Los retos de la banca mexicana

Después del auge del crédito, la banca sufrirá por la desaceleración en EU y el contagio a Méxi primera parte del Informe de Bancos 2008 de Expansión.
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Ulises Hernández y Gonzalo Aránguiz

Durante los últimos cinco años, la banca mexicana vivió una larga fiesta. Todas las instituciones, desde los grandes bancos vinculados con grupos extranjeros hasta los nuevos intermediarios financieros pertenecientes a cadenas comerciales, gozaron a plenitud la expansión del crédito.

Ixe, que surgió como un banco de nicho enfocado en clientes de altos ingresos, emprendió un ambicioso plan para llegar a 60 sucursales en 2007. Lanzó también los primeros créditos en el país para financiar cirugías estéticas, dirigidos a sus clientes de los segmentos socioeconómicos A y B.

Banamex, subsidiaria de Citigroup, envió a brigadas de promotores a las estaciones del metro del DF para colocar su línea de tarjetas de crédito deportivas, dirigidas a los aficionados de los nueve equipos de futbol más populares. Con una identificación y un ingreso mínimo de 4,000 pesos mensuales, cualquier aficionado a las Águilas del América o a las Chivas del Guadalajara, de 18 a 69 años de edad, era sujeto de crédito. 

Y Banco Azteca, empresa hermana de la cadena de tiendas Elektra, lanzó Credi Max, una línea de productos de crédito dirigida a los segmentos D y E. Azteca creó planes de crédito para adquirir desde bicicletas y televisores hasta pisos y tinacos; también lanzó créditos personales hasta por 30,000 pesos para financiar la compra de útiles escolares, las composturas del coche y hasta las vacaciones.

Sin embargo, hoy todo indica que la euforia del crédito está por terminar, o por lo menos bajará de intensidad sensiblemente, ante el clima de recesión en Estados Unidos y el esperado contagio hacia la economía mexicana. Se prevé que los bancos empezarán a moderar el otorgamiento de créditos, principalmente en la categoría de consumo. De la misma manera, se espera un aumento en los niveles actuales de cartera vencida del sistema que, si bien son manejables y están cubiertos por reservas, deberán ser monitoreados regularmente.

De hecho, el crecimiento de la cartera de crédito de la banca mexicana perdió ya fuerza el año pasado y aunque los analistas del sector estiman que en 2008 ésta seguirá creciendo, ya no será a tasas superiores a 20% anualmente, como las que registró en los años recientes.   

“Creemos que el crecimiento de la cartera va a seguir este año, sin embargo, se va a tornar un poco más moderado. Los bancos han metido un poquito de freno en el otorgamiento de tarjetas de crédito, de créditos automotrices y para adquirir bienes duraderos”, comenta Eduardo Uribe, director de Calificaciones de Instituciones Financieras de Standard & Poor’s México.

“Creemos que puede ser un crecimiento todavía arriba de 10% pero ya no va a ser el mismo que veíamos arriba de 20% que registraba hace dos o tres años”, añade.

David Olivares, director de Instituciones Financieras de Moody’s de México, explica que la banca mexicana tiene una gran fortaleza financiera debido a su capacidad para generar ingresos: sus activos son de calidad, los índices de morosidad son bajos y cuenta con reservas suficientes para enfrentar contingencias.

Esto le permitirá mantener sus planes de expansión en los próximos años, pero “quizá sí veamos una desaceleración en el crédito y en la infraestructura bancaria”, admite Olivares.

Aunque la banca es sólida y se encuentra bien posicionada, el cambio de condiciones en el entorno económico internacional y nacional plantea una serie de retos para las instituciones financieras.

Tras la bonanza crediticia de los últimos años, que llevó a la banca a otorgar un total de 18 millones de tarjetas de crédito, el sector enfrenta el reto de cómo administrar este proceso de expansión.

El crecimiento de la cartera de crédito provocó un aumento natural de la cartera vencida, por lo que los bancos deberán estar atentos al deterioro de sus activos. Además, tendrán que esforzarse por mantener una operación eficiente, luego de los fuertes gastos en que incurrieron para abrir nuevas sucursales y contratar personal, como parte de la expansión del crédito.


“El reto es administrar el crecimiento porque hay deterioro de activos y hay mayores gastos”, apunta David Olivares, de Moody’s.

En el último lustro, la banca mostró una vigorosa expansión del crédito, propiciada por el clima de estabilidad macroeconómica: disciplina fiscal, tasas de interés relativamente bajas, inflación controlada y tipo de cambio estable.

Las condiciones favorecieron ampliamente la actividad crediticia, tanto por el lado de los bancos como de los tomadores de crédito. La cartera total de la banca registraba tasas de crecimiento anual del orden de 25%, con incrementos de entre 30 y 40% en la categoría de crédito al consumo.

El auge crediticio ayudó a la banca a fortalecerse: a mantener un flujo importante de ingresos y aumentar su capitalización. Sin embargo, a mediados del año pasado, a raíz de la crisis en el mercado estadounidense de hipotecas de alto riesgo y la consecuente contracción crediticia, el entorno económico cambió.

