De Moscú a Wall Street

La oligarquía rusa quiere evadir la corrupción local y legitimar su fortuna ante Occidente; Andrei Vavilov ha promovido la investigación financiera y la reforma del sistema de pensiones.
Los rusos desean llevar su fortuna y negocios a donde haya m
Ron Stodghill

En un restaurante de Manhattan, el multimillonario ruso Andrei Vavilov sonríe feliz. Entre vodka y generosos platillos hechos con cordero, salmón y roast beef, el influyente magnate de la energía y administrador de un hedge fund departe con un abogado, un cabildero, un economista y un ex legislador.

El grupo brinda por Vavilov (46), a quien consideran el arquitecto de la nueva economía de mercado en Rusia y quien, con sus donaciones a universidades en Estados Unidos y en otros países, ha promovido la investigación financiera. “Felicidades por esta nueva aventura: tu propio hedge fund”, le dice Thomas B. Evans Jr. un ex legislador republicano por el estado de Delaware. “Yo no conozco mucho de estos asuntos, pero estoy seguro que tendrás mucho éxito”.

Si Evans quisiera aprender más sobre el nuevo fondo de Vavilov, llamado IFS Hedge Fund, tendría que esperar mucho tiempo. Vavilov tiene la reputación de ser un astuto y reservado operador financiero, cuyas relaciones políticas y de negocios caminan sigilosas de Moscú a Londres y de Londres a Nueva York.

Vavilov, que hace una década sobrevivió a un intento de asesinato (entonces trabajaba para el gobierno ruso), dice que se embolsó 600 millones de dólares (mdd) cuando vendió su empresa petrolera, Severaza Neft, hace un lustro. Desde entonces invirtió 200 mdd en su fondo, establecido en Bahamas en 2004. Pero tiene que recabar aún más dinero. Por eso está abriendo una especie de ventanilla en Nueva York. El detalle es que lo quiere hacer en el momento en que todos los hedge funds, desde los que administran los ex corredores estrella de Wall Street hasta los ex jugadores profesionales de hockey, están tropezándose con la incertidumbre de la crisis del crédito y las turbulencias del mercado.

En los primeros ocho meses del año, dichos fondos generaron un retorno promedio de 6.1% después de pagar comisiones. Durante el mismo periodo del año pasado, el rendimiento fue 6.9%, según Hedge Fund Research, una empresa de investigación con sede en Chicago. En cada uno de esos años, el rendimiento apenas rebasó el comportamiento que ha tenido el índice accionario Standard & Poor’s 500. Por lo general, un portafolio de acciones vinculadas con dicho índice implica menos riesgo que las inversiones de alto nivel que suelen hacer los hedge funds. Quienes confían su dinero a estos fondos esperan rendimientos que superen cómodamente el S&P 500, y por este privilegio están dispuestos a pagar generosas comisiones.

Vavilov señala que su fondo ha generado retornos anuales superiores a 20% desde que inició en 2004. Lo ha conseguido, dice, buscando oportunidades por todo el mundo, haciendo apuestas macroeconómicas de las cuales se niega a entrar en detalles, y enfrentando sin miedo los dramáticos desafíos que suelen tener los hedge funds.

Dice que ahora quiere jugar un papel central en la eventual privatización del fondo del gobierno ruso que cuenta con 130,000 mdd provenientes del petróleo, y que su hedge fund debería ser quien administre este fondo si es privatizado.

“Hemos creado una estrategia que permite obtener altos retornos sin que esto implique correr algunos de los riesgos asociados con la volatilidad”, apunta. “Duermo bien y no sufro de insomnio pensando qué está pasando con mi dinero”.

Con el aumento en los precios del petróleo y en otros recursos naturales, como el níquel y el aluminio, Vavilov se ha unido a los rusos millonarios que tratan de poner a trabajar su riqueza por aquí y por allá, dentro y fuera de su patria. Dicen que lo hacen para proteger sus activos de la corrupción que hay en el país y para ganar legitimidad financiera en Occidente.

“Hay mucho dinero proveniente del petróleo que busca un lugar en aguas más tranquilas”, asegura Ariel Cohen, investigador asociado en Heritage Foundation, un organismo de investigación de Washington. “Estos oligarcas y magnates rusos buscan colocar su dinero en sistemas jurisdiccionales con mayor estado de derecho y donde no sean sujetos de expropiación por parte del Estado”.

