Antonio Del Valle, el empresario del año

El ex banquero retomó fuerzas para posicionarse en el mercado químico mundial; el líder de Mexichem es el empresario del año para la revista Expansión.
Antonio del Valle, en su oficina del banco Bx+, en Paseo de
Adolfo Ortega

En 1982, cuando el gobierno mexicano nacionalizó la banca, el propietario de Banco de Crédito y Servicio (Bancreser), Antonio del Valle (69), quiso irse del país y comenzar una nueva vida, en Estados Unidos o España. Después de discutirlo con su familia, lo pensó mejor y se quedó en México. Como no podía seguir en el sector bancario, con el dinero de la indemnización compró, en 1984, tres empresas, entre ellas, Química Pennwalt, una fábrica de productos químicos. “Compramos lo que estaba disponible, fue una cosa totalmente casual”, recuerda el empresario.

Ahora, 23 años después, esa ‘casualidad’ se llama Mexichem, vale 2,300 millones de dólares (mdd) y se ha convertido en la multinacional mexicana más prometedora del momento.

Esa empresa produce diversos productos químicos y petroquímicos, desde materia prima para elaborar jabones, cremas y detergentes, hasta tubería de PVC y gases refrigerantes. En Mexichem les gusta definirse así: “Hacemos de la química la fuerza de la construcción”. Lo dicen porque fabrican materia prima para hacer pisos y alfombras, pinturas, aire acondicionado, vidrios, tubería, cemento y varillas, entre otros productos.

“Es una compañía difícil de analizar porque no puedes palpar los productos que hacen”, comenta Mauricio Brocado, analista de Actinver.

A esto se suma que el camino de Del Valle por el sector industrial ha sido especialmente discreto. En los 80, casi no figuró por el pausado crecimiento de su compañía. En los 90, porque le robó cámara el sector bancario, al cual Del Valle regresó en 1992, cuando el gobierno reprivatizó los bancos. El empresario pagó 300 mdd por Banco Internacional, conocido después como Bital, que ahora es parte de la institución inglesa HSBC.

Las cosas empezaron a cambiar hace cinco años, cuando Del Valle se separó de sus socios en Bital, las familias Berrondo y Esteve. Su participación de 25% en el banco fue liquidada con algunas empresas industriales, entre ellas lo que hoy es Mexichem. Como si fuera un déjà vu, por segunda vez en su carrera él volvía a dejar el sector bancario para enfocar su talento empresarial en el sector industrial.

Y 2007 fue el del estirón. En febrero del año pasado, Mexichem compró, por 550 mdd, la empresa líder de tuberías en América Latina, Amanco, con sede en São Paulo, Brasil. Y un mes después pagó 250 mdd más a cambio de Petroquímica Colombiana (Petco), una fabricante de resinas de PVC. Con estas operaciones duplicó el tamaño de su empresa y aumentó su nómina de 2,500 a 10,000 empleados. “Su crecimiento ha sido muy, muy agresivo”, dice Raquel Moscoso, analista de Ixe Grupo Financiero.

El mercado dio su propio veredicto sobre las ambiciones de la firma. El pasado 10 de diciembre, el precio de la acción de Mexichem en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) cerró en 41.35 pesos por título. Un año antes, esa misma acción valía sólo 18 pesos. No hay muchas inversiones que entreguen 130% de rendimiento en un año, y menos cuando el principal indicador de la Bolsa, el IPC, ganó en ese mismo lapso sólo 21%.

“Mexichem se ha puesto en el radar de los inversionistas”, apunta Brocado. Y es muy probable que este año se sume al selecto grupo del IPC que integra a las 35 principales emisoras, gracias a su alto volumen de transacciones.

El logro más importante, sin embargo, es que ahora Mexichem tiene una posición regional envidiable. Tan sólo los productos de Amanco ya eran comercializados en 29 países, los cuales surtía con 14 plantas ubicadas en la región.

Este impresionante logro genera especulaciones. Que si Antonio del Valle será el siguiente Lorenzo Zambrano; que si Mexichem repetirá el fenómeno bursátil que antes protagonizó América Móvil; que si estamos frente a la siguiente gran multinacional mexicana. Mientras el tiempo revela estas respuestas, Expansión echó un vistazo a la cara poco conocida del banquero Antonio del Valle, un exitoso hombre de industria que, en 2007, dio un paso definitivo hacia la internacionalización de su firma.

La orden es crecer

El hilo conductor que une a Química Pennwalt de 1984 y Mexichem de 2007 está lleno de cambios accionarios, fusiones y escisiones.

