiento de fachadas no accesibles desde el interior, plantean al constructor un problema de solución cara y lenta: la instalación de andamios.

“Son comunes las situaciones en que el costo de las estructuras auxiliares supera el de los trabajos, esto aumenta en la medida que, afortunadamente, la seguridad en obra se hace más estricta”, comenta Marcial Román, montañista y maestro de trabajo vertical en Barcelona.

El uso de líneas, arneses y frenos, propios de alpinistas, elimina costos indirectos y minimiza plazos de ejecución. Además, evita la necesidad de permisos municipales. “Es mucho más fácil y barato conseguir un permiso para que nuestros operarios realicen un trabajo colgando de un edificio sobre una avenida, que instalando un andamio que obstaculiza el tránsito, y lleva tres veces más tiempo”, comenta Miguel Espinoza, dueño y operario de la empresa Up-Down, basada en Valencia.

Las técnicas y los equipos alpinos que hoy en día utilizan fueron adaptados y diseñados para constructores verticales. Por ejemplo los stoppers, que son frenos para controlar el descenso específicos para esta actividad. Según Espinoza, el trabajo vertical difiere en gran medida del montañismo deportivo: “No es lo mismo; un escalador precisa entrenamiento especial para convertirse en un trabajador vertical, aunque no voy a negar que la experiencia en la montaña ayuda”, explica el empresario.

Estos trabajos no sólo se realizan en fachadas. Up-Down trabaja en otros lugares de difícil acceso, donde una grúa es inútil. “Una vez, en la refinería de Repsol de Puertollano, tuve que meterme a destapar un caño de 65 metros de altura y de sólo 80 centímetros de diámetro”, recuerda Espinoza. “Fue una situación muy incómoda, sumamente claustrofóbica, pero alguien tenía que hacerlo”.

Aunque estos trabajadores colgados de sus cuerdas parecen menos protegidos que en un andamio, en sus empresas aseguran lo contrario. David Ruiz, encargado de seguridad en obra, dice que estas técnicas son hasta más fiables. “Es importante que los elementos de un sistema sean controlados periódicamente. El que utilizan los trabajadores verticales tiene pocas piezas que son mantenidas y revisadas diariamente por el propio operario porque de ellas depende su vida, lo que garantiza su seguridad”, asegura Ruiz.

Como todo sistema dependiente de la tecnología, éste podría ser sustituido en el futuro. El avance de los automatismos y la robotización ha hecho que muchas técnicas usadas por milenios hayan virtualmente desaparecido. Pero cada día se construyen edificios más altos, por lo que las empresas de trabajo vertical se encuentran hoy en vertiginoso ascenso y con cuerda para rato.

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