Después del Nobel, hombre de negocios

Tras recibir el premio, el físico Robert B. Laughlin se dispuso a realizar negocios con sus ide además, enseña a sus pupilos para que tomen riesgos, creen algo genial o se dediquen a hacer di
Laughlin salió del laboratorio y escribió libros para difund  (Foto: )
Regina Reyes-Heroles C.

La camisa color rojo y la corbata azul con átomos impresos rompen el estereotipo del científico de bata blanca. Su concepción de que el negocio no está peleado con la ciencia le da un aire particular.

El Premio Nobel de Física 1998, Robert B. Laughlin, se sentó en la Fonda San Ángel, al sur de la Ciudad de México, para compartir sus ideas acerca de la vida después del premio, la educación y los negocios.

Cuenta que tras ganar el Nobel no regresó al trabajo de campo, como se acostumbra, sino que creó su marca y se dedicó a los negocios: hablando alrededor del mundo sobre la ciencia, sus ideas y escribiendo libros.

Laughlin es un científico interesado en hacer negocio con sus ideas. Le importa que sus estudiantes aprendan a tomar las decisiones correctas, creen algo genial o se dediquen a hacer dinero, pero que no se conformen.

“Este libro es para que yo haga dinero”, admite el científico. “No estoy tratando de hacer propaganda de la tecnología o la ciencia, eso ya no me interesa, quiero intentar crear un producto como algunos de los que ha creado la naturaleza”.

Sus alumnos en la Universidad de Stanford, en California, se burlan de él y dicen que en realidad entrena ceo, pues varios de sus ex alumnos en ciencia son ahora ejecutivos. Laughlin se ríe y dice que nunca imaginó hacer eso, sólo quería que sus estudiantes se arriesgaran.

Un buen científico puede hacer de gran empresario, como lo comprueban algunos de sus discípulos.

Robert Laughlin ganó el Nobel, junto con Horst L. Störmer y Daniel C. Tsui, por su descubrimiento de una nueva fase de la materia, y ahora convierte sus conocimientos científicos en herramientas para la vida.

El físico vino a México para presentar su libro Un universo diferente: La reinvención de la física en la edad de la emergencia. Aquí algunas de las ideas que el Premio Nobel compartió con Expansión.

Audacia innata
“Hace unos años en Helsinski, en una conferencia, conté que cuando era joven, mientras intentaba crear explosivos, tiré unos químicos que quemaron mi mano. Lo bueno fue que mi madre no se enteró hasta después, y mi padre me llevó al hospital. Al platicarlo, pensé que quizá jugar con explosivos cuando eres niño puede ser una señal de que serás un científico. Pregunté al público cuántos habían jugado con explosivos de niños. 80% dijo que sí. Los científicos, igual que los hombres de negocios, son personas que toman riesgos”.

Ciencia vs economía
“Los científicos dicen que crean la tecnología que ayuda a la economía y por eso deben de ser compensados. Yo creo que los gastos públicos en la ciencia tienen un impacto casi nulo o indirecto (en la economía). El impacto real y el valor de la economía está en las personas, en lo que van a hacer los estudiantes cuando trabajen en el mundo real. El trabajo del cerebro de los estudiantes es 100% más valioso que la tecnología.

Hace tiempo hice un estudio en Corea. Pregunté cuál era el total de los ingresos que los padres reciben anualmente. Si lo sumabas todo, era aproximadamente 100,000 millones de dólares. Después calculé el beneficio marginal que hay sobre la economía de las personas –esto lo mides al calcular cuánto más ganan si reciben un entrenamiento–. El resultado fue un excedente de 2,000 mdd anuales por estudiante. Ése es el valor neto en la economía en Corea y es la verdadera respuesta a la pregunta de los fondos públicos, no que estás creando tecnología que ayuda al crecimiento. En realidad entrenas a estudiantes, los llevas hacia una forma de pensar que va a ser valiosa para ellos cuando se integren a la economía y eso, y sólo eso, es la justificación de poner impuestos para conseguir fondos para la ciencia”.

Sobre la educación
“La forma en la que me gusta atacar la pregunta de la educación es así, pregunta de regreso: ¿qué es lo que quieren los padres que se les enseñe a sus hijos? Lo que quieren es que sean felices, que aprendan un poco de todo, los conocimientos básicos que les permiten aprender el resto por sí solos. No quieren que se les meta el conocimiento a fuerzas y por las orejas.

