La revolución en 3-D está por llegar

El director de Dreamworks asegura que en 15 meses el cine dará el giro más grande en 70 años; Katzenberg augura que el Stereoscopic 3-D permitirá al espectador elevar su nivel de emoción.
Ya viene la más reciente generación en 3-D (Cortesía)
Jesús Hernández

Si se tuviera que justificar por qué el nombre de Jeffrey Katzenberg es sinónimo de animación en Hollywood, bastaría un dato: 50% de las 10 películas animadas más taquilleras de 1980 a la fecha en Estados Unidos –que suman ingresos por más de 5,570 millones de dólares– fueron producidas por el actual CEO y director general de DreamWorks Animations SKG.

Por ello hay que concederle el beneficio de la duda a Katzenberg cuando anuncia que “el público está a punto de experimentar, en 15 meses, una experiencia maravillosa que sobresale a cualquier cosa que hayan visto antes”. En marzo de 2009, DreamWorks estrenará la cinta Monsters vs Aliens, filmada con una nueva tecnología de tercera dimensión llamada Stereoscopic 3-D.

Si por algo se ha distinguido la tercera dimensión en el cine es por la cantidad de fracasos en taquilla que ha tenido, sin contar con que la audiencia prefiere evitarlas antes que padecer una jaqueca por el uso de las incómodas gafas bicolor que el efecto fílmico requiere.

La emoción que Katzenberg pone en sus palabras al referirse a esta nueva tecnología –que incluso hace que abandone su postura de pies cruzados y manos entrelazadas por encima de sus rodillas– no es gratuita. El ejecutivo ha apostado al Stereoscopic 3-D la realización de los proyectos que ya tiene en marcha de 2009 a 2011 y quizá más allá.

Y es que Katzenberg augura que el Stereoscopic 3-D permitirá al espectador tener una experiencia cinematográfica “inmersiva” para estar de lleno, literalmente, dentro de la historia, con lo que “el cine eleva su nivel de emoción de una forma que no ha sucedido en los últimos 70 años; la última vez que hubo una clase de innovación así, fue cuando las películas pasaron del blanco y negro al color, es así de importante”, asegura en entrevista con Expansión.

El plan de DreamWorks

El director de DreamWorks Animations estuvo en México el mes pasado para el estreno del filme Bee Movie, en el que la compañía aportó 150 millones de dólares y que hasta el 22 de noviembre llevaba recuperados 107 millones en todo del mundo.

“Este año ha sido maravilloso: la compañía está en excelente forma, tenemos una cantidad de películas maravillosas por venir y yo tengo una cuenta de medio millón de dólares en el banco. Así que es un buen momento”, dice sonriente.

En octubre de 2004, DreamWorks ski –el estudio que formó Katzenberg en 1994, junto con el cineasta Steven Spielberg y el magnate de la música David Geffen– se partió en dos: la división de películas tradicionales (DreamWorks SKG) quedó como una compañía privada que fue vendida a Paramount; mientras que su división de animación se convirtió en una empresa pública, DreamWorks Animations SKG, que cotiza en la Bolsa de Valores de Nueva York (NYSE, por sus siglas en inglés).

Cuando se está frente a Katzenberg (aunque sea sólo por 27 minutos) da la impresión de que lo tiene todo bajo control. Pareciera que no le preocupan las presiones del mercado accionario neoyorquino o la regulación de la Comisión de Valores, a los que, cada trimestre, tiene que reportar sus resultados; o como si estuviera seguro de que nunca más se equivocará, como en 2005, cuando sobreestimó las ganancias en DVD de Shrek 2 y tuvo que dar la cara ante sus accionistas; o como si supiera que sus futuras producciones no correrán la misma suerte que El camino hacia El Dorado, que costó 95 millones de dólares y sólo recuperó 76.4 en todo el mundo o Simbad: la leyenda de los siete mares, en la que invirtió 60 millones y recuperó menos de 26.5 en Estados Unidos, según el monitor de la industria Box Office Mojo.

Desde que DreamWorks Animations cotiza en el NYSE, dice Katzenberg, su plan de negocios es el mismo: estrenar dos películas al año, una en verano y otra en invierno, “son dos de las 10 más grandes y caras que se hacen en Hollywood. Nosotros simplemente las lanzamos y le estamos tirando a que sean de las 20 más taquilleras del año”, explica.

Katzenberg se muestra incómodo cuando se le pregunta por la frenética carrera de Hollywood por producir filmes cada vez más caros: “Nuestro negocio se ha mantenido muy consistente desde hace tres años, y el costo ha permanecido bastante fijo (…) Yo sólo hago dos películas al año y no me gusta hablar de los negocios de los demás”.

Lo cierto es que en el cine de animación hay una carrera tecnológica intrínseca. Para sobrellevarla, DreamWorks Animations tiene como socios tecnológicos a HP, AMD y Activision; mientras que en la parte comercial y mercadológica va de la mano con McDonald’s y Kellogg’s.

Sobre Pixar –el estudio de animación que mantiene una alianza estratégica con Disney– afirma: “No competimos directamente con ellos porque siempre estamos separados en cuanto a la taquilla un mes o dos. Entonces podemos observar lo que ellos hacen. Y claro, representa un desafío, nos inspiran, y a veces hasta los envidiamos. Es lo que yo llamo una competencia sana”.

Pero el negocio no acaba en los cines. De 2004 a la fecha, DreamWorks Animations ha participado en 29 producciones, entre largometrajes, especiales de televisión y cortos animados. Durante el tercer trimestre de 2007 (julio a septiembre), la firma reportó al NYSE ingresos por 160.8 millones de dólares, de los cuales 92.1 millones provinieron de las regalías y ventas del DVD de Shrek Tercero.