Una de las puntas de esta empresa tiene su origen en una firma de cables de acero llamada Cables Mexicanos, fundada a mediados del siglo pasado. En 1978, la controladora de esta compañía, Grupo Industrial Camesa, comienza a cotizar en la BMV. A mediados de los 80, se incorpora a este grupo la Compañía Minera Las Cuevas, empresa productora de fluorita, y en 1993, ante la falta de pago, los acreedores bancarios de Camesa capitalizan la deuda de la firma.

Un año después se decide que Bital, el banco de Antonio del Valle, sea el administrador de la compañía. Y cuando en 2002 el empresario sale de Bital, sus ex socios liquidan su participación con acciones de empresas industriales en manos del banco, entre ellas, Camesa. Del Valle compró después la participación que tenían los socios de Camesa en distintos negocios, como el químico y el de materiales de construcción. “A eso le llamé yo comprar mi libertad”, dice.

Con el control absoluto, el empresario empezó a imprimirle su sello personal al negocio industrial. “Antonio del Valle es un hombre al que le gusta el crecimiento en sus empresas y presiona para que eso suceda”, comenta Jaime Ruiz Sacristán, ex director de Bital cuando Del Valle era accionista y ahora presidente del banco Bx+, fundado hace cuatro años por el empresario.

Quien lo dude que mire su trayectoria. Cuando en los 70 fundó Brancreser, le llevó seis años que esa institución pasara de 182 a más de 3,000 empleados, y de una a 100 sucursales. Con Banco Internacional hizo algo parecido: cuando lo compró tenía 300 sucursales y unos miles de clientes; cuando salió de ahí, Bital era líder en número de sucursales (más de 1,400) y en clientes (más de cinco millones).

En 2005, Del Valle recibió una propuesta de WRCA, el principal fabricante de cables de acero de EU, para comprarle la división de dicho producto. Eso representaba una gran oportunidad para que el empresario pudiera enfocar todas sus baterías en el sector químico y petroquímico, y, de paso, deshacerse a un buen precio de la única actividad que a pesar de darle el nombre a la empresa, tenía muy poca relación con los principales negocios de la firma, que era producir cloro, sosa, fluorita y sus derivados. “Como principio me dijo que él, tal como su papá, no vendía nada”, recuerda Ricardo Gutiérrez, director general de lo que entonces era Camesa, hoy Mexichem.

A esa negativa le faltaba estrategia y le sobraba autoestima. “Todos los negocios, casi sin excepción, tienen el mismo potencial”, asegura Del Valle. “Lo importante es que tengan un buen empresario y un buen operador, y si tienen eso, puedes llegar a donde quieras”.

La elección correcta

Gutiérrez, sin embargo, tenía otro plan para Mexichem: reforzar sus dos principales líneas de negocio, ninguna de las cuales tenía relación con la fabricación de cables de acero, que era lo que Camesa hacía.

Por un lado, Mexichem tiene un negocio al que llama cadena cloro-vinil, donde se elabora materia prima para productos como jabones, champúes, cremas, detergentes y tratamiento de aguas, entre otros. De ahí también surge la materia prima para hacer PVC, como se le conoce al policloruro de vinilo. Con este polímero termoplástico se fabrican envases, ventanas, tuberías, cables, juguetes, recubrimientos y muchos otros productos de uso cotidiano. Al otro negocio lo llaman cadena flúor. Ahí, Mexichem posee la mina de fluorita más grande del mundo. Este mineral se utiliza como fundente, y sus principales usuarios están en el sector cemento, acero, vidrio y cerámica. También es materia prima de gases refrigerantes, usados en aires acondicionados, refrigeradores y congeladores.

“En la industria petroquímica, el fundamento de la estrategia es un proceso continuo de crecimiento”, explica Gutiérrez, contador público de profesión que trabaja en esta empresa desde 1994. ¿Cómo se logra este crecimiento? “Con adquisiciones, con compras que me saquen lo más posible de la ciclicidad, la volatilidad y de los commodities que caracterizan a esta industria”, responde.

Las compras, sin embargo, no podían ser cualquiera. Debían ayudar a Mexichem a compensar la parte baja del ciclo económico y alejarla de su principal riesgo: la volatilidad de la energía. “Hicimos lo que en la industria llaman ‘irse aguas abajo’ a fin de salirse lo más posible del ojo del huracán”. Traducción: Si tienes las materias primas busca fabricar el producto terminado para aumentar tu rentabilidad.