En el caso de mis hijos, yo no quería que les metieran conocimiento tecnológico o científico por las orejas, sino que pudieran tomar decisiones sobre lo que es importante desde lo más temprano posible. (…)

¿Qué hacer para mejorar la educación? Lograr que los padres estén contentos, lo demás no importa. Tengo dos hijos, el grande es muy intelectual y le gustan las computadoras, él me preocupaba un poco. A mi otro hijo le gustan los carros y las mujeres, entonces, creo que está bien, le va a ir perfecto.

Al que le interesaban las computadoras, nunca hacía su tarea y pensé que nunca entraría a una universidad buena. Al final, le fue bien en la universidad local. Su pasatiempo era programar juegos de computadora e hizo un modelo de un templo budista en Corea llamado Bulguksa. Él nunca había estado ahí, y le salió perfecto. Lo que pasó es que el que lo contrató vio su modelo en internet y le llamó y le dio un trabajo en ese mismo instante. La economía requiere de personas con conocimientos básicos que pueden aprender cosas nuevas cuando se les requiere”.

Ideas propias
“Todos somos creativos, lo que debes hacer (como profesor) es no destruirlo. Con mis estudiantes yo sólo investigo qué ideas tienen y luego les ayudo a desarrollarlas. Al principio siempre trabajan en mis ideas y al final, en las de ellos.

Lo interesante es que no todos están a gusto con esto. Muchas veces te encuentras que para el momento en el que los estudiantes llegan al posgrado ya los han arruinado. Hay muchas personas que no se sienten cómodas trabajando con sus ideas y no quieren tener ideas propias, sino llevar una vida siguiendo las ideas de alguien más, no tomar un riesgo sino sentirse confiadas. Normalmente, estas personas no trabajan conmigo, aunque haya muchas en el sistema educativo. (…)

Todo es ideológico. A mis estudiantes los entreno para ser personas individualistas, la mayoría ahora son los que llevan el mando de empresas, por lo que muchos me dicen que entre ellos bromean que yo no entreno científicos sino ceo. (…) Nunca me imaginé que estaba entrenando ceo, yo les decía una y otra vez: ‘no están estudiando un posgrado en ciencias para ser trabajadores, lo hacen para tener una oportunidad de crear algo nuevo, y si fallan, como puede suceder, salgan al mundo a ganar una cantidad enorme de dinero’. Eso es lo que yo quería que hicieran: arriesgar, arriesgar, arriesgar, y si no funciona, entonces, salgan a ganar dinero.

Ahora, de mis estudiantes, dos están en Wall Street, uno es ceo de una empresa de biotecnología, y otro vicepresidente de una empresa global”.

La vida después del nobel
El Premio Nobel es una oportunidad y es maravilloso, pero es como los 15 minutos de fama de Andy Warhol. Descubrí tarde que tengo habilidades para escribir y lo pude casar con el premio y convertirlo en un producto que nadie más ofrece. Para conseguir dinero del gobierno el Premio Nobel no sirve, porque todo mundo es igual, pero para hablar con el público, sí. Decidí desarrollar una segunda carrera en la escritura. (…)

El manejo de mi tiempo no cambió con el Nobel, lo que demuestra que estaba haciendo mi trabajo bien antes del premio. Sí cambiaron mis prioridades, ahora estoy escribiendo libros que antes no hubiera escrito. ¿Por qué? Pues porque los otros académicos no les gusta, para ellos hablar con el público de esta forma no es serio. Los astrónomos odiaban a Carl Sagan, quien fue muy famoso y les hizo un gran favor explicando en palabras sencillas qué es lo que hacían, pero lo consideraban un traidor.

Ése es el precio que hay que pagar y antes era más difícil para mí hacerlo, mientras esperaba el premio, que ahora. (...)

Lo que me separa de las personas inteligentes promedio es que a mí me pagan por sentarme a pensar, cuando la mayoría no puede darse ese lujo. Y, de cierta manera, yo tampoco; realmente no debería sentarme a pensar tanto. Sin embargo, todo lo delicioso del conocimiento lo convierto en algo que otras personas pueden utilizar. Ésa es una de las razones por las que estoy encaminándome a la escritura. Básicamente, no creo en el arte que las personas no compran”.

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