“Es uno de los más exitosos filmes animados de todos los tiempos y demuestra que nuestra franquicia (La saga de películas de Shrek) es una de las más fuertes en la historia del cine”, dijo Katzenberg al comentar los resultados. De hecho, el estudio ya prepara la cuarta entrega del ogro verde, para 2010, bajo el título Shrek Goes Fourth.

Con la pequeña ayuda de mis amigos

El próximo 21 de diciembre Katzenberg cumplirá 57 años. Nacido en Nueva York, hijo de la artista Anne Katzenberg y de un corredor de bolsa (al que nunca nombra), Jeffrey creció en un apartamento que estaba a una cuadra de Park Avenue. Interesado desde pequeño en la política, participó a los 14 años en la campaña para alcalde de John V. Lindsay, con quien colaboró hasta los 21 años, hasta que un escándalo de soborno cortó la carrera presidencial de Lindsay y, de paso, la de Katzenberg.

En 1973 entró a la industria del entretenimiento. Primero a una agencia de talento, luego en la mercadotecnia y como programador de Paramount, bajo las órdenes del entonces CEO, Barry Diller. Ahí consiguió ser presidente de producción en 1982. Dos años más tarde, Michael Eisner lo llevó a Disney, donde como CEO del estudio de cine, Katzenberg negoció dos de los mejores tratos de la compañía: las sociedades con Buena Vista y con Pixar.

En 1994, cuando el CEO de Disney, Frank Wells, murió al estrellarse el helicóptero en el que viajaba, Eisner decidió absorber el puesto. Katzenberg le reclamó a su jefe que no lo hubiera promovido y Disney anunció que Katzenberg renunciaría. Algo a lo que él refuta con cierta ira: “¡Me echaron, me despidieron de mi trabajo después de 10 años!”

“Tenía que pensar qué iba a hacer y me acerqué a Steven Spielberg y a David Geffen para sugerirles que hiciéramos una compañía juntos”. La liquidación de Katzenberg le alcanzó para poner 33.3 millones de dólares a la sociedad. La misma suma abonaron el cineasta y el dueño de la disquera Geffen Records. Así, con 100 millones de dólares nació DreamWorks SKG. “Hoy en día vale más de 106,000 millones de dólares así que creo que es un gran éxito”.

Para sorpresa de muchos, que presagiaban un choque de egos, DreamWorks logró resultados espectaculares. De la unión de los tres socios han salido hasta ahora 62 filmes, entre ellos Belleza americana (que ganó 130 MDD), Salvando al soldado Ryan (con 216.5 MDD en taquilla), Shrek (que recolectó 267.6 MDD) o Gladiador (un blockbuster de 187.7 millones).

“Todo mundo esperaba que, como somos tres personalidades tan fuertes y acostumbrados a hacer las cosas a su manera, tendríamos problemas. Pero debido a que los tres tenemos fortalezas muy obvias, siempre fue fácil saber quién debería tomar una decisión. Y nunca discutimos de nada: si se trataba de algo creativo, decidía Spielberg; si era de inversiones o de cambios a nivel empresarial, el indicado era David Geffen; y si era acerca de construir u organizar películas, pues era yo”, explica Katzenberg.

Según él, la decisión más difícil que tuvieron que tomar en DreamWorks fue dividir la compañía. Por una parte, dice, hacer que DreamWorks Animations entrara a la Bolsa “significaba permitir la entrada de otros inversionistas y administrar de otra manera una compañía que había sido privada durante 10 años”.

Además, señala, “tuvimos que poner una cierta separación entre Spielberg, Geffen y yo. Estamos juntos pero ya no 100%. También creo que fue lo correcto para nuestros inversionistas, hemos tenido gente que ha invertido con nosotros desde hace 10 años (como Paul Allen, socio de Bill Gates y cocreador de Microsoft) y era momento de que ellos pudieran cobrar lo suyo en la compañía”.

En agosto, Paul Allen anunció que deseaba reducir su participación en DreamWorks Animations por debajo de 7% y que saldría del consejo de administración, aunque permanecerá como asesor del estudio.

Una mirada al futuro

De entre las 50 películas más taquilleras de todos los tiempos a escala global, 10 son de animación. Se trata de un nicho altamente rentable, donde el factor clave se llama tecnología y donde el consumidor principal aún no está en edad laboral. Pero ¿está amenazado el futuro del cine de animación por el surgimiento de nuevas formas de entretenimiento tecnológico, como los videojuegos, internet o el creciente uso de los dispositivos móviles celulares?

Katzenberg lo niega rotundamente. “Antes que nada –sostiene– ir al cine sigue siendo un negocio en crecimiento. A la gente a lo mejor le gusta ver cosas en su casa, pero no ha dejado de ir al cine”.

Según él, 2006 fue un año que batió un récord en afluencia a las salas, “fue el segundo más importante en la historia del negocio del cine, sobre todo a nivel internacional sigue creciendo muy fuerte el negocio”.

El cine de animación no tiene de qué preocuparse, pues argumenta: “Cada vez que una nueva plataforma se presenta (televisión, cable o videos para consumo en casa), nosotros siempre hemos puesto nuestro producto disponible al cliente, oportunamente, y a un precio maravilloso. Ésta es la razón por la que hemos seguido creciendo”.

Justo por eso, Katzenberg ve en los nuevos medios el futuro de su negocio, pues “mientras exista la forma en que podamos hacer que nuestro producto halle su camino hacia los consumidores, ya sea por internet, al aire o de manera digital, el cine de animación seguirá siendo negocio. Todo nos encanta, y por ahora todo está bien”.

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