En los años recientes, muchos de los empresarios más ricos de Rusia han salido de compras por el mundo. Algunas de sus operaciones han sido muy sonadas, como la compra del equipo londinense de futbol soccer Chelsea por parte de Roman A. Abramovich. O la adquisición del gigante petrolero Lukoil por Getty Petroleum, un acuerdo orquestado por Vagit Alekperov, quien ocupó el año pasado el casillero 37 entre los hombres más ricos del mundo. Otras operaciones atrajeron menos la atención, como la compra de 35% de Plug Power, un desarrollador de celdas de combustible, que hizo este año Vladimir O. Potanin. El acuerdo fue por 241 mdd.

Muchas de estas operaciones han tenido como telón de fondo una amplia corrupción. “En Rusia no existe capital local; sólo hay corrupción local”, menciona Martha Brill Olcott, una analista del Carnegie Endowment for International Peace, un centro de investigación especializado en economía, política y tecnología, con sede en Washington. “El reto para Andrei Vavilov será tener éxito en un mercado en donde las cosas sean más en blanco y negro, en lugar de Rusia, un país en donde los acuerdos se hacen en lo gris”.

Vavilov nunca ha sido acusado de cometer algún crimen. Dice que cualquiera que haga negocios en Rusia es injustamente contaminado por la imagen de corrupción del país. Aun así, desde los días en que era viceministro de Finanzas de Rusia, entre 1992 y 1997, Vavilov fue señalado por acumular riqueza a través de acuerdos deshonestos. En 1997, fiscales federales rusos empezaron una investigación sobre un supuesto desfalco de Vavilov por 231 mdd, los cuales eran parte de un acuerdo de compra de un jet de combate. Vavilov ha negado continuamente que haya actuado con malicia. El proceso continúa abierto. “Si tienes éxito en Rusia, todo mundo quiere un pedazo de ti”, comenta el financiero. “Por desgracia, la envidia y los celos son comunes en mi país y cuando haces mucho dinero, la gente quiere una parte”.

El millonario disfruta de los privilegios de cualquier magnate. Vive en Moscú, en un palacio que está unido por un túnel con sus oficinas en su centro de investigación. También tiene una residencia en Mónaco. Su esposa, Maryana Tsaregradskaya, es una actriz rusa. La pareja se formó hace 13 años y ahora tienen una hija de dos años y medio. Hace unos meses, Vavilov vendió su casa en Beverly Hills en 13.5 mdd. Y está por comprar otra en Manhattan. Vavilov dice que se está inclinando por adquirir un penthouse en el Time Warner Center, en Columbus Circle, el mayor punto de referencia en la zona. “No estoy enojado, estoy bien”, asegura. “Soy afortunado de mantener a mi familia, pero creo firmemente en mis ideas”.

Dice que el gobierno ruso, por mucho tiempo asfixiado en deudas, ahora enfrenta un reto distinto. “El gran problema en Rusia ya no es su deuda, sino sus excedentes”.

Gracias a los crecientes precios del petróleo, Rusia tiene un fondo estatal de 130,000 mdd que usa para proteger su presupuesto de las fluctuaciones del precio del combustóleo. También enfrenta un acalorado debate sobre cómo prevenir una crisis en el sistema de pensiones.

De acuerdo con cálculos oficiales, la población rusa en edad de trabajar disminuye rápidamente. De 140 millones de habitantes que hoy trabajan podrían quedar sólo 108 millones en dos décadas. El gobierno discute cómo arreglar las pensiones y tiene varias opciones, desde cobrar impuestos a los negocios evasores hasta medidas más radicales, como cambiar el sistema por un programa de retiro con garantía estatal.

Poca gente en Rusia ha sido más crítica que él sobre el sistema actual. El millonario ha presionado para reformar el sistema de pensiones. Dice que el dinero del fondo estatal podría invertirse de forma más efectiva y que sus rendimientos apuntalarían las finanzas de las pensiones.

“Ahora, este dinero está prácticamente bajo el colchón”, explica. “La principal tarea de esta administración debería ser averiguar cómo invertirlo”. Pide celeridad al gobierno ruso para invertir este fondo en los mercados de capitales, usando estrategias de su centro de investigación y el cual, según él, ha puesto en práctica en su propio fondo.

Si no puede cerrar este trato, ¿dónde encontrará Vavilov el dinero que necesita para darle un empujón a su incipiente iniciativa? Él, sale por peteneras. “Ahora estoy hablando con todo mundo”, asegura. “Y es como un concurso de belleza”.

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