“Eso es lo que hizo Mexichem al comprar Amanco”, apunta Moscoso, de Ixe. Ahora, en lugar de vender VCM, que es la materia prima para producir PVC y cuya tonelada cuesta alrededor de 1,000 dólares, produce tuberías de este material cuyo precio es mayor a 3,000 dólares la tonelada. Y además lo hizo adquiriendo la empresa líder en la región. “No íbamos a comprar al chiquito”, dice Gutiérrez.

Había otros elementos a favor de las compras: el consumo per cápita de PVC en México y en América Latina sigue siendo bajo. En el país es 3.7 kilos al año, mientras que en Colombia es 3.2. En Brasil es 3.9 y en Argentina es 2.8. Todos están muy lejos de Estados Unidos, que tiene un consumo de 21.1 kilos al año, mientras que en Europa se consumen 7 kilos al año.

Del Valle se convenció de que era mejor vender la división de cables, por la cual obtuvo 125 mdd. “Hoy reconoce que fue la mejor operación que pudimos haber hecho”, comenta Gutiérrez. Él, por su parte, también reconoce la apertura de Del Valle para cambiar de opinión.

Ahora quieren ir más allá de los propios tubos. A través de una subsidiaria de Amanco ubicada en Buenos Aires, Argentina, Mexichem ofrecerá a toda la región proyectos integrales de agua, ya sea para negocios agropecuarios para convertir tierra de temporal en tierra de riego, o para instalar sistemas de agua en edificios o en ciudades enteras. “¿Qué es lo que hace falta en América Latina? Vivienda, infraestructura”, dice Del Valle. “Los tubos de PVC se van a seguir vendiendo en esta zona porque hace falta mucho por construir… ¿Por qué creen que el ingeniero Slim creó dos empresas de infraestructura?”, cuestiona.

Reacciones peligrosas

La estrategia de este crecimiento no está libre de riesgos. Por un lado, la volatilidad de los energéticos podría aminorar los márgenes de la empresa. Por el otro, una desaceleración de la economía frenaría las expectativas de construcción en la región. Hacia el interior de la compañía hay otros desafíos.

Su negocio principal tiene roto un eslabón, fundamental para la competitividad de la empresa. Mexichem cuenta con los elementos necesarios para producir PVC, pero no puede fabricarlo porque le falta un proceso intermedio que es la elaboración del monómero de cloruro de vinilo o VCM, que es la resina con que se hace PVC. Hoy, Mexichem le vende cloro a Pemex y la paraestatal combina la sustancia con gas etileno y revende a Mexichem la resina resultante. “Esto es absolutamente ilógico”, dice Del Valle. “No es competitivo”.

Una opción es que Mexichem subarriende los activos de Pemex en el complejo Pajaritos, ubicado en Coatzacoalcos, Veracruz. La paraestatal ha arrendado antes algunos de sus activos a empresas privadas, pero han sido plantas desocupadas. Rentar una planta en funcionamiento provocaría el enojo del sindicato petrolero.

La otra opción es construir una planta nueva, lo que, además de costoso (entre 400 y 500 dd), llevaría al menos tres o cuatro años. Dado que uno de los principales insumos es la energía eléctrica, explica Del Valle, se podría construir en un país en donde este insumo sea más barato que en México. Para Gutiérrez, esto no está decidido. “Si no se puede arrendar a Pemex, vamos a tener que estar al lado”, menciona el ejecutivo. “Normalmente son plantas integradas… no tiene caso tener 1,000 kilómetros entre la planta de cloro y la de VCM”.

Otro reto del crecimiento es la integración de un equipo de 10,000 personas. “No es la cultura de Mexichem la que debe prevalecer”, señala Gutiérrez. “Mexichem debe ser producto de las culturas de quienes ahí trabajan”. Eso significa muchas cosas, desde homologar los sistemas de compensación y de pensiones, hasta implementar las mejores técnicas de operación.

“Aún tenemos mucho por aprender”, reconoce Jaime Ruiz Sacristán, director de Bx+, quien está convertido en el banquero de inversión de Mexichem. “Hasta hace seis meses yo ni me enteraba de lo que pasaba en Ecuador”, dice. “Ahora tengo que lidiar con cosas que nunca había manejado en mi carrera, como la revaluación de 30% de la moneda brasileña”.

Con el plan de inversiones que tiene Mexichem, Antonio del Valle y su equipo de operadores tendrán, sin duda, muchas oportunidades para seguir aprendiendo.

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