Estados Unidos entró en curso de recesión y los analistas empezaron a evaluar los posibles efectos del contagio en la economía mexicana. La confianza de los consumidores y las empresas empezó a decaer, lo cual se reflejó en el comportamiento de la cartera de crédito, que tuvo una desaceleración.

“En la cartera de consumo, la banca venía de crecimientos de 40% en los últimos tres años y bajó a más o menos 20% en 2007. Esperamos todavía un crecimiento de doble dígito, pero más entre 10 y 15%”, indica Leonardo Bravo, analista de instituciones financieras de Standard & Poor’s.

Paralelamente, algunos bancos empezaron a notar que en los préstamos otorgados a los segmentos D y E –de mayor riesgo– comenzó a repuntar la cartera vencida.

El índice promedio de cartera vencida del sistema es bajo, de apenas 2.5% de la cartera total, según datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) al tercer trimestre de 2007, aunque en algunas instituciones, como Banco Azteca, el indicador se disparó por arriba de 12%.

Asimismo, en términos nominales, la cartera vencida ha crecido más de 60% en el último año y en algunos rubros específicos ha aumentado casi 100%.

“Esperamos que, a finales de 2008, la cartera vencida se ubique en niveles de entre 3 y 3.5%, lo cual todavía es manejable y es comparable con instituciones internacionales”, apunta Bravo, de Standard & Poor’s.

La situación no es preocupante toda vez que los bancos mexicanos están fortalecidos: se encuentran bien capitalizados y cuentan con reservas suficientes. Los bancos grandes tienen la política de mantener reservas por arriba de 100% de sus créditos vencidos.

“No nos preocupa por dos motivos: primero, los saldos absolutos todavía son manejables, es decir, los índices de morosidad dentro de cada cartera son pequeños, y segundo, la banca tiene la fortaleza de generar ingresos que le permiten absorber pérdidas potenciales en estas carteras”, afirma David Olivares, de Moody’s.

No obstante, los analistas de ambas calificadoras advierten que la banca enfrenta el reto de permanecer alerta, monitorear el comportamiento de la cartera vencida y actuar en caso necesario.


Si bien Standard & Poor’s no vislumbra problemas en el manejo de la cartera vencida, sí prevé que haya un aumento en los llamados ‘castigos’, práctica que realizan los bancos para cubrir los créditos considerados incobrables, es decir, aquellos vencidos por más de 180 días.

A septiembre del año pasado, el monto de la  cartera vencida bruta ascendió a casi 40,000 millones de pesos, apuntan datos de la CNBV. Más de 60% (unos 25,000 millones de pesos) correspondió a créditos de consumo, de los cuales la mayoría pertenecía al segmento de tarjetas de crédito.

En caso de requerirlo, la banca podría fortalecer su base de capitalización. El crecimiento de la cartera (que se prevé continúe en 2008 aunque de manera menos vigorosa) seguirá consumiendo capital. Ante ello, los intermediarios tienen opciones como recurrir a la recapitalización de utilidades o emitir deuda.

Como resultado de la expansión del crédito de los últimos años, los bancos incurrieron en fuertes gastos de promoción, para financiar la apertura de nuevas sucursales y contratar personal. Naturalmente, el mayor gasto afectó los índices de eficiencia.

Ahora, el reto para las instituciones financieras es mantener la eficiencia operativa de aquí en adelante, es decir, que los gastos operativos no mermen el flujo de ingresos. “La eficiencia operativa de la banca ha mejorado en forma importante, pero vemos instituciones a las que el índice de eficiencia les está pegando relativamente duro y les está afectando la parte de rentabilidad. Pensamos que eso va a seguir en 2008, debido a que las sucursales que abrieron entre 2006 y 2007 todavía no son rentables”, comenta Bravo, de Standard & Poor’s.

El tiempo estimado para que una sucursal empiece a generar rentabilidad es de dos años.

De acuerdo con Moody’s, en los últimos cinco años los índices de eficiencia operativa de la banca mejoraron bastante pues bajaron a niveles de 50% (la banca destinaba 5 de cada 10 pesos que percibía de ingresos en gastos de operación). Pero, en 2007, el indicador volvió a repuntar.

En 2002, la banca tenía índices de eficiencia de 80%, después lo bajó a 50% y ahora está en 55%. Algunos expertos estiman que cuando se conozcan los resultados del cierre de 2007, el indicador andará en 57%. 

Quizá la euforia del crédito terminó, pero los analistas se mantienen optimistas y confían en que los bancos mexicanos podrán sortear los retos de 2008.

“Nuestra conclusión, después de hacer el análisis de lo que vimos en el último año y lo que esperamos que se mantenga para 2008, es que la banca mantiene una posición financiera sana y el riesgo está acotado. Ésa es nuestra visión general”, concluye David Olivares, de Moody’s.


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